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ABC. DOMINGO 3 DE A G O S T O DE 1989. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 15. L PAPA EN PABLO VIREGRESA A Roma 3. (Crónica de nuestro enviado especial, por telex Volamos ya sobre el cielo de Libia cuando la blanca figura del Pontífice aparece en la puerta de nuestro compartimento de periodistas. Y el avión entero parece agitado por un turbión. Los fotógrafos encienden sus flashes Todos nos arremolinamos junto a los asientos céntrales. Y surge la más original de las ruedas de Prensa. El Papa pasa saludando a todos, pero nadie se limita a estrechar su mano y besar su anillo; todos recordamos que somos periodistas y cada uno dispara su pregunta. El Papa contesta a todas, A algunas más indiscretas con simples evasivas, a las más con una sola frase, sonriendo siempre, mientras estrecha las manos con su mano caliente. Luego, cuando el Papa se va, el revuelo no sólo no disminuye, sino que se multiplica por veinte. Cada uno de nosotros quiere saber la res- El encuentro de Pablo VI con la Iglesia aogllcana, en ik VISITA PONTIFICIA AL LUGAR DE LA MUERTE DE LOS MÁRTIRES UGANDESES NO CATÓLICOS PUEDE SIGNIFICAR UNA ESPECIE DE CANONIZACIÓN APLAZADA DE QUIENES MURIERON FÍELES EN LA FE Kampala 2. (Crónica de nuestro enviado especial, recibida por telex El periodista, a la hora de escribir hoy su crónica, debería olvidarse de su pluma y estilo y limitarse a copiar aquí algunas de las más conocidas páginas del Evangelio. Aquella, por ejemplo, del sermón de la montaña. O las de las multitudes aclamando a Cristo con palmas y ramos. Por- que hoy Papa y multitud se han dedicado a calcar sencillamente lo que Cristo y las multitudes palestinas realizaron entonces. Un Evangelio muy a la africana, eso sí, porque, por fin, después de tres días, nos hemos encontrado hoy con África. Anteayer y ayer, en Kampala, el periodista tenía que hacer grandes esfuerzos para no pensar que todos nos habíamos equivocado de avión y llegado a una Inglaterra muy mejorada. Los sensacionales hoteles casi neoyorquinos, los parterres diez veces más amplios que las casas a las que rodeaban, los campos de golf y de hierba recién afeitada incrustados en el mismo centro de la población, nada tenían que ver con el África de nuestros sueños y de nuestros cuentos. Hoy sí, hoy la página giraba ciento ochenta grados y en muy pocos kilómetros nos sumergíamos en un continente con olor a safan. La carretera que conduce á Namugongo, cuidadosamente pre parada para estos días, serpentea en medio de una vegetación lujuriosa y se abre paso entre gruesas cortinas de arbustos y maleza, con un dominio de palmas de plátano que daban a la escena un aire clarísimo de Domingo de Ramos. Hoy entendíamos, además, la clave de un misterio que no lográbamos entender estos días. El misterio del lugar donde podía haber dormido la multitud de nativos acudidos para estas jornadas: a derecha e izquierda del camino en las más elementales tiendas de campaña, o simplemente sobre mantas extendidas en el suelo, cientos y cientos de familias dormían aún cuando con el alba los periodistas nos anticipábamos para estudiar el terreno. La Iglesia anglicana, en la que Pablo VI celebraría más tarde un milagroso acto ecuménico, ra una verdadera acampada a las seis de la mañana, y bajo cada árbol dormía una familia. La noche ha sido dura para los periodistas. Cuando ayer, concluidas nuestras crónicas, regresamos a cenar a nuestro hotel, una llamada telefónica nos sobresaltó a todos en el comedor: alguien se acercó y musitó un recado al oído de monseñor Casaroli, a quien vimos partir de carrera hacia la Nunciatura. Los periodistas sabíamos bien que monseñor Casaroli es el encargado de los asuntos vaticanos que rozan la política internacional. Y hubo que dejar la cena a medias para plantar guardia ante la Nunciatura. Y allí vimos entrar a los representantes de Nigeria y, minutos después, al presidente Obote. Hora y media más tarde, cerca ya de las doce de la noche, los coches diplomáticos abandonaron la Nunciatura. Pero no fue posible conocer nada de lo allí tratado. Supimos, sí, que durante noventa minutos Ebihoro se había entrevistado con el Papa y el presidente Obote, que ha visto crecer durante estos días su estatura hasta convertirse en un verdadero mediador. Pero lo único que en la Nunciatura se nos dijo es que tal vez el Papa haría alguna declaración. lf esto es lo cue se espera haga en su discurso de despedida de África, en el aeropuerto. Quizá una posterior crónica pueda añadir algo a éste respecto. Digamos mientras tanto que la mañana ha tenido toda ella un aire mágico de iglesia primitiva. Inolvidable el encuentro con la iglesia angrlicana, a mi modo de ver el más hondo encuentro ecuménico celeíbrado hasta el presente. Y digo el más hondo porque nadie practicó nunca un ecumenismo más verdadero que estos mártires, ya que nada hay más alto y más fraterno que morir juntos por una misma Roma 2. Su Santidad el Papa Pablo VI llegó, a las once y doce minutos de esta noche, a Roma, en viaje de regreso de su visita de cincuenta y dos horas a Uganda. -Efe. puesta que ha dado a la pregunta del vecino. Y de todas ellas podría hasta construirse una entrevista. La de esta noche sería más o menos así: -Santo Padre, ¿contento de su viaje? -Sí, si, contento y lleno de esperanza. ¿Cree que el viaje servirá para algo concreto en lo referente a la paz? -Dios lo quiera, Dios lo quiera. Yo he hecho lo que he podido. ¿Qué le han parecido los católicos africanos? -Admirables. ¿Le veremos pronto por España? ¿Quién sabe, quién sabe? ¡Ahí- -Santo Padre, ¿cuál es el misterio de que al regreso de todos los viajes los periodistas lleguemos deshechos y Su Santidad esté más fresco que a la ida? Aquí una larga sonrisa es la única respuesta. Así se encamina a su final esta enorme aventura. Nuestro avión vuer la ya sobre el Mediterráneo mientras escribo estas líneas. Dentro de pocos minutos nuestro viaje concluirá en Roma y tendremos cue trazar con calma un balance de tan hondas jornadas. El Papa vuelve feliz y visiblemente rejuvenecido. Aún no se han borrado de nuestros ojos las imágenes del aeropuerto de Kampala, en el que los grupos de danzarines parecían no cansarse jamás de bailar y de contagiar su ritmo al aeropuerto entero, ni el recuerdo de la multitud de africanos que, mientras el avión pontificio levanta ba el vuelo, miraban extáticos, sin aplaudir, sin gritar, agitando lentamente la mano cuando más, abiertos de par en par los ojos, como para que la imagen del Pontífice quedara bien honda en su alma que no acababa de convencerse de que todo aquello no hubiera sido un sueño. -P. M. D. Y AHORA PRESENTA BOOM u Todas las noenes a las 12,30 ESPECTÁCULO TÍPICO ESPAÑOL PLAZA DEL REY, 7 221 18 08