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MUNDOMOVIL VERANIEGO ductor: con escasa psicología mecánica su insensibilidad puede hacer que llegue a percibir el fallo ya de una forma rotunda, en forma de humareda. Aparte de la profilaxis mecánica antas tí si viaje, el conductor tiene medios para contrarrestar la tendencia a calentarse de su coche. Nunca debe llevarse el motor apurado, sino lo más desahogado posible. El buen uso de la caja de cambios evita muchas calenturas a los motores, l a s cuestas bajadas en una marcha corta, sin gas, con el ventilador girando a gran velocidad, además de no agotar los frenos son unas estupendas refrigeradoras Se aprecia a simple vista cómo en ellas baja la aguja del termómetro del agua. A ningún coche con refrigeración por líquido debe faltarle este fundamental instrumento. Si acaso no lo tiene debe ponérsele. Lo que valga será dinero bendito. los coches con refrigeración por aire avisan poco de la inminencia de los calentones; una rápida bajada apreciable de la potencia usual es el síntoma único pero seguro de que el motor trabaja ya a temperatura peligrosa. El olor a aceite quemado suele llegar después, y ya, más que síntoma, es la enfermedad en teda su presencia. Salvo que esté ya gripade -agarrotado- un motor recalentado no debe pararse si está refrigerado por aire o le resta un mínimo suficiente de líquido. El giro del ventilador, con el motor a marcha lenta, refrigera más que calienta. Si se presume que no hay agua suficiente hay que parar el motor y resistirse por completo a la tentación de destapar el radiador para echársela: existe un grave riesgo de que salten despedidos tapón y restos de agua hirviendo, por la presión del vapor. Son frecuentes estos accidentes. Por otra parte, a un motor muy caliente no debe echársele agua fría: el brusco cambio de temperatura puede dañarle, incluso rajar el bloque. ün ruido de golpe bajo en la tapa del motor puede haber sido producido por una correa rota que salta, un manguito reventado o el estallido del depósito de expansión del líquido refrigerante (no muy infrecuente en algún modelo) e incluso por el tapón del- radiador, despedido por la presión del vapor. ALGUNAS REPARACIONES DE EMERGENCIA Un radiador picado en plena carretera puede taponarse provisionalmente con una miga de pan macerada. La fuga por una picadura en un manguito se puede medio remediar con esparadrapo, que nunca debe faltar entre los repuestos. Si es la correa la que patina sobre la polea y no se puede cambiar, un suave lijado puede devolverle el agarre necesario, después de limpiar toda huella de grasa. Incluso un poco de tierra, aunque raye y perjudique a la larga la polea, puede ser un recurso heroico para no pernoctar en plena ruta. El ingenio y la hermana necesidad pueden hacer maravillas llegado el caso. No hay que darse por vencidos. Pero, de todas formas, no debe tentarse la suerte. Una revisión a tiempo en el taller de la esquina, antes de salir, pueden evitarnos estos trances. A menos que el automovilismo se encare como una aventura, lo que no es, desde luego, el caso de muchos. Juan Pablo DEL CAMPO