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A JB C. S Á B A D O 18 DE A G O S T O BE 1983. EDICIÓN BE LA MAÑANA. PAG. 19. A B C EN WASHINGTON BEGRESA LANAVE LUNAR SOVIÉTICA ZOND 7 PUITO DE Si no se aclaran saiisfacionamenie los inferroganles sobre el accidenta, quizá perdiera hasta su acia de senador EL FISCAL DINIS SOLICITO AYER LA EXHUMACIÓN DEL CADAVER DE MARY JO Washington 15. (Crónica de nuestro corresponsal, por ielex Un distinguido cronista cita hoy, refiriéndola a la tragedia que envuelve al último de los Kennedy, el senador Edward, una frase de Ralph Waldo Emerson sobre la dualidad de la vida, cuando escribía que la Naturaleza odia los monopolios y las excepciones Hay siempre- -decía el filósofo de Boston- -circunstancias de nivelación que abaten a los dominantes, a los fuertes, a los ricos, a los afortunados... Esta frase, trágicamente exacta en las tragedias de Daüas y Los Angeles- -dos hermanos asesinados- sigue pareciendo válida, terriblemente válida en la crisis personal del tercer hermano, el joven y prometedor senador por el Estado de Massachusetts, etyvuelto hoy en una furiosa y creciente tormenta de sospechas y cuchicheo, de misterio, rumor y maledicencia. Los periodistas siguen husmeando en Edgartown los pasos, las huellas y los movimientos del senador en aquella trágica noche del 19 de julio, cuando, según su confesión, el coche saltó al agua al cruzar un puentecillo de madera sin barandilla, con su pasajera, la joven secretaria Mary Jo Kopechne, muerta en un accidente que no fu- e comunicado a la Policía hasta después de diee horas del desastre, y no por el senador, sino por una vecina del puente, que vio desde su ventana, en la bajamar, una de las ruedas del coche. El tema Kennedy sigue siendo en los salones washing tañíanos, aun en este verano de vacaciones; en los diarios, en el bar y las mesas del Club de Prensa, en las oficinas del Congreso, en los restaurantes, en la calle, el asunto número uno y obsesionante de toda clase de conjeturas, fantasías, veneno y escándalo. Prende en seguida en cualquier conversación como una mecha mal apagada. Es la servidumbre del político y la morbosidad del mito, la desesperación de los k ennedistas y la sonrisa glacial de los antilzennedistas, que hay muchos más de los que se podía suponer. Centenares de cartas ¿fe lectores han sido recibidas por un periódico de Washington sobre un editorial en el que se pedía una investigación judicial de la tragedia Kennedy: una proporción de cuatro a uno apoyó apasionadamente la demanda del diario. Un periódico de New Hampshire indagó, y lo publicó ayer, que en la noche de la tragedia hubo diecisiete conferencias telefónicas desde el cottage solitario donde Kennedy y sus amigos y amigas festejaban la fiesta de la regata celebrada por la tarde, y desde- el hotel de la población de Edgartown donde se hospedaba el senador. La oficina del senador ha desmentido la versión, pero no lo ha hecho la compañía telefónica. La implicación es dramática ¿por qué tantas llamadas telefónicas en la noche sin que ninguna de ellas fuese para pedir auxilio a la Policía o a los bomberos o al Servido de Salvamiento de Náufragos, perfectamente organizado en la región isleña, o a quien fuere, para rescatar de las aguas el coche volcado con una pasajera dentro? El senador Kennedy en una declaración televisada dos semanas atrás, el mismo día en que se declaró culpable por abandono del lugar del accidente; tipo de delito establecido en las disposiciones reguladoras del tráfico en todo el país, dijo, con rasan, que su actitud era indefendible atribuyéndola a un estado de extenuación, confusión y pánico, pero no aclaró ninguno de los detalles evidentes, obvios y desconocidos de aquella tragedia. El senador no improvisaba en aquella declaración ante la TV. Leía unos papeles cuidadosamente preparados, según versiones no desmentidas; por uno de los íntimos asesores de su hermano John, un excelente abogado, Theodore Sorensen, después de una larga sesión en la casa solariega de Hyannis Port con Roberí McNantara, Schlesinger, Kenneth Galbraith y Richard Goodwin, los cerebros de los grandes años del kennedismo en el Poder. A menos que se produzca un milagro, el menor de los Kennedy no se salvará de la atmósfera emponzoñada que envuelve aquel Circundó y fotografió nuestro saiéliie Moscú 15. La U. R. S. S. ha anunciado hoy el regreso, con éxito, de una nave espacial tipo Zond de una misión que puede ser el preludio del primer intento soviético de enviar hombres a la Luna. Zond 7 utilizó retrocohetes para suavizar el descenso sobre la Unión Soviética, según informa la agencia Tass. Zond 7 no describió órbitas en torno a la Luna, sino que circundó nuestro satélite, realizando una maniobra en forma de U mediante la cual se utiliza la gravedad lunar para regresar a la Tierra sin. hacer uso- de retrocohetes. Tass añadió que el Zond 7 probó nuevos equipos de a bordo y fotografió la Tierra y la Luna. -Efe- TJpi. desgraciado accidente de la isleta de Chappaquiddick. Los silencios no han hecho más que acumular veneno y rumores, y el senador, que los lee en la Prensa todos los días, parece hoy diez años más viejo. Se ha pasado del momento de la defensa de la carrera política de Kennedy- -y ahí parece radicar el inexplicado proceder de aquella noche de julio- -y se ha entrado en el de la piedad por la víctima del mal explicado accidente, Mary Jo Kopechne. El fiscal del distrito donde sucedió el accidente, Edmund Dinis, forzado por la crítica periodística a una encuesta, judicial qpe empezará el 3 de septiembre, ha solicitado hoy- en un Juzgado d- el Estado de Pensilvania, donde está enterrada Mary Jo, la exhumación de los restos para realisar la autopsia que el médico forense correspondiente consideró innecesaria después del accidente, a despecho de las disposiciones legales del Estado de Massacbusetts. En ese torbellino de versiones periodísticas, tampoco parece sostenerse la alegación de Edward Kennedy de que desconocía la isleto, de Chappaquiddick, justificando así el error de carretera, tomando la del puente de madera en lugar de la que conducía al transbordador. Su hermano John, que usaba una faja ortopédica en la espalda, había ido con mucha frecuencia a bañarse en la isleta para escapar a los curiosos en las playas de la isla grande, Vineyard, y, según dichas versiones, Teddy había acompañado muchas veces a John a aquella playa solitaria. Estas versiones, publicadas por diarios serios, minuciosas, por todos los indicios comprobadas, no se han clarificado más que con desnientimientos, demasiado generales para ser convincentes... Todo esto, verdad o fantasía, pero persistente y emponzoñado es trágico para la carrera política del último Se los Kennedy, y acabará, si no se aclara muy bien y cnanto antes, no sólo con su futuro presidencial, sino probablemente con su acta de senador, a renovar en 1970 ante el ekctomdo del Estado de Massachusetts. -José María MASSIP. TENGO LA CONCIENCIA TRANQUILA DICE EL SENADOR Nueva York 15. Tengo la conciencia tranquila. Estoy en paz conmigo mismo dijo ayer tarde el senador Kennedy en Washington, al salir hacia la residencia familiar de Hyannis Port, Massachusetts, en una entrevista en la que fue interrogado sobre el accidente en que murió Mary Jo Kopecbne. El senador Kennedy se quejó de que estaba siendo inhumanamente azotado por rumores falsos, indirectas y falsedades 1- -Efe. CON EXPERIENCIA Escribir detalladamente: HAYGON. Genova, U- Madrid- 4. (11.928.