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TÉCNICA DEL COMPRADOR Cristo. Siglo XVIII. O fui cliente asiduo de las subastas 0 dar prestigio a las señoriales chimeneas artísticas en la Galería Charpentier, de lena. Por ser aquello novedad, mi exasituada frente al Elíseo y ya desa- men de escudos y emblemas de tales plaparecida. Aunque no era un comprador de cas fue minucioso. Aparecían muchas con empuje, la Dirección, tal vez porque un flores de lis y armas de nobles caballeembajador siempre da brillo a la asisten- ros. De pronto, una deslumbre mi mirada cia en una sala, me mimaba, enviándome y premió con largueza mi ávido escrutar. con antecedencia a la subasta el catálogo Una placa ovalada, en perfecto estado de ilustrado de la misma y reservándome bu- conservación, con las armas completas de taca numerada el día de las ventas. Allí, la Católica Majestad de nuestro Rey Fepor precios más que razonables, ventajo- lipe II; y en ella, una fecha de simbósos, compré bastantes cuadros atrayentes: lico presagio: 1569. ¡La vela de armas de el del Palacio de Santa Cruz, de 1702, hoy nuestro Lepante glorioso! No era posible en nuestro Ministerio de Asuntos Exterio- perder aquella oportunidad. La placa teres. Otros, des grandes dimensiones; natu- nia que venir a España, aunque el antiralezas muertas de maestros consagrados: cuario, percatado de mi no disimulado interés, me pidiese tesoros. Pero no fue así. Snyders Fyt- -retratos, floras... Había topado con un generoso y Para comprar ventajosamente objetos honesto. Al preguntarlehombre la vendía y si me artísticos en las subastas públicas convie- por cuánto, me replicó que no estaba a la ne sujetarse a una técnica, que. como tan- venta por reservarla, con las otras que juntas otras, es fruto de la experiencia. to a ella estaban colgadas en el muro, a Las normas básicas son: la colección que estaba formando y que A) Tratar de aplazar las compras has- pensaba dejar, en legado, a la Municipata el fin de la temporada, últimos de ju- lidad, de la que era vecino. Su propósito nio, cuando empieza el calor y el mer- conservador y patriótico se emparejaba con cado comprador está ya saturado. el mío, y era por ello merecedor de todos B) Adquirir preferentemente lo que no mis respetos. Pero entendí que cabía parestá de miada, lo que no se lleva. Allá lamentar y así lo hice. Después de alabar, por los años 1952 a 1960, los cuadros de como se merecía, su laudable intención, grandes dimensiones, naturalezas muertas. atrayéndole a mi causa, sin- -La pintura marcadamente académica, -noble y generoso empeño, le perturbar su dije: Piensin llegar, claro está, al género pompier que lo mismo le daImposible entonces pensar en adquirir cua- so esta a la Municipalidadespañol, que cualplaca de abolengo dros de pintura abstracta, de autores fran- rá quiera ctra da estirpe ceses consagrados, y, sobre todo, de im- Es más- -añadí- creo nacional francssa. que preferiría la presionistas de sello francés. ¿Por qué no hacemos un C) Segui- las pujas de los anticuarios, trato? Usted sigue buscando la placa que siempre numerosos en las grandes ventas. pueda reemplazar a la que yo deseo comEllos entienden como nadie del valor real prarle, y si encuentra la adecuada y conde esta clase de mercancías; compran pa- siente en el trueque, usted me avisa y yo ra vender y sólo se detienen cuando el vengo por la que me interesa. Ramaté mi precio de la última oferta deja para la sugestión diciéndole: Aquí está mi nomoperación posterior un margen de benefi- bre, mis señas y mi teléfono. Quedo escio que no interesa. Por principio, siempre perando sus noticias. Aquel honrado copuede irse en la puja un poco más allá merciante, apiadado de mí o persuadido que el último anticuario oferente, compe- por lo razonable de mi propuesta, guardó tidor: porque aunque se remate en nues- mi tarjeta y yo me alejé de su casa estro favor, siempre habremos pagado por perando. Tres semanas después mi buen lo comprado mucho menos de lo que por hombre dio con otra placa del Rey Sol, el mismo objeto nos hubiera cobrado el y recordando mi petición tuvo la gentianticuario después. leza de avisarme del hallazgo y de su bueD) Subir en las pujas por cantidades na disposición para terminar el trato. Una jnportantes. Si el rival ofrece cinco mil escapada rápida en el coche de la Embay uno replica quince mil, quedará conven- jada, sin esperar festividad, ante el temor cido de que la lucha va en serio y el de perder la favorable coyuntura, y por la rumboso viene por el objeto, venciendo to- noche, en el mismo coche oficial, a mis pies, porque quería disfrutar de su comdas las resistencias. Fuera de toda técnica profesional, la pañía, la placa que ahor cumple su IV compra de la que más satisfecho me sien- Centenario entraba en la España simbólito fue puramente casual, yo diría que pro- ca de la Embajada. Hoy, en mi terraza videncial. En una excursión en coche hice la conservo como una de las piezas más alto en una, pequeña ciudad del Mandes preciadas de mis correrías escrutadoras, francés, no lejos de San Quintín. En mi pese al muy modesto precio qua, sin reparada, como de costumbre, mi primera gatear, por ella pagué. investigación se encaminó a descubrir los a terminar mi anecdotario sobre posibles anticuarios locales. Uno sólo ha- el Y voy En otras vacaciones, más largas, tema. bía allí, y abiertas tenia sus puertas, a pe- 1 me encaminé a Venecia. No hablaré del sar de ser día festivo. En un muro fron- inefable encanto de esta ciudad única. Voy terizo de su casa, que daba sobre su pro- a contar tan sólo el fracaso de mi técnica pio jardín, se exhibían gran número de comprador de antigüBdades. placas de hierro fundido, de las que sir- de disfrazado las iglesias y los canales no Los museos, vieron, en tiempos pasados, para decorar podían liberarme de mi flaqueza por lo multísecular en venta. ¿La mejor casa lccal de antigüedades? -pregunté al gondolero- Sin duda alguna el palacio dal señor Genova. Sobre el gran canal. Cuatro pisos señoriales. Fachada renacentista tallada en piedra- -balaustrada ojival soPlaca con las a r bre las aguas tranquilas- Espacioso jarmas reales compledín. Hacia la escalinata del palacete, con tas del Rey Felipe II.