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A LAS 5 Dfr LA TARDE LA FIESTA NACIONAL, HOY COLOQUIO DE TOROS ¿Tendrán hormiguillo? -Lo que sé es que se están poniendo hormigones, con la punta roma, como los novillos de desecho, y luego va a ser un lio con eso del afeitao porque parece mismamente que están afeitados. -Los toros siempre se han rozado con las paredes y con los cajones, y algo se liman, y se despuntan, y se astillan. -Pero no tanto como ahora, y con este runrún del afeitao no vamos a hacer creer a la gente que los toros se afeitan solos. Hasta aquí el imaginario diálogo, que bien puede producirse una y muchas veces en cualquiera de nuestras dehesas. Tiene razón el vaquero. Va a parecer lo que no es. Va a parecer que están afeitados y no lo están. Pero, ¿por qué actúan los toros de esa forma tan extraña? Seguramente se habrán dado cuenta de que ser astifinos constituye para ellos una desgracia, una anormalidad que el hombre corrige por bárbaro procedimiento. Señala Corrochano que después de una de las frecuentes visitas de toreros, apoderados. o empresarios, el toro al que miran y remiran los cuernos, más tarde o más temprano, va al mueco que es el potro de tortura de las reses bravas. El instinto sutil de los toros, en el que reflejan su inteligencia, les advierte de tos peligros que corren, hace que se pongan en guardia y aun que C ON este mismo título puede leerse un capítulo breve del libro Teoría de las corridas de toros de Gregorio Corrochano. Tan provechosa me parece su lectura que no resisto a la tentación de reproducirlo aqui- parcialmente, eñ beneficio de su difusión. Imagina Corrochano un diálogo que, por desgracia, se repite con frecuencia en la realidad. Los toros se muestran inquietos en el campo donde pacen. Van y vienen; se reúnen y se separan. Los vaqueros comunican su extrañeza al ganadero. Le hablan de los anómalos movimientos de los toros. -Se acercan a un árbol y empiezan a rayar la corteza con los pitones, como esos que escriben su nombre en los troncos de Jos árboles. -Será que se rasquen; siempre se han rascado los toros. -No, mi amo; no se rascan. No restriegan el cuello, que es lo que más se rascan los toros, ni otra parte de la piel: esto que yo digo lo hacen con la punta de los cuernos, como si fuera allí donde les picara; se rascan la punta nada más, la bellota, y no lo hace uno, lo hacen todos; y luego van al pilón del agua y hacen lo mismo en la pared del pilón. -Pero, ¿todos? -Todos. adquieran sentido mucho antes de pisar li a ena de la plaza. Casi sin querer hemos venido a dar ei el afeitado. Mala época ésta para tos to ros. Creo que este descubrimiento que des virtúa el sentido de la fiesta no cpnsii tuye precisamente una evolución, sino uní regresión. Un toro con tos caernos despun tados artificialmente deja de ser ju tor de lidia. Y el toreo deja de ser serio. Yol vemos al espectáculo circense, con ios bi chos amaestrados. Si al toro se le quití el peligro y desaparece un buen porcen taje de riesgo para el torero, la cjHr se convierte en bufa mascarada, en an en gaño para todos. Hace más de quince años, é orea un gran escándalo en España. Se multiplicaron las acusaciones por manipulaciór fraudulenta en las astas. Intervinieron lft ¡autoridades para atajar el mal. Se ádoptron medidas severas para impedir que nuestra fiesta se fuera al garete definitivamente. Creemos que algo se consiguió Concretamente en la temporada pasada la Dirección General de Seguridad multe a veinticuatro ganaderías por e J e cu t a i prácticas de esta naturaleza. Pero la manipulación sigue. Quedan muchas p) a por ahí en las que sospecho que no se cumple a rajatabla el Reglamento y las reses salen al albero con sus defensas mutiladas, Andrés TRAVÉS!