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ANTIGÜEDADES Armadura del Rey iuls I, aun niño. AS gentes sensibles siempre gustaron de lo que corrientemente se llama antigüedades Objetos de otras épocas, un valor artístico, material o utilitario les aseguró su supervivencia. Sobrevi 1 silos, como ciertos árboles gigantescos la selva, que por su ostensible superioad son respetados en las talas. Esta vaación de lo antiguo se convierte casi en to en los Estados civilizados, cuidadosos enriquecer y proteger este bien común: hibición de exportar obras catalogadas el Patrimonio Artístico Nacional; libre portación, sin sujeción al pago de de: hos aduaneros, para todo objeto de anttedad acreditada, superior a un siglo, ígislación vigente en España, Estados ddos de Norteamérica y en otros varios íses. Derecho de tanteo, a favor del Esto, en las ventas de obras artísticas que edan interesar al Centro oficial compeíts. Suelven las antigüedades a estar en auEn España, porque hay un tardío brotar gusto de la casa, del interior atrayenEn el mundo, en general, porque eledo el nivel de vida de los más, la aniiedad, como adorno, redime del rastasrismo al nuevo rico. Se pregunta uno r qué están repletos los mercados de la ecialidad, de objetos bellos, como no lo uvieron nunca. Se paga más por lo buey por ello afloran las cosas bellas que s propietarios retenían, porque no les in esaba el precio insignificante que el chamilero les ofrecía. Lo escondido se muesi en cuanto la oferta es tentadora. Otras causas también contribuyen al auínto de las antigüedades: La reforma litúrgica, con su supresión imágenes y altares que ha secularizado nuestro santoral artístico y sus tallas or- buena marcha del negocio impone. ¡Qué namentales. hermoso vivir rodeado de cosas gratas, coLas particiones hereditarias, que impo- mo si uno fuera potentado coleccionista nen la venta de objetos valiosos para aten- de lo más precioso que la mano del hombre der al pago forzoso de los elevados dere- supo crear! Instalarse en un viejo barrio, en planta baja, con mamparas de cristal chos de transmisión. Para salir de un proindiviso esterilizador. que chirrían al abrirse, con contados dePorque excede el valor de objeto de lo pendientes, sin ruidos, sin olores, sin público adocenado. Un gato zalamero que, coque corresponde a un solo heredero. mo el rayo de luz, pasa entre los finos Hay, además, la compraventa, el true- cristales, sin romperlos ni mancharlos. Penque entre particulares, conocidas flaque- sando en su negocio, el anticuario compra zas de los coleccionistas. Las antigüedades a sabiendas cosas que no le gustan; no circulan, pasan de mano en rru o, de país en país. Algún cuadro compré yo, en su- sólo porque conoce que dadas las deleznabasta pública, en el que la Galería auten- bles preferencias de la mayoría todo ha tificaba no sólo el autor, sino también de venderse, sino también para exculparse, su pertenencia, desde el primer poseedor, ante su libro de contabilidad, al retener hasta el último que lo ofrecía en venta; para sí lo que a ningún precio vendería. como se acostumbra a hacer con las geEn antigüedades, también las modas camnealogías en las rehabilitaciones de títulos bian. Diríase que por ciclos que se repinobiliarios. Los grandes lienzos, como los ten. Ahora, en el sector mueble, se cotiza, perros de caza, se venden con pedigreé en Francia, el estilo Luis XIII, el que más español y que ¡Que hermosa ocupación la de anticua- se aproxima al austero viejos castillos, anrelegado a de rio! Para serlo con algún provecho es pre- tes estabapropietarios. En París, en la camodestos ciso, sin embargo, buen criterio para se- lle del Paubourg Saint Honoré, funciona, leccionar lo que se compra. (Siempre es con provecho, una tienda de antigüedades más fácil vender que comprar. Para com La En prar hay que saber ponderar el valor de que se titula verse casa del mal gusto Copiezas de diferentes lo que se adquiere; para vender sólo es ella pueden momento imperantes: el 1900 tilos, en un preciso sobrecargar el precio, pagado con- -Novelty- -Royalty- Negritos veneun tanto por ciento rentable. Son cada vez cianos. Canapés vis a vis de dos asienmás numerosos los compradores en pugna, tos, encontrados, en forma de ese; escenaen busca del objeto valioso. Un anticuario amigo me decía que le sobraban clientes rio en otros tiempos de galanteos amoroque quisiesen comprar, pero que cada vez sos. Los solemnes poufs ombligo de gile era más difícil reponer lo vendido. Este gantescos salones. atrayente quehacer del anticuario requieA mi padre nunca le dio por las corre además una virtud rara: el desprendi- batas, ni por los bigotes engomados. Fue miento. No apegarse a lo que, siendo de hombre culto, soñador y refinado. En una uno, le atrae fuertemente. Aceptar de buen época en que subsistían los mayorazgos: grado este desgarramiento moral que la como primogénito heredó, aparte del grue-