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El magno trascoro de la catedral palentina. Una de las puertas de Aguilar de Campoo y puente sobre el Pisuerga. Antiquísimo, célebre y rico fue este monasterio, según quieren y dicen la tradición y la Historia. A la altura de su fama correspondía entonces- -se comenzaba una restauración y posteriormente se cedió a la Orden del Císter y se constituyó un patronato, como análogamente se realizó en otros cenobios históricos y hermosos y ent e ellos con la primera cartuja que hubo en España: el monasterio de El Paular, en la Sierra de Guadarrama, que se entregó a la Crden Benedictina. Pero hace años que no hemos vuelto ni a Aguilar de Campoo, ni al Paular- -la magnitud en sus ruinas. Victima del tiempo y de los hombres, aumentó sus males un absurdo litigio- -como decía el señor Lampérez- -entre dos centros burocráticos que se disputaban la propiedad. A los comienzos del siglo IX, nada menos, se remontan las memorias de la existencia de un monasterio de canónigos regulares en aquel lugar. A fines del siglo XI la casa prosperaba y era rica, y no mucho después los premostratenses la ocuparon, con autorización del obispo de Burgos, pero con protestas de sus ocupantes, que litigaron tenazmente hasta llegar a una transacción, por el año 1162, según consta en la bula del cardenal Jacinto. Quedaron los hijos de San Norberto en posesión del monasterio y con la protección de Alfon- so Vm, que fue poderosísimo y dominó en otros muchos, prosperó. Después... ¿para qué repetir la historia eterna de estas casas? Quedaban- -cuando fuimos con el señor Lampérez- -del monasterio hermosísimo de Aguilar de Campoo solamente la iglesia, el claustro y la sala capitular, todo en espantosas ruinas, como aparece en algunas de nuestras fotografías, las pocas que nos dejaron en 1938. Lo demás, lo poco que quedaba, era insignificante. ice el señor Assas, único historiador arqueólogo que creemos del monasterio aguilarense, jue el claustro bajo, muy bello, fue edificado en tiempos anteriores a la ocupación premostratense, siendo abad Lecininio, a fines del XI o muy comienzos del XU, y que hacia el 1209 se hizo la sala capitular. Asombro y dolor nos causó este (monasterio, lo mismo, cierto, que otros muchos de España que visitamos llevados de nuestro vicio más que afición, a la fotografía. Creemos se reconstruyó bastante, por lo que nos abstenemos de decir más de cómo aquello estaba. Cierto que, según se nos dice, el monumental poblado de Aguilar de Campoo no es sombra de lo que conocimos y de lo que vimos la última vez que allí estuvimos, por el año 1925 ó 26, y siempre deseamos volver. Siguiendo la carretera de Falencia a Santander, ya en tierras de la Montaña, a ia vista de las Campurrianas y de la barrera de la Sierra Palombera, encuéntrase este monumento excelso, maravilloso, citado ya en el Fuero de Cervatos el monasterio de San Pedro y San Pablo (999) enriquecido por donaciones de Alfonso VII en i 149 y subsistente todavía al comenzar el siglo XV. Cuando allí estuvimos, hace muchos lustros, no existía más que el templo, cuya fscha consta en una epigrafía de la portada, bajo la impasta del lado derecho. Allí pasamos varias horas con don Vicente Lampérez, y volvimos varias veces a esa colegiata de Cervatos, románica, muy estudiada y conocida y que, en unión de las ya citadas joyas de tierras de Reinosa y Campoo, Retortillo, Bolmir, Villacantid, Fontibre y no lejos Elincs, dan materia más que sobrada al aficionado a los monumentos románicos para hacerles enésimas visitas, como a tantos otros de la montaña de Santander, bellísimos, admirables y que jamás cansa su admiración y contemplación, cual sucede con Silio, Coicillos, Castañeda, Santillana del Mar. San Vicente de la Barquera, Bareyo... ¡7 qué decir de los colosales templos románicos y anteriores de esa Liébana bellísima, con Santa María de Lebeña, Santo Toribio de