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EDITADO SOCIEDAD M A D POR P R E N S A ESPAÑOLA, ANÓNIMA R I D FUNDADO E i 190 B POR DON TORCUATO LUCA DE TENA l ABC disputas vanas que para nada sirven si no es para perdición de los oyentes. Mira bien cómo presentarte ante Dios... Evita las profanas y vanas parlerías, que fácilmente llevan a la impiedad, y su palabra cunde como gangrena... Huye de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con todos los que invocan al Señor con puro corazón. ¡Asombroso San Pablo! ¡Qué claridad y qué acento tienen sus palabras y cómo confortan! Pero que siga él hablando a los hombres destemplados de hoy: Has de saber- -le advierte a Timoteo- -que en los últimos días sobrevendrán tiempos difíciles, porque habrá hombres egoístas, avaros, altivos, orgullosos, maldicientes, rebeldes a los padres, ingratos, impíos, desnaturalizados, desleales, calumniadores, disolutos, inhumanos, enemigos de todo lo bueno, traidores, protervos, hinchados, amadores de los placeres más que de Dios, que con una apariencia de piedad están lejos de ella... Guárdate de esos. La lección no puede ser más actual. A los que ahora marcan una temperatura bajo cero en la fe habría que decirles: Volved a los ojos a Pablo, el fulgurante, a Agustín, el alma en combustión, a Teresa de Jesús, la de las seguridades reformadas; a Juan de la Cruz, el que lo alcanzó todo porque se desasió de todo. REDACCIÓN, ADMINISTRACIÓN Y TALLERES- SERRANO, 61- MADRID VOZ DE ALERTA ELEO, por centésima vez, esa maravillosa y conmovedora Epístola segunda de San Pablo a Timoteo su discípulo amado, verdadero hijo en la fe Es la postrera de las llamadas Epístolas del cautiverio tan comunicativas y tan bellas, transidas de un calor humano más penetrante, si cabe, que el de las grandes epístolas dogmáticas, como si la madurez de los años y las penalidades de la prisión y de las fatigas apostólicas le hubieran macerado y ungido de cierta ternura y melancolía al apasionado conquistador de Cristo. Con leves variantes circunstanciales podríase decir que es una epístola escrita para los hombres de hoy, sobre todo para aquellos que deben sentir más apremiante y dramáticamente la responsabilidad de Cristo. En este sentido la Epístola a Timoteo es de una actualidad vivísima. Es una epístola testamentaria, que tiene la emoción de la despedida, que es cuando las palabras suenan más a verdad y la voz se quiebra de humildad y de pena. Porque yo ya estoy- -le dice- -para ser ofrecido, y el momento de mi partida está cercano. He combatido el buen combate, he acabado la carrera, he conservado la fe en el corazón. Pablo da la voz de alerta en un momento de confusión, de disputas vanas, de osadías interpretativas y desvíos del Evangelio, que también conoció la Iglesia naciente, recién salida del costado de Cristo. ¡Lo mismo que ahora, Señor! También entonces había voces disidentes, innovadores audaces, discípulos contestatarios ¡qué a t r o z palabra heterodoxa! teólogos de la indisciplina que no tenían ni el estilo ni la temperatura de Cristo, pero que se erigían en maestros y pedagogos, gárrulos y simuladores que ya hablaban de un Dios muerto y alteraban la palabra de Cristo y el sentido sacramental de la Eucaristía santa. Pablo, el adelantado de Cristo, el de la gran apertura del Evangelio hacia la gentilidad, el de la voz apremiante, se percata al cabo de sus días trabajados que la cizaña de la discordia, de la polémica estéril, del escándalo y de la vocinglería verbal y sofística había invadido, en parte, las comunidades cristianas con detrimento para los débiles en la fe. En medio de tantas desidencias y confusiones, le dice a Timoteo, como nos diría a nosotros ahora, concretamente: No te avergüences jamás del testimonio de nuestro Señor, y de mí, prisionero; antes soporta con fortaleza los trabajos por la causa del Evangelio. Claro es que este testimonio de que habla el Apóstol es distinto del testimonio tópico y vacío del que hablan los partidarios de un cristianismo alborotado y socialero del peor estilo. Tú has de enseñar a Cristos- sigue el Apóstol- -protestando ante Dios no ocuparte en R H Uno de los pasajes de Automoribundia es aquel donde el escritor se despide del torreón de la calle de Veiázquez por trasladarse a un piso de la de ViUanueva. Me hizo Ramón el honor de designarme para que epilogara ese hundimiento y el capítulo t X V I I I está escrito y firmado por mí. Pese a ser tan revolucionario en la prosa y tan adelantado en la imaginación, no quería confundirse con los iconoclastas de todo al despedirse de su torreón: Al vernos destorreonados- -decía- no debemos caer al lado de los arrasadores. ¡Perdámoslo todo, menos el instinto de conservación espiritual, que de- be estar por encima del de conservación material! Nunca supimos del todo por qué quitó su torreón, pero en él quedaba, aunque se llevase sus objetos, toda una época de su vida y su celibato literario. Pombo y el torreón hubieran sido buenos puntales de un museo. Mi primera visita al nuevo domicilio de ViUanueva fue para hablar del torreón. Instalaba entonces su colección de espejos rodeado por todo lo transportable y Úrico de la anterior mansión. Doy el piano, me los recortan y, luego, me los biselan. El sol de la tarde ataca los biseles y toda la habitación se llena reflejos. ¡Monedas últimas de color que me envía el sol! P. Félix GARCÍA Durante los catorce años que Ramón vivió en el torreón de Veiázquez había escrito muchas obras e innumerables artículos. Recuerdo que para darle ánimos le dije que su nueva casa ya se iba pareciendo al torreón. -Sí, pero faltan aquellas puertecitas que daban al camarín de las cosas soACE unos días, alguien aludió a ia brantes... suerte del torreón que en la calle Como niño caprichoso, recordaba aquede Veiázquez tuvo Ramón Gómez llas puertecitas que le llevaban a un de la Serna. Creo que Automoribundia islote de soledad sobre los tejados del es el libro más patético y original del barrio de Salamanca. Ordenando sus boescritor. No hay una biografía más sin- las de cristal- -esas por las que ahora se cera, más humana, que tenga más ribe- papa tanto dinero- -volvía a consolarse tes de locura; esa locura que sólo puede pensando que ViUanueva podía funcionar como Veiázquez en vecindad lunásalir de la grande y austera verdad. tica y hasta respirando el mismo aire v el aroma de los árboles que se fueron. Una vez dado el paso, se reafirmaba en su decisión: -Existe en la gente un deseo de ver sumergirse a los demás, de venirnos a ver a nuestro sarcófago de ayunadores. ¿Mi ideal? Trabajar hasta las cinco de la mañana aquí como allí, inventando el presente, coordinando, tanteando... ¡Esto puede ser también un laboratorio para Serrano, 34 linear lo inaudito, lo que está detrás de José Antonio, 33 lo aparente! Fnencarral. 10 Pero no se le quitó del todo la añoGoya, 89, y ranza de su estudio velazqueño y, anBravo Morillo, 113 dando el tiempo, escribiría: Torres más altas han caído, sí; ya lo sé. ¡Pero esa torre érala mía! TORREONES 3 GELTRA Antonio DE OBREGON