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IÍEVAS HISTORIAS iE VIEJOS TIEMPOS Por FABIO TOREROS FRANCESES DECIR UN MISTERIO Recogemos la anécdota de la enciclopedia taurina publicada por Codex. El protagonista, una vez más, el El Gallo anciano ya y enfermo de muerte. Hacia el final de los años cincuenta, la llegada de la primavera se nota en las calles de Sevilla por algo mucho más expresivo que el brote de las flores o que el aroma de los azahares. La primavera ssvillana anuncia su presencia cuando por Sierpes o Tetuán, en el Britz o en Los Corales los pasos toreros y menudos de Rafael El Gallo derrochan gracia y arrancan a todos esta jubilosa exclamación: ¡Ya ha salido el maestro! Forque durante esos años Rafael se mete en casa con los primeros fríos y ya no se ve su calva, venerable y archipopular, hasta las vísperas de la Feria de Abril. Pero 1960 es año que arranca con mal pie. La primavera, lluviosa y fría, está en el calendario, pero no en las calles. El Gallo va muriéndose poco a poco, con su callada sencillez. Se corre la noticia de que ahora no son las manías, sino la salud en quebranto, lo que retiene en su hogar al gran Rafael. Y allá van sus amigos a visitarlo. Uno de ellos, acaso para distraerlo, acaso para pulsar su lucidez, le hace esta intencionada pregunta: -Maestro, ¿cuándo diría usted que un torero es artista y torea con arte? Y al Gallo -muy enfermo, casi moribundo- -le brota, rápida y espontánea, la contestación: -Cuando tiene un misterio que decir y lo dice. Bella definición que incluye ese diálogo misterioso entre toro y torero, en el que el torero siempre debe tener algo que decir, algo que manifestar a los espectadores e, incluso, a sí mismo. GOYA Y LOS TOROS Paulino Posada, en un breve artículo, ha esbozado la afición taurina de Francisco de Goya. Recogemos sus palabras. La inclinación de Goya por el mundo de las toros no se plasmó sólo en los grabados de La Tauromaquia Se conocen una serie de telas en las que pinta varias suertes del toreo, y sus retratos de diestros- -José Romero, Costillares -amigos suyos, son famosos dentro de la innúmera iconografía goyesca. Pero todos estos cuadros, a pesar de llevar el toque del maestro y su gracia, son inferiores a la calidad excepcional que Goya alcanzó en el grabado. Aldous Huxley dice en un ensayo que si tuviera que elegir sólo unos cuantos ejemplos de la más alta maestría artística lograda por el genio humano, no dudaría en presentar los grabados de Goya, sobre todo los postreros burilados en el exilio y que forman la segunda tauromaquia goyesca. Nunca la inteligencia del hombre se enseñoreó más plenamente de la línea y de la forma. Nadie ha recreado con más displicente perfección un mundo lleno de vibración y fuerza, movimiento y composición de masas, como el que nos revela La Tauromaquia Goya tenía los toros en la cabeza; había toreado y había contemplado numerosas corridas. Podía reinventar un toro par coeur de corazán, que es donde está la raíz de todas las cosas. Ciertamente, el pintor de Fuendetodos sentía la fiesta de los toros en lo más íntimo y recóndito de su corazón, con un apasionamiento que podría juzgarse, incluso, morboso. Y esa misma pasión es la que pone en sus cuadros o en sus grabados.