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ios leones, es un nomore de caricatura fácil. Tímido, serio y preocupado. -Fui quince años profesional. Trece años en el Atlético y dos en la Real Sociedad. He sido cuatro temporadas entrenador. Cuando Iriondo se retiró, en 1955, tenía treinta y siete años. Hoy tiene ocho hijos. Mitad y mitad. Al mayor, que tiene diecisiete, le gusta más la natación y el esquí que el cuero. -Hago una vida normal. En cuanto a mi pasado deportivo no estoy satisfecho. Nunca está uno satisfecho de lo que ha hecho en su vida. Como jugador tuve poca suerte. Sufrí una lesión muy mala en la ingle que mermó mucho mis facultades. Tampoco hay en los labios de Iriondo un rictus de amargura. Quizá una pequeña nota de pesar que en seguida se esfuma. ¿Qué diferencias existen entre el fútbol de otros tiempos y el actual? -El fútbol ha cambiado mucho desde que yo jugaba. Para el espectador, para peor. Ahora el fútbol es menos espectacular que antes. Antes el fútbol era más alegre, había más furia. El fútbol consistía en meter goles. Ahora se juega con una táctica más defensiva y se marcan menos goles. Hay muchos intereses creados. Cada partido supone económicamente mucho dinero y lo único que interesa es el resultado. ¿Como ves aquella delantera atlétáca de la que formaste parte? Naturalmente, yo no voy a juzgarme. Mira: Venancio era un elemento de fuerza, trabajo y remate; Zarra era el golea- dor, al que le poníamos los centros en la cabeza y él se encangaba de que fueran a la red; Pañi era el que distribuía el juego, y Gaínza el jugador de habilidad increíble. PANIZO: SI VOLVIERA A NACER, VOLVERÍA A SER FUTBOLISTA Se llama José (Luis López Panizo, nació en Sestao foace cuarenta y siete años y fue un interior izquierda de una clase sin par. Dieciséis años de fútbol, jalonados de triunfos, a sus espaldas. Anda el hombre con la prisa al cuello, y eso que hace el camino de Portugalete a Bilbao y de Bilbao a Portugalete en una furgoneta. Pañi era el motor de aquella delantera bilbaína que hizo época. -Comencé a jugar en el treinta y nueve en el Bilbao. Aunque tuve muy buenas ofertas, siempre vestí los c o l o r e s rojiblancos. Es la hora del chiquiteo Todas las miradas convergen en estos cinco hombres que charlan y bromean en voz alta junto al mostrador. Parecen cinco hermanos. De pronto, Julián Navazo, un aficionado, se acerca hasta la mesa donde Panizo y yo hemos venido a charlar. -Panizo- -nos dice- -fue un jugador más. Un hombre que tenía algunas tardes apáticas, tardes frías, porque yo creo que era muy cerebral. El suyo fue un fútbol que se tardó en entender. Hasta que vinieron los americanos y se comprendió que el fútbol era compenetración y era pase al compañero. Panizo es un hombre que si volviera a nacer volvería a ser futbolista. Aquel Panizo, catorce veces internacional, es hoy un hombre de negocios. En Portugalete, donde vive con los suyos, tiene una tienda de suministros para la industria y ferretería. -Vivo holgadamente. No soy millonario, pero vamos, se vive. Comencé con el dinero del fútbol; luego, gracias a Dios, el negocio ha progresado. Yo nací en el seno de una famijiar humilde. Mi padre era un empleado de la Naval. Fuimos muchos hermanos. Actualmente vivimos ocho. Cinco mujeres y tres varones. Tuve un hermano que jugó algún tiempo: Panizo II. Panizo no quiere hablar del dinero del fútbol. De los cuatro hijos que tiene, sí. Los dos mayores son chicas; los dos pequeños, varones. ¿Con cuál de tus cuatro compañeros te entendías mejor en el campo? -iCon Gaínza. Nos conocíamos hasta en la forma de toser. Luego, Zarra fue siempre compañero de viaje y de habitación. ¿Por nada volverías al fútbol? -Oreo que el fútbol está saturado ya de entrenadores y yo tengo encarrilada mi vida. ¡Hombre, si me hicieran una oferta para entrenar al Madrid, al Atlético de Bilbao o al Valencia, por ejemplo, claro que lo haría! Pero tendría que ser una oferta muy tentadora. El fútbol es una etapa pasada de mi vida de la que me siento satisfecho plenamente. Sobre el mantel de la sobremesa donde los cinco veteranos se han reunido con nuestro enviado especial José María Moreiro, se va desgranando el recuerdo de una época gloriosa.