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Plaza de Toros de Andalucía La Nueva COSO TAURINO L AS costas españolas, como los huracanes del Caribe, llevan nombres propios. La Costa Brava, la Cosía del Sol, la Costa Blanca. Málaga, una vez más, se anticipó a mi modesta provincia alicantina y se apoderó del patronímico más atractivo para el turista extranjero: el sol. Tal vez por ello, su público forastero es de clase de lujo, mientras que el nuestro es del grupo da los de presupuesto limitado. No hay una cama disponible en Marbella, y para alojar el mecánico del eoehe que traje tuve que pagar, agradeciendo además el favor del acomodo, 303 pesetas per día. Aquí se comprende bien el alcance de la vieja frase Hacer su agosto creo que ideada pensando en la cosecha. Andalucía la Nueva No le va mal este nombre a esta urbanización costera, con aire cortijero, muros enjabelgados y aroma de azahar. Sus creadores coronaron su obra dotándola de una plaza (no placita) de ¿oros Lo más typical que podemos brindar a les escandinavos. El Departamento de Turismo, que cuidó de que a los hermanos separados no les faltase su meditación evangélica, como preludio del descanso, y dotó de Biblias los dormitorios de sus paradores, no podía dejar en el desamparo esta iniciativa táurófila, que puede asegurar un suplemento sustancial en el ingreso de las codiciadas divisas. Y así, con la ayuda estatal surgid la plaza, limpia, funcional, a media ladera, entre naranjos, con vista panorámica sor bre el mar, con escaleras exteriores qua dan acceso directo a las localidades altas, corredores de piso de cemento, como toda su construcción; y, sin embargo, alegre y casi jacarandosa. Hemos creado la arquitectura taurina, sin posibles competidores. Los extranjeros van aficionándose a los tores, y dirá más, van conociendo la valía de los matadores y la casta de las ganaderías. El cartel que se anuncia influye bastante en la afluencia de estos espectadores, que esta tarde representan, en la menguada concurrencia, el grupo mayoritario. La empresa no descuidó detalle para hacer la fiesta más comprensible y variado el espectáculo. Todo está caro, y los toros, aun per motivos muy especiales, no podían ser una excepción. Tendidos a 450 pesetas, y a cambio de este dispendio, que ya figuraba en la agenda de los gastos previsibles al venir a España, todo lo que el turista soñó, y aun aquello que, por excepcional, era imprevisible. Para hacerse asimilabls, el programa ya les habla de la Grand First Class Corrida y también, en inglés, les dice que los cuernos de los bichos no fueren manipulados y que éstos serán fought and killed (combatidos y muertos) por los swordmen (hombres del sable) y a continuación da los nombres de los matadoras. Van llegando los extranjeros, con el apresuramiento en ellos habitual, por su enfermiza manía de la puntualidad. Casi tanta máquina fotográfica como muchachas rubias de países norteños. Quisren, sobre todo, llevarse el recuerdo. Mostrarlo luego a sus amigos. Alardear de habar sido testigos de algo exótico. Cerno lo hacen de sus seudoconquistas los falsos tenorios. Acomodadores solícitos, en los vomitorios de aceso. deseosos de prestar ayuda, piden con políglota acento: Tickets Hay un vendedor de flores que suba y que baja por los tendidos- -faja gitanera color granate, sombrerito cordobés, pelo negro ensortijado- que va voceando: ¡Rosas y nardos, qué bien huelen! para felicitar a los toreros, ¡qué bien huelen Los no iniciados compran los minúsculos ramilletes y pagan 25 pesetas por cada uno, porque creen que son de empleo obligatorio, como las almohadillas o los programas. Si al morir el toro hay trofeos para el matador, va éste hacinando, en su vuelta al ruedo, les ramilletes, que el vendedor antes desgranó, como una reina de la belleza cualquiera, en batalla de flores valenciana. La corrida pierde entonces su carácter de fiesta brava, para tomar aire coreográfico. A