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EDITADO SOCIEDAD M A D POR P R E N S A ESPAÑOLA, ANÓNIMA R I D FUNDADO EN 1906 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC son los ejecutores y los interpretes de las leyes del destino cósmico o social. De ahí también que el pensamiento sea profundo y el estilo tire a lo sublime. Es lo contrario de la comedia, que suele girar en torno de la atracción amorosa, e imita una acción compuesta de sucesos ocurridos entre personas privadas, con unos caracteres, un pensamiento y un lenguaje llanos y familiares. Pero la tragedia y la comedia no siempre son puras. A veces la tragedia aparece surcada por rasgos cómicos, y la comedia por rasgos trágicos. Surge así la tragicomedia, que no es, a mi parecer, un género nuevo, sino una alteración de la tragedia o de la comedia. La tragicomedia pertenece por reducción a uno u otro tipo ds drama, según la preponderancia que en ella tengan los rasgos trágicos o los rasgos cómicos. La vida es sueño y otras piezas similares de Calderón manifiestan auténtica naturaleza trágica. No carecen ni de carácter elevado, ni de personajes nobles, ni de sucesos públicos, ni les faltan pensamientos trascendentales o estilo de sublime grandeza. Es cierto que tampoco se hallan ausentes notas cómicas, de género inferior, que alteran estas tragedias y las vuelven tragicomedias. Pero cuando los elementos trágicos predominan sobre los cómicos es necesario que las llamemos tragedias, porque toda cosa debe ser denominada por lo que en ella es principal. A la luz de esta doctrina se puede responder a las objeciones que puse arriba en favor de la opinión contraria. Es cierto que, según la objeción pri- REDA CCIO Nt ADMINISTRACI O Y TAL L E R E S SERRANO, 61- MADRID L A tragedia es ia suprema expresión de la poesía dramática, y se dice que España, creadora de un teatro sin par, no ha producido tragedias considerables. La réplica la está dando Francisco Ruiz Ramón, historiador de nuestro teatro, con la publicación, bajo el rótulo de Tragedias de varias piezas famosas de Calderón, comenzando por La vida es sueño Y uno se queda pensando si este drama puede llamarse tragedia. ¿No se llamó siempre comedia? Veamos. Podría pensarse que La vida es sueño no es tragedia. A primera vista resaltan en ella numerosos puntos que no parecen propios del drama. Desde el comienzo uno de los personajes, Clarín, desempeña el papel de gracioso, y no cesa de hacer chistes a lo largo de todo el argumento, hasta que muere. Una segunda objeción diría que no parece avenirse con la índole de la tragedia: un desenlace feliz, como el de La vida es sueño que acaba en boda y no en muerte. Añádase una objeción más: si La vida es sueño fuera tragedia, se la habría llamado así desde su aparición en el teatro. Y sucedió al revés. Fue publicada primeramente en 1636, debajo de este significativo título: Primera parte de las comedias de don Pedro Calderón de la Barca Desde entonces se la llama comedia. Pero contra todo esto se puede recordar el concepto que tuvo Aristóteles de la tragedia, imitación de una acción seria y completa se puede evocar la grandeza de este género dramático, lo sazonado de su lenguaje, y la piedad y el temor que suscita, cosas que convienen al elevadísimo signo bajo el que discurre La vida es sueño Para resolver esta cuestión es fuerza que nos pongamos de acuerdo sobre los dos géneros dramáticos en litigio- tragedia y comedia. Sería ahora desmesurado el intento de definirlos. Para distinguir la tragedia baste con notar que se trata de una pieza teatral en cuya acción el alma del hombre se enardece bajo el flagelo de un destino terrible, cuyas leyes inexorables se cumplen en medio de angustias, amenazas y salpicaduras de sangre, y hacen pasar al héroe de un extremo al otro de la fortuna. Por eso en la tragedia campean figuras públicas, dieses, reyes, sacerdotes, guerreros que TRAGEDIAS DE CALDERÓN mera; Clarín es un gracioso que profesa el donaire. Concedo que esta libertad de suavizar lo trágico por medio de rasgos cómicos, que no permitieron los autores griegos, que no consintió Séneca, que no toleraron los trágicos franceses, y que tampoco le gustaba a Cervantes, debilita y altera la tragedia, pero sin llegar en este caso a destruirla. Y no se olvide que Clarín, cuyos chistes tratan de amenizar las perplejidades de la animosa Rosaura, es el único personaje que va a caer en escena rodando y ensangrentado, y que sus palabras finales, aquellas estremecedoras voces que se escapan de su boca ya cadavérica, harán que el rey Basilio tome la determinación de derribarse ante Segismundo. También la segunda objeción admite desempeño. La vida es sueño acaba en boda y no en muerte, pero Segismundo no se casa por gusto, sino por deber de príncipe, y además- no es forzoso que d- desenlace de una tragedia sea funesto. Lo que da a la tragedia su tinte sombrío no es el color del desenlace. Existen tragedias perfectas que no acaban en muerte: sea ejemplo Ifigenia en Tauris de Eurípides. Lo que ensombrece la tragedia son las inevitables escenas dolorosas, e incluso sangrientas, que se desarrollan en la fábula. Este es un elemento constitutivo de la tragedia, llamado por Aristóteles pathos y que no puede faltar en ninguno de los varios tipos de fábula trágica estudiados por él. Y yo no creo que esta acción fuertemente patética se halle ausente de La vida es sueño y no tina de su color el argumento. La tercera objeción, sacada del uso que suele hacerse de la palabra comedia, tiene fácil salida. La gente española ha usado el término comedia en un sentido general para significar cualquier drama, y en tiempos de Calderón era comedia toda pieza teatral larga, a diferencia de la loa o del entremés, y profana, a diferencia del auto sacramental. Este sentido general que tomó en España la voz comedia puede explicarse como efecto de una sinécdoque. Y es curioso advertir que esta circunstancia se da también en el vocablo que sirve para designar a los actores del teatro. Se les llama comediantes o cómicos, aun cuando sean recitantes que tienen que hacer papeles trágicos? Leopoldo Eulogio PALACIOS TRANS TODO EN MUEBLES General Mola, esquina López de Hoyos GENERAL MOLA, 122 En San Sebastián: San Martín, 3