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BWUMef 5 pB SBJ MSSMÉBSSI La vida en la Rusia aolual pobre, mezquina, desesperadamente grle. No te notan los signos de la nueva represión, que se ejeroe ds manera ooulta. Y esta normalidad externa haoe la realidad Interna todavía mis aterradora. A la Izquierda, marinos rusos oon las bayonetas osladas, durante la parada militar del 7 de noviembre. Sobre estas líneas, unas mujeres reparan una alie fe Wlosoú. Abajo, un desfllee de modelos en el tvetlana, el más arando almaoén de ropa femenina exietente en la 0. ft. 8. dental basado en condicione! occidentales y en el que la protesta más ineficaz de la más tenue minoría de intelectuales era considerada como el principio de un movimiento hacia la libertad política. Como me dijo amargamente un amigo ruso, la única vez que he oido manifestarse con optimismo sobre la liberalizaclon, ha sido en la prensa occidental Pero aun asi, durante el último año de Jruschov y al comienzo del r e i n a d o de Brezhnev y Kosyguin, habia por lo menos alguna justificación para la esperanza. Se habia alcanzado el punto en que uno podia hablar y bromear sobre ciertas cosas en el lugar de trabajo- -dijo mi amigo- Antes era imposible hablar de algo delicado ni siquiera a colegas de confianza Ahora, bruscamente, e s t a esperanza ha terminado. La invasión de C h e c oslovaquia fue el signo mis dramático de la nueva atmósfera, pero la regresión h a b í a comenzado bastante antes de agosto. Muchas de las pequeñas ganancias liberales de la era de Jruschov casi se han perdido. Cuando la historia tome la temperatura de la Rusia del siglo XX, es posible que lo que aparezca c o m o aberración sea el deshielo de Jruschov y no la era glacial de Stalin. EL DICTADOR DE LENINGRADO 1 7 STE ambiente es visible en Leningrado más que en ninguna otra ciudad de las que he visitado en los últimos tiempos. El miedo se concentra a l r e d e d o r del amo de la ciudad, Vasily Serguevich Tolstikov, primer secretario del partido comunista de la región de LeninKtado. A mucho de los más altos dirigentes del partido se les llama stalinistas manera abreviada de decir burócratas duros que se oponen a todas las reformas que pudieran debilitar su dominio opresor. Tolstikov es uno de los más rígidos de estos hombres de suprema rigidez: un a r c h i coñservador enfurecido contra cualquier desviación de la ortodoxia marxista- leninista. P e r o Tolstikov es conocido como stalinista en un sentido más literal. Está hecho a la medida del propia megalómano georgiano: un hombre ambicioso y despiadado, que se complace con la acumulación y el ejercicio del poder. Tolstikov domina a Leningrado como su feudo personal. Todos los primeros secretarios regionales gozan de considerable autonomía, y el partido de Leningrado en particular tiene una larga historia de independencia. P e r o Tolstikov ha ampliado estas tradiciones. No gobierna, sino q u e domina: Tsarstvovat Los habitantes de Leningrado le llaman déspota feudal sátrapa oriental y heredero de Stalin Los propios rusos s a b e n muy poco de las intrigas en el Politburó, y gran parte de lo que saben lo conocen a través de las emisiones occidentales en onda corta. Pero hay persistentes rumores sobre Tolstikov y sus ambiciones, unos rumores tan frecuentem e n t e repetidos que uno supone que tienen alguna base de realidad. Se dice que lucha ferozmente por su promoción (tal c o m o estas cosas se hacen en el Kremlin) creando su séquito personal y preparándose para derribar el liderazgo colectivo de B r e z h n e v Kosyguin y Podgorny. A juzgar por el dominio feudal que ejerce sobre Leningrado, Tolstikov no se detendrá ante nada por conquistar el supremo poder nacional y se considera que una vez que lo haya conquistado arrastrará nuevamente a Rusia al rígido totalitarismo que tanto le gusta. Sus realizaciones en esa di- rección son ya muy considerables en Leningrado. Ha depurado el partido y se ha rodeado de un apparat totalmente leal y de la linea dura. Ha ampliado y reforzado la red de stukachi (informadores) a la que se permitió debilitarse un tanto durante la era de Jruschov. Los stu- kachi están de nuevo en todas partes: en las oficinas y fábricas, en los pisos comunales, hoteles, restaurantes, hasta en la Perspectiva Nevtky y en las plazas principales. V, según se dice, informan directamente, tanto a la oficina de T o l s t i k o v como al K. O. B. Incluso en los autobuses y en el Metro, los leningradenses marcados ha- A blan en susurros mirando por l endmaTde sus hombros.