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MUSICAL DONOSTIARRA sayar y cumpliese con dignidad en el Dun Josa Seguro, preciso como actor, con una voz grata y caliente, bien podríamos pensar en que las indudables desigualdades y destemplanzas momentáneas se debieron a las circunstancias de emergencia. Salir vencedor de la prueba es, más que meritorio, ¡increíble! Carmen Bustamante, en el papel más agradecido de la obra, en el de Micaela cantó con finura, delicadeza y musicalidad, con una materia prima considerable, salvo por la opacidad en el registro bajo de la voz. El mejor elogio en honor de iAntonio Blancas, barítono lírico de vez algo abierta arriba y sin contundencia en los graves, podría ser que su Escamillo ni aun en la salida tan peligrosa del toreador fue ridículo nunca; que dijo con expresión y lució un centro muy atrayente por el color. Antón Diafcov compuso un Zúñiga lleno de intención y. puede considerarse un lujo para su papel. Cumplió Manuel Morales. María Crán- -la mejor de voz, quizá con tendencias a hacerse notar en demasía- Carmen Si- 1 novas, también de calidad; Tomás Cabrera y Kegidor cantaron, con la protagonista, un quinteto de admirable matización y ritmo. Quedan, lo sé, muchas cosas ya sin posible cabida en el comentario. Entre otras, el buen trabajo de la ¡Escolania del Sagrado Corazón. IJO dicho, con todo, creo que señala bien el rango y la calidad global de esta Carmen que, por lo que ss refiere a sus direcciones, debería recorrer el mundo cen una etiqueta que dijese, poco más o menos: ¡Así es la verdad! De momento, y puesto que hay una Carmen una protagonista con clase, ¿no seria un acierto abrirle paso en el Festival madrileño de primavera, con estos mismos directores, aunque se ampliase el número de representaciones con estas dos de tipo extraordinario? En Madrid el trabajo de Tamayo y Frühbeck sería aclamado. Lo fue, dentro de las medidas más contenidas en la dnracicn, por el público que lo aplaudió todo, pero, de manera especialísima, rindió homenaje a los dos maestros de la escena y la batura, gracias a cuyo concurso la Quincena Musical donostiarra celebró sus treinta años con memorable solemnidad Antonio FERNANDEZ- CID Ensayo general de Carmen última escena. En primer piano, de espaldas, el maestro Frühbeck dirige. es pequeña muestra de voluntad por la organización la de cerrar tres días el teatro para ensayos, ¡en pleno íes de agosto, en San Sebastián! -no era tarea fácil y fue conseguida. Se vio su mano en todos los detalles, desde el empleo ambiental de la proyección de grabados de época antes de cada jornada, sobre un transparente que al iluminarse de forma paulatina daba paso al cuadro vivo; desde el bellísimo vestuario de la protagonista, el colorido global y la composición de figuras; desde el ordenado cambio de la guardia, la salida del toreador en la taberna con cortejo de admiradores que ¡portan faroles o el baile y el bullicio previo en este acto, al dramatismo paulatino que, si en el cuadro del alijo tiene ya profundidad, alcanza su intensidad mayor en la muerte de Carmen cuando huye el testigo único, Don José llora sobre el cuerpo su desconsuelo y se confiesa culpable y ni aun los toreros, la guardia que llega cuando todo ya es inútil, se apresuran, porque él es incapaz de cuanto no sea lamentar el amor perdido. ¡Gran trabajo, sí, el de Tamayo! Si algo podría señalarse como reserva, yo no dudaría en recomendar la supresión de esos niños sentados anárquicamente en el suelo cuando salen las cuadrillas, que carecen de lógica y verosimilitud. Por lo demás, bien conocido lo que él puede hacer- -hizo- -en otras Cármenes de más holgura espectacular, sólo cabe lamentar la estrechez de la escena que limitó el relieve de lo que él lleva dentro como ideal. En lo que se refiere a los decorados de Sigfrido Burmann, siempre dignos, las preferencias marcarían el orden: segundo- -preciosa la taberna, de ambiente, sabor y buena disposición- tercero, cuarto y primero, el más pálido incluso por un telón de fondo ni muy terso ni muy sugerente. Pero, ¿no es ya increíble que podamos rendir a una dirección escénica tan extensa y elogiosa referencia, cuando se trata de un trabajo para única representación? El de Rafael Fr hbeck puede calificarse de sensacional. Como siempre hay en él una autoridad contagiosa, infalible. Manda con precisión y en Carmen lo hace con línea, con amor, naturalidad y eficacia sorprendentes. Tuvo en sus manos, sin una vacilación, a solistas y bloques y dio una versión musical intensa, caliente ¡y española! sensible y brillantísima, de una brillantez que se impone sobre todos. Con los profesores de la Orquesta ¡Nacional que atestaban el foso, hizo verdadero virtuosismo. Supo elegir la composición numérica de acuerdo con la obra- -ejemplo, el predominio de cellos- -y alcanzó matices, reguladores y planos de concierto sinfónico archipreparado. Tendrían que citarse muchas cosas: el sonido del clarinete en el preludio del segundo acto; la calidad del corno inglés, del trompa, de los trompetas internos; la densidad de la cuerda... El Orfeón Donostiarra, un punto nervioso en el comienzo, sólo tuvo una desigualdad grave de afinación en ellas en el diseño que coincide con ¡a flor lanzada por Carmen a Don José y alguna ligera de ajuste, asimismo en el primer acto. Centrado pronto, hizo maravillas de calidad, redondez, pujanza, equilibrio al cantar- ¡qué deliciosas las cigarreras, qué bello el arranque del tercer acto, qué brillantísima la salida del toreador y las intervenciones de la taberna! -y se movió como un conjunto escénico profesional, aparte de regalarnos con el atractivo de muchas caras jóvenes y bonitas de españolas ciento por ciento. Con estos conjuntos, con el excelente concurso del bailarín Paco de Alba, justamente limitado a la partitura original sin interpolaciones, la gran sorpresa de la ncche nos la deparó Ruza Baldani, como protagonista. La cantante yugoslava, muy morena, muy guapa, muy joven, muy en tipo, me pareció, sencillamente, una revelación. Carmen por fin, habemus Con una voz no muy voluminosa ni muy de mezzo pura, pero caliente, preciosa de vibración y timbre, igual, segura en todos los registros, afinadísima incluso cuando baila, hizo su papel y canto su parte íntegra, sin una vacilación. ¡Admirable! IiO es que José María Pérez Busquier, por enfermedad de Juan Oncina. pasase de la playa mediterránea en la que holgaba al escenario sin apenas poder en- Acto primero de Carmen La protagonista, con el cuerpo de guardia de cabeza.