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ALBERTI sus primeros pasos en la ciudad donde siempre temió que se le borrasen los limpios azules de su infancia de vientos y salinas. Y aquí, en estas grandes páginas, hinchadas como las velas de un bergantín, están- -como él relata- -los abetos de la glorieta íntima con su pequeña historia girando bajo la luna; y los poemillas graciosos de la niña vecina de su casa que le llevaba dibujos y él le respondía regalándole un ratoncillo mecánico lleno de ojos de colores; y el discurso burlón de cuando una vez se le antojó ser burro, divertimiento que parecía presentir algún poema escénico del libro Yo era un tonto dedicado mucho tiempo después a los grandes cómicos del cine mudo. Por todo esto hoy Rafael se siente emocionado, ya que significa su reencuentro, al cabo de tantos años, con su temprana poesía, que entonces ocultaba como un delito y que, después de tanta bamboleada vida, había creído perdida para siempre. Pero ahora, en 1969, aparecen limpios, puros y sin olor a naftalina los versos de tres años claves: 1920- 21 y 1922. De estos últimos- -dice Alberti- -que forman una unidad en técnica y espíritu. Más cerca, sin duda, dal creacionismo (Reverdy, Huidobro, Gerardo Diego) ya aparecen en ellos- -añade- -imágenes marinas, cielos como telones estrellados hendidos de cohetes y cometas, balcones, angelas, frutales y hasta algo de aquella melancólica nostalgia que habría de agudizarse plenamente en las canciones del marinero arrancado de su mar gaditana. Era la época en que Rafael ya oía hablar de García Lorca y más confusamente de Gerardo Diego, Guillen, Salinas, Dámaso Alonso, y cuando en el cielo claro de su admiración dominaban Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. Pero el autor de Platero y yo sólo conocía a Alberti como pintor, por haberle regalado Rafael un dibujo en colores titulado El castillo de irás y no volverás aunque en aquella fecha ya habíf escrito el soneto prehistórico en que le retrata de esta manera: Párpados fijos, toldos de la cera del cirio perennal de tu figura, cráteres de la blanca sepultura de tu ardiente y erguida calavera. Toda la vida se nos torna austera y yerma, y clara, y verde y llama pura, como si vuestra inmensa quemadura nos trasplantara el corazón afuera. No fuisteis cuerpo, sino lenguas vivas, viento, celaje, amor, lunas cautivas, atalayas del sueño solo y claro. Nunca jamás en nuestra noche oscura brilló lo terrenal de su envoltura; no fuisteis cuerpo, sino luz de faro. Ahí están, ahí están los versos tempra. nos, como diamantes caídos en la arena playera del Puerto de Santa María y en el adoquinado de las calles madrileñas, desprendiendo destellos y diciendo leedme Rafael Alberti y Abel Vallmitjana ante el libro titulado Poemas anteriores a Marinero en tierra Y uno de ellos, llamado Luna que me ha deslumhrado el alma por su bellísima sencillez, cierra estas líneas, con luz y susurro de seda, diciendo: Se santiguan los cielos Dios te salve María llena eres de gracia en el país del humo repican los cristales las estrellas destilan su alegría Dame tu corazón toma mi mano el Señor es contigo en el luto del mar en la lágrima de los campos te levanta el tronío de las olas el vals de las espumas Sol de los ventisqueros bendita tu eres entre todas las mujeres del sueño Dios te salve María sombrilla de las torres y bendito es el fruto que ha florecido esta canción. Era en 1922, cuando Safael no puntuaba. Volvería a la puntuación en 1923, al intentar el romance, la canción de corte musical, aún vagamente entrevista en los antiguos cancioneros y con cierto deje juanramoniano. Esto dice el poeta, pero, según Pemán, es cuando Alberto comenzó a irse de Angeles. Julián CORTES- CAVANILLAS