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Leones y cachorros Dos delanteras rojiblancas: la de ayer y la de hoy. De izquierda a derecha, Iriondo, Estéfano, Venancio, Aguirre, Zarra, Argoitia, Panizo, Uriarte, Gafnza y Rojo. C UANDO al sociólogo de mañana le den papel y lapicero para que defina nuestro tiempo, es muy posible que, tras un examen concienzudo, dé por buena esta respuesta: Fue la civilización del whisky, la minifalda y el penalty Quizá sean estos tres elementos los que más han contribuido de una manera directa a la transformación radical de nuestra sociedad, o los múltiples factores desencadenados como consecuencia lógica e inmediata. Ya se sabe: a las masas de hoy, o las mueven los políticos, o las mueven los futbolistas, o no las mueve más q u e el automóvil. La humana capacidad de asombro ha sido desbordada. Se ha tornado escéptica y, romanticismo a un lado, t r e m e n damente práctica. Hay! qúe ocupar el ocio, cada vez más dilatado, y surge el Contamos contigo y el vivir de manera deportiva. Bueno, pues cuando no contábanos con nadie y sólo unos pocos hacían vida deportiva, no hace más de quince o dieciséis años, cinco hombres del deporte futbolístico se alzaron, por derecho y méritos propios, en otros tantos ídolos de la afición deportiva nacional. ¿Quién, que tuviera uso de razón entonces, no recuerda aquellos cinco magníficos delanteros bilbaínos de la posguerra, internacionales muchas veces y deportistas honrados siempre, que tantas glorias cosecharon? ¿Qué aficionado no recuerda los nombres de Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo, Gaínza? Hoy, muchos años después de haber abandonado el deporte, hemos vuelto a auscultar sus vidas de pacíficos ciudadanos anónimos, en los desiertos graderíos de San Mames, en la sobremesa empapada de felices recuerdos, al atravesar los estrechos pasillos de ese barrio viejo bilbaíno cargado de sabor que asoma a su rostro envejecido a la derecha de la ría del Nervión. Pocos ignoran lo que fueron, pero son pocos los que saben lo que ahora hacen y son. ZARRA: PARA MI EL FÚTBOL LO HA SIDO TODO Al atravesar la Gran Vía bilbaína, camino de San Mames, uno se convence de que esta ciudad tiene una salud a prueba de pulmonías. Con un vagón de paraguas y otro de gabardinas, con una gorra grande y un poco de ese buen chacolí que hacen en Baquio, entre los dedos, el problema invernal se soluciona. Recogemos a Zarra en esa tienda de deportes que tiene instalada Zarra, el formidable rematador convertido, hoy en hombre de negocios, en su tienda de artículos deportivos. en la calle (Rodríguez Arias, 29, y que se llama Irizaira. Y nos dirigimos al campo de San Mames. Es un campo sin gritos ni insultos, ni pancartas; sin color y sin calor; medio muerto de frío. Hay que esperar unos minutos. Hemos acudido a la cita un poco temprano y comenzamos hablando con ese hombre corpulento, entre ingenuo y bondadoso, de buena ley, que en el mundo del deporte se llamó Zarra. Zarra tiene la frente ancha, despejada, la voz potente, las sienes con alguna cana nueva. 1 tiempo no pasa en balde. Y Telmo Zarraonandia nació en Asúa hace cuarenta y ocho años. -Hasta que me retiré en el cincuenta y cuatro fui veinte veces internacional y metí veinte goles. -Creo que estuviste en otros equipos también, ¿no? -Sí, estuve un año en el Indauchu y medio en el Barcelona; el resto en el Atlétic En Bilbao la gente pronuncia la palabra Atlétic de una manera especial. Zarra lo hace además con calor, con una expresión distinta en sus ojos. A veces mita las cosas sin mirarlas. Es como si sobre su frente estuvieran proyectando una película... -Para mí, el fútbol lo ha sido todo. El fútbol y los míos. Lo dice sin un asomo de tristeza o vanidad. Como rematando las palabras de corazón. Su padre fue ferroviario. Jefe de Estación. Diez hermanos. Telmo hacía el número seis. Habia que hacer mucho dribling para encarrilar las pesetas. Diez bocas, eran muchos panes... -Pero Telmo: tú has ganado dinero con er fútbol. -He ganado poco. Pero no me gusta hablar de dinero; sin embargo me costó mucho abandonar las botas. La gente empezaba a, meterse conmigo y me fui. Y a los dos años de irse, Zarra se casócon Carmen. Carmen Beldarrain. -Tenemos dos niñas. Mary Carmen y Elena. Siete y cinco años. Todos los dias van a una academia de baile clásico. Telmo sube despacio un par de esca-