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AMVERSARIO DEL O quisiera pecar de reiterativo en este mi afán de recordar, a través de las páginas de A B C, en el transcurso de los años, a este personaje que llenó con su labor inteligente y eficaz más de un cuarto de siglo de la política nacional e internacional española contemporánea. En estos días- -precisamente el tres de agosto- -se cumple el XXV aniversario de su muerte. La vida de Francisco GómezJordana, teniente general del Ejército español, fue la de una vocación profesional dedicada, sin medida ni limites, al servicio de España. Desde su muerte, ocurrida en momentos cruciales para España, para Europa y el mundo occidental, han sucedido tantos o más hechos notables que durante la intensa vida de este personaje. El mundo de ahora es un continuo correr, y en esta carrera de acontecimientos que culminaron hace unos días con la llegada del hombre a la Luna es más fácil olvidar que recordar. Hoy cumplo, por ello, con un deber de estricta justicia al dedicar estas líneas a quien con su labor, que a veces no por prudente y callada dejó de ser notoria, contribuyó tan decisivamente a esta paz que durante años viene disfrutando España y que ahora cumple su XXX aniversario. Ministro de la Corona y presidente interino en el primer Directorio Militar; co- DE JORDANA indudablemente, pero impuesto por los vencedores después de una guerra en que se luchó decididamente, ha conducido a esta gravísima situación de insospechado ¡alcance, pues ya entran en la lucha Alemania, Polonia, Francia e Inglaterra, y, aunque las demás se hallan a la expectativa, difícil será que no acaben por intervenir, más o menos directamente, en la contienda la mayor parte de las naciones europeas... Dios ayude a España y la proteja evitando entre en este conflicto, pues ello sería catastrófico para nosotros. Una pequeña calle en Burgos, la cuidad de la Junta Técnica que él presidió, lleva su nombre; una flor colocada durante el caluroso agosto de 1944 por un obrero español sobre su féretro, expuesto en el palacio de Santa Cruz (Ministerto de Asuntos Exteriores) y el gesto espontáneo del pueblo de Madrid, que el día de su muerte cerró su comercio y llenó las calles rindiéndole un último homenaje fueron la compensación sencilla y modesta que él hubiera querido por sus sacrificios por España y por sus continuos aciertos. He querido hoy, una vez más, recordarte en estas líneas, porque su presencia en la política contemporánea española jugó un papel aún más importante del que ya se le reconoce en las páginas de nuestra His toria. R. HÍÍERCA N laborador íntimo del general Primo de Rivera, que le confió los problemas del norte de África; apoyo leal del Generalísimo Franco, de cuyo Gobierno fue vicepresidente y ministro de Asuntos Exteriores en dos delicadas oportunidades- -Guerra Civil y Guerra mundial- su persona aparece ligada a todo aquello que en España cuenta hoy día para su presente y su futuro: General Franco, Institución Monárquica y Movimiento Nacional. Paz en Marruecos, primeras negociaciones con Norteamérica; amistad con Francia; convenios hispanofrancés de los años 1926 y 1927 y Pacto Jordana- Berard durante la Guerra Civil española y, finalmente, la firma del Bloque Ibérico, que selló las bases de la amistad peninsular, fueron los puntos culminantes de su actuación, que tensaron los cimientos de nuestra actual política internacional. Su estilo de gobernar cauteloso y firme le valió el reconocimiento de españoles y extranjeros. El domingo 3 de septiembre de 1939, fechas en las que acababa de dsjar el Ministerio de Asuntos Exteriores para ser nombrado otra vez en el año 1942, escribía lo siguiente en sus notas: Comienza este cuaderno- al mismo tiempo que en Europa estalla el conflicto tan temido como Esperado. La desmedida ambición de Alemania o, tal vez mejor, la desmedida ambición del Führer, que quiere borrar el Tratado de Versalles, injusto,