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Iones. Todo el mundo le llama Telmo y él saluda a todo el mundo con esa sonrisa ancha. Llega Panizo con su pelo recién planchado. Nos saluda. Y Pañi se saca de la manga ese humor franco y sanóte de que a menudo hace gala: ¿Has visto? ¡Ladrón, fumas como una locomotora! ¡Será posible que este hombre no podía estar hace unos años donde hubiera un cigarrillo! Estás podrido. Zarra pone cara de niño. ¡Hay que acostumbrarse, Pañi La vida cambia! ¡Y tanto! ¡No te fastidia éste! Nunca lo hubiera creído. Con un cigarro ahí, chupa que chupa. ¡Anda, vete, yete, que me apolillas! Han llegado también Venancio, Iriondo y Gainza. o- -Oye, Zarra, ¿qué haces ahora? -Una vida normal. Me acuesto temprano y me levanto a las ocho y media. Estoy satisfecho de mi vida deportiva y soy un hombre feliz. Eso sí, vengo poco al fútbol. No me gusta mucho ver. Suelo pasar los fines de semana con la familia. De vez en cuando van estos vainas por la tienda y charlamos. Es raro que nos reunamos los cinco, pero casi todos los días me veo con alguno. ¿Te hubiera gustado ser entrenador, por ejemplo? -No me gusta mandar. Soy un pedazo de pan. No valgo para eso. Zarra tiene además de balones en la tienda una fábrica de laminación en Galdácano, con otros socios, desde hace catorce años. Vive de ambas cosas. Y de sus recuerdos. Un día le impusieron la Medalla de Oro al Mérito deportivo. Y otro le hicieron un partido homenaje. Y un tercero, no hace muchos años, contaron su vida en la tele ¡Qué cabeza para los remates la de este hombre! ¡Qué potencia y qué furia deportiva la de Zarra! Bajamos a los graderíos. Hay un busto de Hchichi en la pared. Alguien lanza un balón y grita: ¡Dale, testa. Venga, dale! ¡Cómo te las ponía Pañi ¿eh? ¡cómo te las ponía! ¿Eh, testa? ¡venga, dale! ¡No, de cabeza no. Peligra la vista! Hace cuatro o cinco años se dijo que Zarra estaba a punto de quedarse ciego a consecuencia de aquellos formidables cabezazos. ¿Es cierto lo de la vista, Zarra? -Veía doble imagen. Era el nervio óptico, pero estoy bien. Veo bien. Completamente; pero ni un cabezazo más... GAINZA: AL FÚTBOL SE LE HA DADO DEMASIADA IMPORTANCIA. LO HEMOS COMPLICADO ENTRE TODOS Bajamos, muy cerca del gol. Hasta el ángulo de córner Venancio ríe de forma espectacular. Iriondo sigue con las manos en los bolsillos y el gesto preocupado. Gainza, a nuestro lado, observa a Iríbar que se está entrenando, y fuma. Fuma mucho. Aunque haya muchos, decir Piru en cualquier esquina de Vizcaya es decir Gaínza. -Yo fui el que más tiempo aguanté de todos. Me retiré en la temporada 56- 57. Piru echa una bocanada de humo. Ha dejado de llover. Tiene la cabeza sembrada de hilos de plata; y una peña gastronómica en Achuri, con 40 socios, que lleva su nombre. Allí no pueden entrar nunca mujeres. Los socios son ingenieros, abogados, obreros... -Pon eso bien, ¿eh? Yo nací en Basauri y no en Descaminos. Hace cuarenta y seis años. Cuatro hermanos y una hermana. Piru el segundo, Miguel, uno de ellos, también prometía bastante, pero a las dos temporadas se retiró. -Mi familia era modesta. Había que trabajar y yo me especialicé en laminación. Cuando empecé a jugar al fútbol todas mis ilusiones eran formar, en las filas del Atlétic Pero, mira: al fútbol se le ha dado demasiada importancia. Lo hemos complicado entre todos, cuando en esta vida existen otras cosas mucho más importantes. Es algo que todos sabemos; pero el hecho de que un gran futbolista como Gaíftza lo a d m i t a tiene su importancia. Agustín Gaínza tiene la nariz de Fred Galiana y una insignia con brillantes del club rojiblanco prendida de la solapa. Piru desabrocha el paquete de cigarrillos negros y enciende uno. -Me retiré porque creí que había llegado mi hora. Ahora tengo un hijo de dieciocho años que se llama como yo. Estudia económicas en Bilbao. ¿Le gusta el fútbol? -No tiene afición. Nos hemos sentado en una grada. Justo, debajo del busto de Pichichi. San Mames parece una gran casa triste, destartalada y sola. -Continuo pendiente del fútbol. Voy a los partidos siempre que puedo. El Bilbao ha hecho socios distinguidos a sus antiguos delanteros. ¿Qué sientes cuando vienes al fútbol para ver? -A veces me acuerdo de otros tiempos, pero lo veo- desapasionadamente. Subimos hasta los vestuarios. ¿A qué te dedicas en la actualidad? -Desde hace tiempo soy delegado de la empresa Azkar de transportes Por carretera. Así se va viviendo. Todos los días a las nueve de la mañana estoy al pie del cañón. Mi vida discurre tranquila, como la de otra persona cualquiera. Y Piru el genial extremo izquierda, vuelve a las bromas de sus, más que compañeros, entrañables amigos. IRIONDO: NUNCA ESTA UNO SATISFECHO DE LO QUE HA HECHO EN SU VIDA Zarra lucha codiciosamente por la pelota en un ataque de la delantera bilbaína, durante el partido celebrado entre Español y Atlétioo de Bilbao en la temporada 1942- 43. Nos hemos vuelto a citar para el almuerzo. Cada cual debía atender a sus quehaceres. Al filo de las dos, el primero en llegar es Iriondo. Vive cerca. Rafael Iriondo, cuarenta y nueve años venidos A al mundo en Guernica, extremo derecho de aquella famosa delantera del club de rr 31