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VENANCIO: LLEGUE TARDE, PERO DI LO QUE TENIA Ha concluido ía. sobremesa. Venancio Pérez García ríe a mandíbula batiente. Es la personificación del clasico chicarrón del Norte. Alto, de anchas espaldas, muchos ademanes y voz recia. Ayer- un famoso interior- derecho, once veces internacional, doce años de camiseta rojiblanca, un artesano del césped que subía, bajaba, sin el menor síntoma de agotamiento, que trabajaba cada pelota. Aunque no tuviera la clase de sus compañeros tenía el mismo genio, el mismo pundonor, la misma voluntad de triunfo. Y eso que empezó bastante tarde. -Nací en el seno de una familia humilde. Mi padre era guarda de ¡Altos Hornos. A los catorce años me quedé sólo en el mundo. A esa edad, ellos y mi única hermana habían fallecido. Estuve en el colegio de huérfanos durante un año. Al siguiente comencé a trabajar en los trenes de laminación de Altos Hornos. Y cuando tuvo la edad marchó a Vitoria a cumplir el servicio militar. Del cuartel saldría futbolista. Tardía promesa que habría de dar sus buenos frutos. Recuerdo que un día pidieron en el cuartel deportistas. Rebajaban de servicio, así que me apunté: Martín, ya jugador del Barcelona, fue quien me convenció para que iniciara mi carrera deportiva. Luego nos enfrentaríamos en varias ocasiones, tanto en las Corts como en San Mames. Tenía Venancio veinticuatro años y no había pisado el césped. Luego todo vino rodado. Al terminar la mili fidhó por el Erandio y poco después por el Bilbao. ¿Cuál crees tu que fue la característica más acusada de la delantera bilbaína de la que formaste parte y que tuvo su época gloriosa entre los años cuarenta y tres y cincuenta y tres? -Un gran coraje; una gran codicia, un gran sentido del pundonor. Nos comíamos la pelota. Estaba Gaínza, que, como yo digo, lia sido el tramposo del fútbol. Desconcertaba al contrario; estaba Zarra, que era el pundonor personificado, que era un fenómeno. Decían que era torpe con los pies. Pues bueno, era un fenómeno a veces sin pies; estaba Iriondo, que luchaba denodadamente, y estaba Panizo, que era un superclase. A Venancio se le enciende la voz. Cada vez habla más alto, más de piusa. -El fútbol cambió el rumbo de mi vida. Como sabía el valor de la peseta ahorré lo que pude. Con lo que reuní puse un negocio con otra persona. Ahora tengo un almacén de metales en Bilbao y otro en San Sebastián. ¡Partí de cero, así que el fútbol ha sido todo para mí. Venancio, este hombre que apuña con cada una de sus grandes manos veinticuatro años, tiene dos hijos. Uno va para ingeniero; otro, para médico. Ambos estudian segundo. Arriba, Gaínza regatea con su estilo inimitable a dos jugadores argentinos, en un partido celebrado en San Mames en 1949. A la derecha, con Rojo, el actual extremo izquierda internacional bilbaíno. Qaínza fue el mejor de la mejor delantera. Treinta y tres veces internacional, los aficionados no olvidarán nunoa las tardes de gloria que dio al Atlétioo de Bilbao y a la sojecclón nacional e s t e genial extremo, considerado por muchos como el jugador español de más clase después del gran Ricardo Zamora. -Estoy satisfecho de mi vida deportiva- -concluye- Llegué tarde, pero di lo que tenía, a pesar de que mi cíase no fuera la de otros. Cinco viejos leones. Cinco nombres para la historia del deporte, que cada mañana se levantan y quizá miran esas botas colgadas que tantos triunfos les dieron, que tantos sudores les costaron. Porque, gracias a ellas se realizaron, entregando el corazón cada vez iue salían con un número a la espalda a por la victoria. No les han olvidado, l o he visto. Niños y mayores continúan pidiéndoles autógrafos. L o s quieren. José María MORURO