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NUESTRAS CRITICAS NOSTALGIA EN LA MESETA De Francisco Javier MARTIN ABRIL Por Guillermo DIAZ- PLAJA ftt Iti Real Academuí 1 Editorial Studium. Madrid. 1 RES LIBROS. -JConf luyen sobre la mesa del critico tres Ubros de Francisco Javier Martín Abril, qve explican coincidentemente muchas cosa de él. Contiene dos de ellos, bajo los títulos Crónica desordenada y La pequeña palabra manojos de pequeñas meditaciones periodísticas. Arae el otro, rotulado Nostalgias en la Meseta una gavilla de poemas. Prosa y verso resviran una misma serenidad, un noble y esperanzado equilibrio, un decir sencillamente humano. El escritor contempla el espectáculo de los seres y de las cosas, y las trasunta en la página. Veamos- -en el libro poético- -qué nos diez. ESTAR EN CASTILLA. -Afincado vitalmente en la Meseta de Castilla, en la rosa ocre y blanca de Valladolid, podría decir que lo meseteño es tanto como una geografía, una cronología. Estar en Castilla implica, soterrañamente, una noción de noble y maduro sosiego. Entiendo así mejor la frase del prologuista- -Luis Miguel Enciso- -cuando escribe: Como libro escrito en Castilla, difícilmente podría esquivar el tema del otoño. Pienso ahora en un gran libro poético vallisoletano, Árbol añoso de Narciso Alonso Cortés que encabeza el precioso soneto de Juan Ramón, que se pinta a si mismo, ante el amarillo campo de Castilla Otoñal, Castilla, porque transparece historia acumulada. Otoñal, este libro de Martin Abril, porque acarrea los recuerdos vitales, la carga temporal cuya conciencia certifica la más honda dimensión de la criatura humana: En el fondo estoy triste. Estar triste es ser hombre, arrastrar la nostalgia de la vida en destierro. Tan sólo están contentos los santos y los tontos. Los demás, los mortales cargados de cadenas, aunque estemos alegres con la risa del mundo, con las horas contadas que cuentan y no cantan. permanecemos tristes en la lluvia del alma. (Pág: 13. Yo, que la he combatido tanta, advierto cada vez más que el hontanar de lo poético debe valorársele donde se le encuentre. También para el crítico llega el otoño de kt madurez y, con ella, la comprensión generosa de muchos modos y modas de decir. Así, en esta poesía, no se teme a la anécdota, incluso a la anécdota sentimental, la huella de la emoción contenida. cuando la hija se hace monja o el hijo se marcha a América: Sí, como siempre, pero como nunca, porque en Barajas te aguardaba un pájaro, ballena de un Jonás del siglo veinte. ¡Qué bien resiento el paso de mi mano por el cepillo de tu pelo, Naclio! Y aquel abrazo, como nudo eterno, Y aquella risa que celaba llanto. ¡Qué pequeña la madre, la gran madre, en su firmeza testaruda y clara! Ella, la Mujer Fuerte. Yo, un poeta que vive la belleza de una noche, con viento de hojas secas impacientes y un avión de estrellas hacia América. ¿Certifico nostalgia? Todo es bueno, cuanto en todo hay medida y claridades. Pág. 83.i MADUREZ, NOSTALGIA. -La madurez vital le permite construir una gran parte de su poesía con recuerdos. La mocedad madrileña, los viajes. Ya todo se ha cumplido. Ya todo se ha cansado noblemente nos dice ipág. 108) A veces, un breve ramalazo irónico, pone deformidades en la imagen que refleja el espejo. Otras, uno noble melancolía invade al verso: Y yo aquí, navegando sin descaigo, cada dia más frágil y pequeño. Delicias del otoño en los otoños, ¡yo os adoro y no os veo! Hace frío en la calle. Tarde corta. Vivir muriendo. Como mejor se ven las cosas es desde tejos. Tendría que romperme la cabeza para sacar la sangre de mis versos. (Pag. 115. Sobre todo esto, la melancolía serenada por la esperanza. Serenada por una fe tranquila, sin patetismos, que hace planear un Dios sereno y providente sobre cada gajo de la existencia humana. LA FORMA. -La temática que señorea el libro exige un modo específico de decir. Un lempo lento que se traduce- -en general- -a verso largo y estrofa clásica. En muchas ocasiones, ¡a -andadura de! decir lírico de Francisco Javier Martín Abril me recuerda la de Antonio Machado, al que le une también la emoción sosegada d, e Castilla. Maneja, pues, el poeta, décima y soneto, romance y silva, con enorme continencia. Algunas veces, ensaya pequeñas acrobacias retóricas, como ésta, que es buena para la cita final. Morirse. Irse alejando de todo. Irse empequeñeciendo Irse apagando. Irse hundiendo. Irse desinteresando Irse elevandoMorirse. Irse. Pág. 46. Francisco Javier Martín Abril HUMANWAD. Hombre Amada 49 Hijos Casa son los cuatro horizontes señeros en que se distiende y desparrama este libro. La curva vital entendida como sereno tránsito, en el que el poeta goza la serena alegría de confrontar su con 100 pfas. torno con su espíritu. Este es un libro tan Editorial Magisterio Español, S. A. cnriila y sinceramente humano que no y. r i remedio que rozar, a cada paso. Calle de Quevedo, 1, 3 y 5- Madrid- 14 U r- Un xtal y aún lo melodramático. v NOVELAS u CUENTOS i se quí- SK le anotará como defecto. tco ÍK U i ¿ne esta poesía tiene tanto ¿J, V; -su -ti. ír como cualquier otra. n. vts: DICCIONARIO DE LA POLÍTICA