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MIRADO? vertido en un páramo, o pasa a ser ocu- siciones de privilegio de que gozaba nuespado por la producción de industrias edi- tro libro en aquel continente cuando apetoriales foráneas, con lo que el país se nas existia la industria editorial indígena alista automáticamente entre los tutelados ni aquellos países excitaban la acometiviy colonizados. Por último, no es nada nue- dad de otros por la vía cultural, ni se vo el proteccionismo estatal para aquellas puede sostener tampoco a la defensiva, industrias, actividades o productos que se mediante soluciones parciales de urgencia. estiman vitales para el prestigio o la vida Es necesario afrontar el problema en su económica de la colectividad. ¿No han si- totalidad con criterio realista, con vistas do y son las barreras arancelarias los di- al hoy y al mañana, pero es un empeño ques que salvaguardan muchas de esas in- que sobrepasa ¡as posibilidades de las emdustrias, y las desgravaciones y primas a presas privadas y requiere la solidaridad la exportación las que mantienen a otras comunitaria a través del Estado. en situación de competencia con las extrañas? Por ello resulta lógico que la producción de libros- -en todo su amplio y complicado proceso- -goce de ese sistema proteccionista con la calificación de preferencia a todos los efectos, que se merece por los motivos ya considerados. Conscientes de ello, son ya muchos los países de entre los que encabezan la producción editorial en el mundo que protegen su libro de la competencia en el interior y en el exterior mediante desgravaciones, primas y exenciones tributarias. Es más, desde algunos de ellos se lanzan ediciones de exportación a precios de dumping para vencer oposiciones y pulverizar toda posible resistencia, como ocurre, por ejemplo, con las norteamericanas, japonesas y rusas de castellano en el mercado iberoamericano. Naturalmente, no se trata en principio de una operación comercial determinada por inmediatas apetencias de lucro, sino de una siembra sutil de condicionamientos culturales que acabe abriendo de par en par la mentalidad y la economía de esos países de habla hispánica a sus designios de dominación y de explotación. Iberoamérica es un futuro inmenso e inminente que se disputan ya, con encarnizamiento, las grandes potencias que piensan en el mañana, pero no con bombardeos y ejércitos de ocupación, sino con andanadas de libros, porque el libro es el arma de efectos más positivos en pueblos que quieren despegar del atraso socio- económico e incorporarse a los niveles modernos de vida. Por supuesto, tal actitud provoca las inevitables reacciones contrarias, y asi esos pueblos iberoamericanos acuden a los sistemas legales proteccionistas, como últimamente la Argentina, con el fin de vigorizar su propia producción y expansión editorial. Es decir, que la ofensiva exterior desencadena en ellos el propio mecanismo biológico de defensa, que es la contraofensiva. En esas circunstancias, ¿cuál es la situación del libro español? La Administración española también lo Hay que reconocer que nuestro libro, todavía caro aquí, resulte muy caro en Amé- ha entendido así y ha convocado, en el rica; que llega allí con excesivo retraso, seno del Ministerio de Información y Tues mal distribuido, deficientemente promo- rismo, una Comisión Interministerial, en vido y su comercialización tropieza con la que están representados los sectores púenormes dificultades, cuales son la ines- blicos y privados a quienes afecta el protabilidad de las monedas nacionales, los blema, para redactar un proyecto de Ley largos plazos de reintegro, la acumulación del Libro. Pero es de temer que, o naude existencias en los depósitos, el deterioro frague, o a la hora de contabilizar sus rede las novedades, etcétera, todo lo cual sultados, éstos se reduzcan a una declarala convierta en aventara muy arriesgada ción de principios inoperante, porque las desde el pumo de vista del editor español. exenciones fiscales, primas de exportación, Ya no se nuede soñar con volver a las po- etcétera, que se solicitan- -verdadero quid de la cuestión- -encuentren una oposición cerrada, radical, basada en equiparar este sector de la producción como otro cualquiera y no admitir, de hecho, la excepcionalidad del libro que, teóricamente, es indiscutida. ¿Cuánto dinero cuestan al Estado otros servicios de inferior rango, que se subvencionan, de una u otra manera, a costa, naturalmente, del contribuyente? Bien que el Estado tome todas las previsiones y garantías a fin de que esos beneficios que concede reviertan a la comunidad, en este caso en forma de produc- ción editorial abundante y barata, capaz de competir ventajosamente con la de los demás países. Pero no que por un criterio restrictivo, aplicado mecánicamente sin tener en cuenta que el libro no es un gasto sino una inversión de máxima rentabilidad para el país, al igual que la instrucción, se malogre la explotación de nuestra mayor fuente de energía, la inteligencia potencial de los españoles. Todavía estamos a tiempo de evitarlo. Ángel María DE LERA