Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC. MARTES 2 DE SEPTIEMBRE- DE 1 SS 9. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG, 59. CORRIDA EN MADRID EL INDIO, XA Plaza de Toros de Madrid. Un novillo de Sotillo Gutiérrez vara el rejoneador don Antonio Vargas y seis toros de la misma ganadería vosa José Julio, Víctor Manuel Martin y Florencio Casado El Hencho Llueve menudiñq a las cuatro y media de la tarde del último domingo de agosto, admirablemente disfrazado ds un día invernal. La lluvia cae menuda y un aire desapacible esparce sus gotas. A las puertas de la plaza de toros de las Ventas van llegando autocares repletos de turistas. Hasta cincuenta y dos he contado. Ds uno tíe ellos desciende una familia india, el padre, la madre, un hiño, una niña y una w El Hencho pasea su oreja, por el ruedo... ¡iQuf frío hace y llueve, llueve! cuna de esas portátiles que ahora se estilan a falta de ama de cría o seca y de niñeras. Esta cuna, bien arropada, cubierta con una capota, transporta a un indio de seis meses. Sólo es visible su cabecita de fino color cobrizo, en la qus resalten como dos chispas de intensa luminosidad, dos chispas que iluminaban la lobreguez producida por la capota. Dos asas laterales tiene la cuna. A ellas se asieron las manos de los padres de la criatura y escoltados por el niño y de la niña entraron en la plaza. ¡Intrépida familia si las hay en la India! ¡Emprenderla desde el quinto pino para hacer turismo cargados con una cuna y un par de crios que hay que llevar a remolque, catedral por catedral, museo por museo, sin perder rincón pintoresco ni fiesta típica! Y a los toros llevaron al indio de seis meses. Se acomodaron primero en un tendido. Colocaron la voluminosa cuna entre el padre y la madre. Lo menos ocupaba dos asientos. ¿Cómo la dejaron entrar? Quizá porque había poca gente. El paseíllo se hace sin música y destocadas las. cuadrillas en memoria de Francisco Pita, el banderillero muerto a consecuencia de u n a cornada. La lluvia menudiña. el cielo gris oscuro y negro, concedió al patético recordatorio más intensa tristeza. Todo estaba apagado, cielo, tierra, colores. Los turistas se preguntarían. ¿Y esto es una fiesta? En verdad que era necesario mucho optimismo para figurárselo. Para acabar de entenebrecer el ambiente salió un toro negro, negrísimo, como ia pena más grande. ¿Qué hizo este toro? Poco podía hacer, porgue tenía poca fuer- za. José Julio lo banderillea vulgarmente. Rl toro le cuesta trabajo moverse y José Julio no siente grandes deseos de que se mueva. Arrecia un poco la lluvia. La familia india se levanta. Arrarnplan con la cuna y saíen del tendido. Determinación muy cuerda. Con el cuarto de hora de corrida que había visto el hindú de seis meses tenia bastante para darse cuenta de lo que es la fiesta de los toros, pero cuál seria mi sorpresa cuando les veo aparecer en la grada donde estoy refugiado. A mi íado colocan la cuna. Lo agradezco en el alma, nanea he tenido un vecino de localidad más agradable. El pegueñín estaba despierto. Las chispas tíe sus ojuelos me miraban rauy fijas. Be pronto se sonreía con ía más deliciosa de las sonrisas. La primera se dibuja cuando Josa Julio, que apenas si toreó tíe muleta, después: de un pinchazo, con otro descorda al toro. Realmente fue una suerte para José Julio, para el toro y para los espectadores. La sonrisa del infante hindú delataba que era un buen aficionado. El segundo también es tardo en embestir. Víctor Manuel Martín pretende eonveneerle de lo bonitos que son los dos pases. El indio en su cuna ss sonreía. Me miraban las chispas de sus ojos como preguntándome. ¿Por qué se empeña el torero en lo evidentemente imposible; no sabe hacer otra cosa? ¿Cómo explicarle a aquel pequeñín venido del quinto pino de la iridia fabulosa que hoy los toreros sólo saben los dos pases y que el toro que los quiera los toma y el que no que los deje? Seis veces entra a pinchar Martín y hasta el noveno golpe de descabello no acierta. El indio se durmió. ¡Oh, indio de la India remota, que ves los toros desde una cuna, si es Bttda tu dios, que Buda te conserve de por vida ia felicidad que ahora disfrutas. El tercero a peco Se salir le pega un buen susto a El Hencho achuchándole y atrepellándole peligrosamente. Fue un mal modo pasajero, porque el toro en la muleta resulta bondadoso y noble y obedece sumiso ei giro de los pases de El Hencho que fueron voluntariosos y algunos aceptables. Entra a matar con arrestos y cobra una estocada sin puntilla. Los orejófilos entran en acción y se salen con la suya. El indio se despierta y ve al torero pasear la oreja. Me mira. Se sonríe. El rejoneador, Antonio Ignacio Vargas, clava sus chirimbolos con varia fortuna y pie a tierra mata de un pinchazo, tres estocadas y descabello. El indio ha vuelto a dormirse. Decididamente, una cuna es el sitio ideal para ver toros. En el cuarto sigue la lluvia menudiña. La tristeza es más densa, porque se ha unido al tedio. José Julio apenas intenta torear de muleta, pero, eso sí, intenta ocho veces matar al toro, que no se muere hasta que suena el segundo aviso. Súbitamente percibimos des claritas en el cielo de la corrida triste, tediosa y nubosa. El quinto se arranca con ímpetu y poderío y derriba con fiereza en la primera vara y, a la segunda, por un casual, un peón lo deja lejos del caballo y el toro, tras de contemplarlo muy serio, emprende un alegre, bello y arrogante galope que termina en el peto, al que empuja con codicia. ¡Qué encanto le indio de seis meses! El pesjueñín, ine en toda la corrida se había movido, saca sus manitas como dos arabascos de cobre y las agita con alborozo en el aire, como si me dijera: ¡Hombre, ya puedo volverme a la India tranquilo! Por lo menos he visto algo que se parece a lo que yo me figuraba que era la fiesta ríe los toros. Martín se beneficia poco de la bondad de las embestidas del bravo toro y lo mata de cinco pinchazos y descabello al tercer golpe. También el sexto es bonancible y al El quinto toro se arranca casi desde, los medios, acudiendo a la Harreada del viquero. ¡El momento es hermoso vara un aficionado! que tampoco aprovecha El Hencho que torea con mecanismo y mata de una estocada. Me despedí con pena del pequeñín de la cuna. ¡Adiós, indio que has visto una corrida entre sonrisas y sueños, que has visto una corrida como habría que verlas todas, tumbado a la bartola en mullido lecho, sonriendo a un cielo hosco y manifestando tu opinión, durmiéndote cuando había que dormirse! Y por si esto fuera poco, ¡oh, indip de las Indias maravillosas! haces turismo de miles y miles de kilómetros en tu cuna bamboleante, una sonrisa aquí, un sueño allá. ¡Así cualquiera es turista! ¡Indio privilegiado y asombroso! ¡Adiós, adiós! -Antonio DIAZ- CAÑABATE. En otras plazas TOROS MANSOS, EN BARCELONA Barcelona 31. Un novillo de Guardiola y seis toros de María Lourdes Martín de Pérez Tabernero. Actuó en primer lugar el rejoneador Peralta, que toreó a caballo un bravo novillo, al que puso rejones, banderillas a una y dos manos y rejones de muerte, doblando el astado. Fue muy aplaudido, saliendo al tercio a saludar. Los toros de lidia ordinaria fueron de buena presencia, mansurrones y quedados, aunque no ofrecieron dificultades. El quinto fue devuelto a los corrales por manso, siendo sustituido por otro manso de la misma ganadería. Miguelín saludó a su primero con un %l arga cambiada tíe rodillas y unas verónicas, siendo ovacionado, al igual que en para obra urbana en Madrid precisa Empresa Constructora de ámbito nacional. Rigurosa prueba a pie de obra Envíen curriculum vitae y pretensiones al Apartado de Correos 13.205- MADRID ENGALGADO ABSTENERSE MEDIANÍAS