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ABC. V I E R N E S 22 DE A G O S T O DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 37. AYER FALLECIÓ EN MADilD EL MARQUES DE LA VALDAVIA Fue vicepresidente de las Cortes subsecretario de Trabajo y, durante dieciocho años, presidente de la Diputación madrileña Don Mariano Ossorij Arévalo, marqués de la Valdavia, falleció ayer, alrededor de las seis de la mañana, en Madrid, ciudad en la que había nacido, el 8 de julio de 1889. Nací en la calle de Atocha y fui bautizado en la iglesia de San Lorenzo. Esto obliga a mucho dijo en cierta ocasión el marqués de la Valdavia, figura desaparecida hoy y que llevaba arraigado en lo más profunde, de su corazón su madrileñismo aristocrático y popular a la vez. En su dilatada vida, el marqués de la Valdavia ocupó muchos y muy diversos cargos y, en su última etapa y durante muchos j el de presidente de la Diputación Provincial de Madrid. Antes del 14 de abril de 1931, el marqués de la Valdavia fue diputado a Cortes cuatro veces, por varios distritos de la provincia de Falencia, tierra solar de su familia. Fue también gobernador civil de Santander, en dos etapas, como igualmente ocupó el puesto de de a. legado regio de Póde la Valdavia sitos V subsecretario de Trabajo. Durante el gobierno del general don Miguel Primo de Rivera, ocupó el cargo de consejero delegado del Instituto de Reeducación de Inválidos del Trabajo. El Movimiento: Nacional le sorprendió en Madrid. Fue encarcelado y milagrosamente logró escapar a las matanzas que en aquellas fechas fueron realizadas en la cárcel Modelo y en la de Porlier. Al salir de dichas prisiones entró como, refugiado en la embajada de Cuba, y, finalmente, pudo pasar a la zona ftacional, donde inmediatamente se presentó voluntario para la realización de todos los servicios que le encomendaron. Incorporado a F. E. T. y de las J. O. N. S. organizó inmediatamente la Hermandad dé Ex Cautivos, cuyo cargo de delegado nacional ocupó desde entonces hasta su fallecimiento. A la liberación de Madrid, donde entró con las fuerzas liberadoras, fue nombrado teniente de alcalde del Ayuntamiento. En 1947 se nombra al marqués de la Valdavia presidente de la Diputación Provincial de Madrid, cargo que desempeña en el transcurso de una larga etapa, hasta febrero de 1965. Al término de su mandato, la Corporación Provincial le concedió la medalla de oro de la provincia, condecoración que venía a unirse a otras muchas de las que se hallaba en posesión, entre ellas las grandes cruces, de Alfonso X el Sabio y del Mé- IMAGEN POPULAR DEL MARQUES DÉLA VALDAVIA Había conseguido don Mariano Ossorio, marqués de la Valdavia, ese amplio y efusivo eco que es la popularidad: un eco resonante y difícil cuando no se parte de una pantalla cinematográfica o de un ruedo taurino, de un estadio deportivo o de un escenario teatral. Había logrado esa popularidad a fuerza de simpatía y de sonrisas, de palabras gentiles y de buenos modos. Hermanando, en fin, muy a la española, señorío y sencillez. Supo fundirse profundamente con Madrid en apretado abrazo. Sentía a la ciudad por fuera y por dentro; en las costumbres y los trajes, en la alegría, y el espíritu. En invierno gustaba de llevar capa y bombín En verano, canotier Y le encantaba pasar aquí los duros días de agosto, cuando todos huyen. El único inconveniente de Madrid en el verano- -solía decir- -es que por las noches refresca un poco. Amaba las verbenas y las kermesses las noches de las Vistillas, las fiestas populares. Charlaba con todos: con la florista y con el limpiabotas, con el camarero, con el ordenanza, con el taxista. De esa efusión suya, hecha de cordialidad y de gentileza, fue naciendo aquel eco de su popularidad. Tenía en la conversación un frecuente acento bienhumorado. Era galante con las damas- -clásicos, en este aspecto, sus piropos a la mujer española, en los discursos de final de banquete o de otro acto público- En su charla reflejaba una pequeña y práctica filosofía de hombre que ha vivido mucho y ha conocido por dentro la intimidad y los bastidores de muchas cosas. Siempre se recordará su juicio sobre el matrimonio. Decía de éste que era institución admirable, pero de difícil manejo Pudo haber escrito, como muy pocos, la crónica de Madrid en la primera mitad del siglo. Prefirió vivir gustosamente esa crónica: un tiempo que él evocó a veces en alguna conferencia o que recordaba, con admirable plasticidad, en su tertulia del Casino, al atardecer. Era uno de los más asiduos y veteranos casinistas (tenía actualmente el número 2) Había ingresado allí en 1910, cuando el Casino inauguraba casa propia: la actual de la calle de Alcalá. Y ha asistido a su tertulia hasta que un día el mal se lo impidió, hace muy poco. En la peluquería, en la biblioteca o en el limpiabotas se lé veía casi a diario, con su noble ademán de siempre, con su habitual gentileza. El paso era ya torpe, declinaba claramente su vida y, sin embargo, no faltaban de sus labios la sonrisa ni la palabra cortés. Ni huía de él aquel bienhumorado sentido con que comentaba tantas cosas. Mire usted- -solía decir o los amigos, con aire pintorescamente confidencial- hay dos cosas que gustan sobre todo a los españoles, aunque no se atreven a confesarlo. Son los toreros valientes y las mujeret Era un apasionado de los toros y un habitual estrenista. Fue un gran manoletista. (Nunca olvidó que el torero de Córdoba toreó gratis una corrida de la Beneficencia. En sus. días de juventud era un asistente asiduo al paseo de coches del Retiro. Se cruzaba allí con arisitócratas y políticos, con damas elegantes, con alguna actriz o cancionista de moda. Pasaba a veces- -con traje negro sobre caballo negro- -el marqués de Cabriñana, que había escrito un Código del honor para los desafíos entre caballeros. Y zigzagueando entre coches y jinetes, Petrilla, la florista, lanzando nardos o claveles a los blasonados carruajes. También, medio siglo más tarde, ha sido el Retiro el escenario de los últimos paseos del marqués. No había ya coches de caballos ni jinetes apuestos que madrigalizasen por señas con las damas de. las carretelas. Ahora el marqués iba solo o con algún amigo. Todo había cambiado. Sólo, en el espíritu, un regusto melancólico. ¿Dónde están, las nieves de antaño? Simpatía, sonrisa, zumba en la frase. Mas no. se piense que esa imagen amable era la única de este hombre que acaba de morir. Había en él una auténtica hondura humana, un profundo espíritu dé bondad. Muchos lo saben por directa experiencia. Un día un periodista te moría, lejos de Madrid, en un pueblecillo soriano y sólo un traslado rápido podía acaso salvarlo. Allá fue, en busca de la pobre vida que luchaba con la muerte, una ambulancia enviada por el marqués, Otro día, éste- -ya con más de setenta años tras de sí- -subió a píe los cien escalones de un humilde quinto piso para abrazar al amigo que acababa de perder a su madre. No, no todo era en él frase bienhumorada, fondo de organillo y canotier de hace cincuenta años. José MONTERO ALONSO rito Civil. Era también presidente del Casino de Madrid, y fue vicepresidente de las Cortes y primer secretario del máximo órgano legislativo. TESTIMONIOS DE CONDOLENCIA Ayer por la mañana, poco después de divulgarse la noticia del fallecimiento del marqués de la Valdavia, comenzaron a llegar al domicilio mortuorio manifestaciones de pésame. En representación del ministro secretario general del Movimiento y delegado nacional de Sindicatos, acudió su secretario, se- ñor Roca. También visitaron la casa mortuoria, a primera hora de la mañana, el lugarteniente general de la Guardia de Franco, señor Soriano; el alcalde accidental de Madrid, señor Del Moral, y 1 presidente de la Diputación Provincial, señor González Bueno; don Manuel Egido, teniente alcalde de la Villa y procurador en Cortes; don Dionisio Martín Sanz, vicepresidente prime- ro de las Cortes, entre otras personalidades. La familia ha recibido expresiones de pjsame procedentes de toda la provincia ds Palencia. En la sede de la Diputación Provincial, que durante tantos años presidió, ondeaba la bandera a media asta, en señal de duelo. EL SEPELIO SE VERIFICARA ESTA MAÑANA El sepelio se verificará hoy, viernes, a, las diez cuarenta y cinco de la mañana, desde su domicilio, en la calle de Jenner, al panteón familiar en la Sacramental de Santa María. PRECISAMOS Zona Getafe, retribución según aptitudes. Escr. al Apdo. 23. Getafe. (13.306.