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ABC. M A R T E S 26 DE A G O S T O DE 1989. EDICIÓN PE LA MAÑANA. PAG. 25. CRÓNICAS BEi VERANO EN ESPAÑA T fiC PlPOíUlSflC? TiE De Barcelona dijo Cervantes, que es ciudad que enhechiza las voluntades de volver a verla Bien le van también estas palabras a Sitges- -la blanca Subur de los romanos- abierta tras el dorado abanico de sus doradas playas, con el dédalo de sus calles cautivadoras trepando por los leves repechos que se adentran en la rica tierra de viñedos y algarrobos. Quien haya paseado, una sola vez, por su calle Fonollar, por su Recó de la Calma quien haya conocido la alegre animación de sus noches veraniegas, la algarabía multicolor y jubilosa de su playerío, sentirá siempre la llamada, el deseo irresistible de volver a Sitges. De que fueron muchos los que lo sintieron dssde tiempos muy remotos quedan arquitectónicos recuerdos por todas partes: las señoriales casas de estilo renacimiento que los indianos hicieron construir con un admirable sentido de sencillez y buen gusto- -que aún hoy conservan tono y señorío- -pueden verse por doquier, en la calle Parellades, en la de San Pedro o San Pablo, en las de Bonaire y la Ribera. Son las nobles mansiones de Bofill y Mixeles, de Vidal y Quadres, de Rigol y Catasús, que se alzan, sin desentonar, junto a las modestas casas de pescadores o de payeses labrantines, pues Sitges recibió de la Naturaleza la doble bendición de los tesoros del mar, abiertos a sus gentes marineras, y la fecundidad inagotable de sus tierras, donde el trigo crece lozano- -fueron los antiguos silos el origen del nombre de Sitges- y, sobre todo, las ricas y ubérrimas cepas pródigas en generosas cosechas de moscatel y malvasía, que ya en el siglo XVIII dieron lugar a la obtención de un vino negro y sabroso, estimadísimo en tierras francesas y americanas, a las que se exportaba para delicia de paladares escogidos, pues era caldo caro, reservado a mesas de nobles y magnates. Las chumberas, que pueden verse por todas partes; las palmeras, que surgen gráciles aquí y allá y prestan un encanto oriental al bello paseo sitgetano de la Ribera; el banano y la higuera, de dulce y sabroso fruto, hablan claramente de otra bendición incomparable: el clima suave y bonancible en todo tiempo, que convierte en paraíso este rincón privilegiado. Y por si todo eso fuera poco: playas, sol, nobles recuerdos de un larguísimo pasado, Sitges tiene aún el atractivo sugerente de sus flores, que brotan de la tierra pródigamente, en el campo y en las calles, multicolores y atrayentes, dominadas por el clavel, que es aquí rey soberano, especialmente en la Exposición Nacional que todos los años sé celebra y en la que los sitgetanos demuestran el raro dominio alcanzado en el cultivo de singulares y maravillosas variantes de esta flor españolísima. Como si una lluvia increíble de pétalos olorosos cayera sobre la villa, sus calles principales se cubren con alfombras tejidas de flores por al vecindario para la fiesta solemnísima del Corpus, que es cuando Sitges se muestra más hermosa y atractiva para el forastero. Pero cualquier tiempo es bueno para venir: ahora que el verano llena las playas, las terrazas, las calles y las plazas de un turismo abigarrado- -babel de razas y de lenguas- o en invierno, cuando desde el Cap de la Vüa wmmsmmm VERANEO EN. LA MONTAÑA. Una provincia castellana, como es Cuenca, constituye, s i n embargo, un punto geográfico de indudable i n t e rés para aquellos que hacen turismo veraniego. Cuando se habla de veranear, de inmediato se asocia el mar á los proyectos o a los planes de quienes procuran o desean pasar lo mejor posible sus vacaciones. Pero el veraneo no es solamente la playa del Sardinero, la de la Concha, las de la Costa del Sol, la Costa Verde o la Costa Blanca, sin olvidarnos, claro está, de la Costa Brava, sino que lo es también la montaña y esos pequeños mares que son los grandes embalses. Cuenca- -no en balde envío a un manchego con Cristóbal Colón para descubrir América- -tiene vocación marinera; de aquí, probablemente, esas singladuras infinitas de las besanas y su admiración por lo que yo llamo mar de bolsillo cuando me refiero a los embalses. Uno en la Alcarria establece contacto con quienes se desplazan desde la capital de España para disfrutar no solamente de las aguas del pantano de Entrepeñas, ya en la provincia de Guadalajara, sino de las de este otro de Buendía, que forma un todo con el anterior y que vienen a ser algo así como las alianzas que unen a dos provincias en un afán de progreso. El otro embalsé, el de Alarcón, abre sus costas Iabriegas en la zona manchega, de cara ya al Levante, y en contacto, por tanto, con quienes desde Valencia dejan el mar para venir, aunque sea durante, unos días, a disfrutar de la montaña, de la sierra y de las aguas tranquilas de un lago artificial que ofrece todas las ventajas del deporte y de la pesca. Van creciendo en torno a estos diminutos mares interiores, colonias de edificaciones, como aumenta también, de día en día, el número de personas que tratan de edificar y, por supuesto, de venir por estas latitudes. La caza, hoy deporte casi imprescindible en el verano; la excursión por lugares de. belleza incomparable; la visita a los históricos castillos o a iglesias que fueron Colegiatas, como la de Belmonte; el conocimiento dé fenómenos geológicos, tan impresionantes como la Ciudad Encantada; pinturas rupestres como las de Villar del Humo; el transitar por las hoces del Júcar y del Huécar o por las de Tragavívos y Beteta, el nacimiento delríoCuervo, quizá uno de los espectáculos más impresionantes que puedan contemplarse; la Cuenca histórica; el U c l é s medieval, cuna de los Caballeros de Santiago, son factores que sólo aquí pueden darse 7 a los que acompañan esos embalses que hacen sentirse marinera a Castilla. -Martín ALVAREZ CHIRVECHES. puede oírse el chasquido de las olas al estrellarse contra la punta por la que avanza como la proa de una hermosa fragata la bella iglesia parroquial sitgetana, con aire y trazas de catedral rumbosa... Cualquier tiempo es bueno para volver a Sitges; para verla por primera vez o para soñar con quedarse allí siempre, como Arcadia Más y Fontdevila, artista barcelonés, que cautivado por el encanto sitgetano se llevó allí a su amigo Ramón Empresa especializada estudia presupuestos y proyectos desinteresadamente DIRIGIRSE: A. LETS Teléfono 228 03 18- MADRID ¡DEHESA PASTOS! magníficos, para gran cantidad de ganado vacuno y lanar en zona residencial próxima Madrid. VENDO. Buzón, 25. Alcalá, 2. ANUNCIOS Casas, para que éste, a su vez, arrastrara a Rusiñol, que había de dar a la villa otro regalo inmarcesible, otro tesoro, que el paso de los años no sólo no destruye, sino que lo acrecienta: su museo del Cau Ferrat donde se guardan los hierros viejos del gran ar tisla, y con ellos tantas obras de arte mora vitlosas, que no tendrían parangón posible sí rao se hubiera alzado, frente a su mismísima puerta, otro museo excepcional, obra también de un artista genial, Miguel Utrillo, para hacer realidad el Marycel el sueño loco de un norteamericano caprichoso que, en 1910, cayó por Sitges como presagio y anticipo de que allí recalarían, andando el tiempo, gentes de todos los confines de la tierra. Gentes que llegan con ansia de mar y de sol, que vienen pensando sólo en estas playas incomparables, donde la arena adquiere tonalidades de oro molido bajo el cielo azul y la blanca espuma marinera, pero que se llevan para siempre el encanto de esta Sitges cautivadora metido en sus pupilas y en lo hondo de su corazón, para recordarlo, acaso durante toda la vida, en Inglaterra, en América, en Australia, evocando horas que aquí vivieron, mientras su mirada, profunda y perdida en la lejanía, parece estar diciendo a gritos: Un día, un año, tenemos que volver a Sitges. -Herminio PÉREZ FERNANDEZ.