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MANUEL Manuel Acuña es uno de los más caracterizados representantes del romanticismo en la poesía meii cana. Nacido en Saltillo en 1849. se suicidó en un acceso romántico en 1873. Su Nocturno a Rosario -que reproducimos- -fue popularísimo en toda Hispanoamérica y en España, y fue cantado en cientos de negares. Su obra poética se publicó en París, después de su muerte. NOCTURNO A Rosario Pues bien! yo necesito decirte que te adoro, decirte que te quiero con todo el corazón; que es mucho lo que sufro, y es mucho lo que lloro, que ya no puedo tanto, y al grito que te implore te imploro y te hablo en nombra de mi última ilusión. Yo quiero que tú sepas que ya hace muchos días estoy enfermo y pálido de tanto no dormir; que ya se han muerto todas las esperanzas mías; que están mis noches negras, tan negras y sombrías, que ya no sé ni dónde se alzaba el porvenir. De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver, camino mucho, mucho y al fin de la jornada las formas de mi madre se pierden en la nada, y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer. Comprendo que tus besos jamás han de ser míos; comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás; y te amo, y en mis locos y ardientes desvarios bendigo tas desdenes, adoro tus desvíos, y en vez de amarte menos. te quiero mucho más. A veces pienso en darte mi eterna despedida, borrarte en mis recuerdo y hundirte en mi pasión; mas si es en vano todo y el alma no te olvida, ¡qué quieres tú que yo haga pedazo de mi vida; qué quieres tú que yo haga con este corazón! Y luego que ya estaba concluido el santuario, la lámpara encendida tu velo en el altar, el sol de la mañana detrás del campanario, chispeando las antorchas, humeando el incensario, y abierta allá a lo lejos la puerta del hogar... jQué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo, los dos unidos siempre y amándonos los dos; tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho, los dos, una sola alma, los dos, un sólo pecho, y en medio de nosotros mi madre como un Dios? era mi esperanza... mas ya que a sus fulgores se opone el hondo abismo que existe entre los dos, ¡adiós por la vez última, amor de mis amores; la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores; mi lira de poeta, mi juventud, adiós!