Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
PARA CONMEMORAR LA TREINTA QUINCENA POR FIN UNA CARMEN DIRIGIDA MUSICAL Y ESCÉNICAMENTE A LA ESPAÑOLA Artífices: Rafael Frühbeck y José Tamayo, con el Orfeón Donostiarra y elementos de la Orquesta Nacional PROTAGONISTA IDEAL, LAVA RUZA BALDANI O cabía una más bella conmemoración. La Quincena Musical Donostiarra que, cerno prueba unida al bloque de Festivales de España, celebra con ésta su edición doceava, cumple con el título de origen los treinta años, guajatsmo que la convierte en adelantada pritía, en una vigilancia competente y amorosa de ese gran donostiarra y operó- filo, también inolvidable amigo, que fue Paco Perrer. Su hijo, que le heredó el nombre, el apellido, las aficiones y el empeño de sos tener en el Victoria Eugenia que rige estos ciclos, ha querido recordar la efemérides y subrayarla con algo que es ¡homenaje a sus seguidores, motivo de nuevo prestigio para la Quincena y en el fondo también lo que podríamos llamar continuidad evolutiva por los caminos del lirismo. Ha querido y logrado brindar una representación de ópera tal y como ahora se conciben por el mundo, ¡por lo que se refiere al cuidado en los conjuntos y las direcciones. Pasó la época en que dos voces buenas centraban en sí todo él atractivo y la responsabilidad. La ópera es otra cosa y de ahí lo complejo de su despliegue: es presentación, orden en el movimiento, lógica en las situaciones, luz y color en lo escénico; es conjunción musical centrada en la batuta responsable, atención a todos los detalles y períodos no sólo a la romanza puntera. Es, por ello, impracticable casi cuando los medios son cortos. Paco Ferrer puso todos los medios a su alcance... e aínda mais en algo de tal ambición y significación que uno se resiste a admitir que, incluso en nuestro ambiente pasivo, pueda quedar reducido a la representación solitaria que llena un teatro a precies altísimos y cuesta más del doble de lo que con ellos se recauda. Se trataba de brindar una Carmen que, por las direcciones musical y escénica, plantease la verdad de su linea, a la española libre de tópicos, tipismos falsos, efectos de crónica negra, pintoresquismos ridiculos, falsedades que sonrojan. Todo ello, visto, padecido con una mezcla de irritación y de estupor en ediciones muy responsables, por las figuras y los medios sin tasa. Quizá algún lector fiel a la música recuerde mis crónicas sobre producciones de Carmen contempladas en París- -la sensación de un año- Viena, Venecia y Salzburgo- -el empeño de Karaján, que reemplazó su fabuloso Boris -y para él no tengo que insistir en lo dicho. Teníamos que ampararnos en la condición de epera francesa, que olvidar su tema y nuestra condición de españoles para resistir el desaguisado. Ahora José Tamayo y Rafael Fr hbecX nos devuelvent, recrean el ideal soñado, en el color, el ritmo, la verdad. No hay aquellos increíbles despliegues de fuerzas con tricornio, ni los paseos de cuadrillas de toreros mas numerosas que ejércitos con movimientos prusianos, ni la dotación de mendigos por docenas que rodeaban la plaza... No hay cochambre, Dios sea loado, sino pueblo que Vive, bulle, tra baja; contrabandistas que corren su aventura; toreros que se dirían arrancados de aguafuertes, y un amor que conduce a la tragedia. José Tamayo tuvo que luchar con mil problemas. Primerísimo, el del espacio. El del escenario del Victoria Eugenia se utilizó con usura, al milímetro, para, de una parte, poder emplear a la centuria de veces dePCrfeón Donostiarra, y, de otra, colocar practicables y decorados de tal forma que los descansos discurriesen a ritmo normal y los cuatro actos lograsen el posible atractivo espectacular. Después, porque los cantores norteños s hallan muy lejos de ser avezados en el servicio escénico. Moverlos, situarlos con el orden que admiramos, todo ello en pocos días- -y no LA CANTANTE YUGOS- N merísima de las organizaciones festivas cultivadoras de la música de altura en nuestro país. La Quincena fue, un tiempo, caja de resonancia para el desfile de las mejores voces del- mundo en aquel momento, y las representaciones de ópera tuvieron siempre el rango que de ellas par- La muerte de Carmen culminación de la tragedia, en cuadro muy bellamente resuelto por José Tamayo. Carmen canta sus seguidillas. La prisionera terminará por envolver a Don José