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Averroes, a quien con tanto respeto menciona Dante, acompañó a Almanzor en la expedición de aquel contra Alfonso IX de Castilla. Perdió el favor cortesano y se retiró a Lucena, dedicándose exclusivamente, entre los judíos, a su labor filosófica. Tres años después de la batalla de Alarcos. llególe el perdón hasta su exilio, y pasó a Marruecos, donde murió y le enterraron. No halló en el cementerio de Tagazut la quietud eterna, pues tiempo después sus restos se llevaron al panteón familiar de Córdoba. De ese traslado, cuenta Abena rabi, presente en el comienzo de la operación cuando fue colocado sobre una bes- tia de carga el ataúd que encerraba su cuerpo, pusiéronse sus obras para que sirvieran de contrapeso en el costado opuesto. Había escrito sobre filosofía, teología, jurisprudencia, astronomía y medicina, y comentado con extensión a Aristóteles. Renán, al escoger tema para su tesis de fin de carrera, en París, el 11 de agosto de 1852. escogió hablar de Averroes y del averroismo. El cordobés había influido de modo decisivo en el pensamiento europeo, y en los judíos, por mediación de Maimónídes y de su Guía de los descarriados tomando el impulso en el trampolín de la Escuela de traductores de Toledo; auxiliado de un Miguel Escoto y del alemán Hermán, alcanzaría a caer sobre la escolástica cristiana, yendo a sufrir en su expansión las acometidas de un Alberto Magno y de Santo Tomás de Aquino, y más tarde de un Raimundo Lulio; resultaban demasiados enemigos, pero de mucho, habrían de servirle las defensas de un Rogério Bacon y un Siger de Brabante. J. GARCÍA MERCADAL