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ABC. S Á B A D O 23 DE A G O S T O DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 33. LÍA SIERRA LA ISLA DE LOS DOS MARES Los ciento setenta kilómetros de la costa murciana- -bautizados, en el concierto de apelativos de cada franja del litoral español, con el fabuloso y sugerente nombre de Costa de la Luz- de San Pedro del Pinatar a Águilas, albergan, entre otras maravillas naturales, ese extraño capricho de la Naturaleza que se llama La Manga. Entre dos mares- -el mar grande, abierto S paternal Mediterráneo, gloria de blancas epidermis y de amantes del baño plácido, y el mar hijo, refugiado en los brazos del aya Tierra, pronto a confundirse con ella, el Mar Menor- La Manga es, a la vez, isla y península, playa continua de arena rubia, arco tendido y sin flecha que apunta al infinito. Alrededor del Mar Menor, formando la cuerda del arco, entre los extremos de La Manga, el Cabo de Palos y San Pedro del Pinatar, un breve rosario de pueblos que si antes albergaron marineros hoy son ya, en su mayoría, enclaves veraniegos, surgidos como por ensalmo tras la onda de la explosión turística que también afectó a estas playas: Lo Pagan, Santiago de la Ribera, Los Vrrutias, Los Nietos- -que hablan de tradiciones familiares- -e Islas Menores, Playa Honda. Y, con ellos, urbanizaciones que hablan, en su denominación, del clima cálido o de las aguas límpidas, como el cristal. El Mar Menor no tiene playas, él lugar que los bañistas ocupan en la arena para tomar el sol o iniciar la zambullida se traslada aquí a una larga serie de plataformas que se adentran en él mar, entre balnearios y embarcaderos. Sus aguas, densaS en extremo, tienen desde antiguo cierta fama de propiedades medicinales por su mayor cantidad en sales de iodo. Y todo el gran lago, él enorme estanque, vivo de unos 180 kilómetros cuadrados dé azul, es escenario ideal para pesca y esquí acuático, con los atractivos tropezones de las islas de los Conejos, Perdiguera, de la Galera, del Siervo... La desolación vegetal de la estrecha faja volcánica, emparedada de arena, que es La Manga, abierta al sol continuo y a todos los vientos, se ve progresivamente desterrada. Se habla de dos, de tres mil millones de pesetas, destinados a la puesta a punto, a la ordenación turística de la zona. Agua, en primer término; vegetación, después; rocas que hacen juego con plantas y flores; carreteras interiores, y otra, de circunvalación, que exigirá dos puefites colgantes, a nivel de las comunicaciones del Mar Menor con el Mediterráneo, por Las Encañizadas, canales naturales donde se pesca el múj ol... todo ha sido importado, traído de otras tierras o fabricado expresamente y colocado con empeño y tenacidad. La faja arenosa y volcánica, una auténtica isla entre dos mares, se está convirtiendo en un vergel, en reclamo urgente para veraneantes y turistas de todo tiempo. Dos hoteles y una multitud creciente de apartamentos componen su dotación urbana, que aún no produce el ahogo, la impresión agobiante de otros lugares cercanos. Quedan numerosas parcelas, apenas trescientos metros separan en su punto más estrecho una y otra orilla marina, esperando ser colonizadas De la conjunción del Mar Menor y de La Manga está surgiendo un monumental y gigantesco complejo con la garantía de un sol de desierto que apenas conoce seis o siete, días de lluvia al año. El extremo del Cabo de Palos, donde -cuentan- -hubo un espeso bosque de pinos, marca la divisoria de la zona, su frontera. Allí proliferan los restaurantes de temporada, donde puede saborearse él salerosísimo caldero con alioli. coniun- TORRELODONES: RADIACIONES Y JARAS Desde B u i t r a g o a San Martín de Val 3? d e i g 1 esias se tiende, a menos de cien kilómetros de Madrid, el a r c o de la sierra, contra el que rompe, desperdigándose p o r chalets, apartamentos y hostales, una cada vez más numerosa población que compra o alquila su lugar de descanso. La sierra es el escenario del veraneo de las mujeres y los niños, y del semiverano de los maridos. Complemento de las vacaciones playeras, permite por su proximidad el ir 7 venir diario de los cabezas de familia que compensan, con unas horas de sueño en un ambiente fresco y limpio, la jornada de trabajo en el todavía agobiante calor de la ciudad. Torrelodones, que aún ve de lejos la falda de los montes, tiene un antiguo prestigio y cuenta con una nutrida y fidelísima colonia de veraneo. Los sólo treinta kilómetros que le separan de Madrid, el penetrante aroma de sus jaras y las famosas radiaciones de sus piedras suman muchos puntos a su don gastronómica de las dos influencias, marinera y desérticb- moruna, que se dan cita en su paisaje. Desde el avión- -el aeropuerto de Murcia, San Javier, está casi en el borde- -el Mar Menor es una fuente azul adornada de casas minúsculas como guarnición, mientras las minúsculas nubéculas blancas de las velas de las embarcaciones de recreo rompen la plácida monotonía de su superficie. -Pedro CRESPO. favor a la ñora ae elegir, JLOS cnaiets no son aquí la pequeña y ligera construcción de nueva factura, sino sólidos, grandes, de piedra gris, rodeados de amplios jardines sombreados por viejos árboles. El pueblo de Torrelodones queda a la derecha de la carretera de La Corana, triste y sin apenas vida. Tomando el puente del cambio de sentido se baja a la colonia, extensa, animada, con una larga y bien trazada calle principal. Es el desequilibrio de muchos de estos pueblos serranos que crecen en su zona residencial, sin que ello repercuta en las arcas municipales, carentes de otros recursos que los que les proporciona Hacienda. Por las mañanas las calles permanecen desiertas, llenas de sol, y todo el inundo está en su agujero, agujeros muchos de ellos con piscina y pista de tenis que dejan oír a través de las verjas y los altos setos los gritos y los chapuzones mezclados con el seco golpe de las raquetas. AI atardecer todo empieza a animarse y son las pandillas quinceañeras las primeras en romper el silencio con el ir y venir de sus motocicletas de pequeña cilindrada, ue ya la bicicleta sencilla de motor humano ha quedado, por lo visto, para la gente más menuda. Se baila en los chalets, o se va al cine, que cambia diariamente de programa, y que alterna junto a películas de esta temporada el amable recuerdo de antiguos éxitos. Junto al cine está la sala de fiestas, y un bar con esos juegos eléctricos que hipnotizan a los chicos. Por las noches siempre hay algún pueblo cercano en fiestas al que acudir o algún club musical que atruene con su equipo de alta fidelidad 7 deslumbre con sus luces cambiantes hasta las primeras horas dé la madrugada. lia estación del ferrocarril ciñe y cierra la colonia. Los domingos llegan los trenes de cercanías apiñados de viajeros. Muchos de ellos descienden- -la bolsa nevera en una mano, d transistor a todo volumen en la otra- -y toman el camino del río cercano, en dirección a Galapagrar. La zambullida en las aguas dudosas, la comida entre hormigas, la siesta pesada j la vuelta cansina para tomar por asalto et tren de regresó. El silbido del tren queda en el aire cuando ya los vagones han desaparecido en la primera curva. Torrelodones recobra la c a l m a El Escorial tienta para la cena. A la mañana siguiente los automóviles de los maridos harán semicaravana muy a primera hora. -Miguel TORRES. CÍA. DE INGENIERÍA EN EXPANSIÓN ma Inglés o alemán, para Incorporación inmediata y con jornada limes a viernes Preparación a cargo de la empresa durante 4- 6 meses en el extranjero. Amplias posibilidades de promoción y sueldo a convenir según experiencia. Remitir curriculum vitae al Apartado 50.692. Bef. D. (13.328. DELINEANTES DE idio- a 1. con conocimientos isométricas. con NECESITA COMPRO LETRAS Teléfono 248 82 63