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MIRADOR acepta que unos y otros se asocien y midan sus fuerzas. Pero no quiere entregar el destino social a ese enírentamiento. Pide, en primer lugar, jurados mixtos para las cuestiones entre el trabajo j? el capital Reclama, además, leyes reguladoras de las fuerzas y libertades económicas, que empiecen por templar la manifiesta lucha que existe entre el capital y el trabajo Y exigs, en fin, que en este, como en cualquier otro pleito, sea siempre llamada a pronunciar su palabra decisiva la administración de Justicia Quinto. Concepto de la propiedad. Pi comienza considerando la propiedad como sagrada (1897) pero a partir de 1864 deja de ver tan sagrada la propiedad de la tierra no porque la ¡niegue, sino porque entiende que debe estar sometida siemper a la acción social, dependiente siempre de las leyes en suma, subordinada a los grandes intereses humanos Condena, sin embargo, el colectivismo: No soy amigo de la propiedad colectiva declara en 1871. Y al año siguiente, insiste: no es admisible el colectivismo ¡Sexto. Arbitrios técnico- administrativos. Además de la idea de fundar un Banco del pueblo que Pi considera como una panacea económica aue conducirá a la inauguración de todo un nuevo sistema de cosas se apuntan una serie de criterios. Destacaré, entre ellos, a petición de rebajar considerablemente los gastos del Estado, la condena de los subsidios agrícolas el establecimiento del salario mínimo, el reparto de las tierras públicas a los obreros, el repudio de la violencia revolucionaria hemos aconsejado siempre la prudencia a los obreros el repudio del maithusianismo y la aceptación de la emigración obrera como fórmula transitoria. En uno de sus últimos escritos, ya desengañado del sistema que le tocó vivir, expresa su deseo de que el poder salga de las manos de los hombres políticos Y concluye: Es ya imposible el sistema parlamentario. Sobre una contradicción descansa, de ficciones vive y bajo apariencias de libertad es aún absolutismo. En hablar es difuso; en hacer, tardo; en hacer y hablar, rara vez oportuno. Ligero en las cuestiones graves, se abarranca en las que promueven la ambicien y la codicia. Es siempre instrumento de partido; alma de la nación, en tiempo alguno. Por Gonzalo FERNANDEZ DE LA MORA PENSAMIENTO SOCIAL De F. PI Y MARGALL Ed. Ciencia Nueva. Madrid, 1988, 356 págrs. F RANCISCO Pi y Margall, barcelonés de 1824, muere en 1889. Fue uno de los tres presidentas de la I Rspública española. Escritor fecundo, su obra va desde la crítica de arte a la Historia; pero lo que ha quedado son sus páginas de doctrina politica. En este campo sus dos libros propiamente dichos son La revolución y la reacción (1854) y Las nacionalidades (1877) Una colección de diálogos con intención proselitista se imprimió en forma de volumen con el título Las luchas de nuestros días (189 G) Los trabajos que ahora se recopilan en este tomo son, en su mayor parte, artículos publicados en el diario La Discusión entre 1857 y 1864. Muchos de ellos eran de muy ardua consulta, por lo que, en cierto modo, se pueden considerar como redescubiertos. Se incluyen, además, un fragmento de discurso, un dictamen de 1872, un diálogo, el Programa del partido federal (1884) y el opúsculo postumo Reflexionse político- sociales (1901) Todos estos textos cubren el área menos conocida del pensamiento de Pi y Margall, porque estaba ausente de sus dos grandes libros. Me refiero a la cuestión social. La selección se debe a J. Trías, quien, además, ha redactado un objetivo estudio preliminar; El principal problema aue plantean estos escritos es el de averiguar el lugar que ocupan dentro de las ideologías decimonónicas y, especialmente, de la marxista. Me referiré a los temas que a este fin resultan más esclarecedores. Primero. Interpretación de la Historia. ¿Qué es lo que determina el acontecer humano? ¿Son las ideas o la estructura seonómica? La posición de Pi es claramente idealista: Una revolución no es fecunda en el terreno de los hechos sino cuando tiene bien determinados sus principios y está hecha en las ideas. Esta cita procede de. un artículo de 1858, y no es más que un desarrollo de los conceptos hegelianos que con reiteración aparecen en La reacción y la revolución Segundo. Misión del Estado. ¿Es partidario del intervencionismo o de una acción mínima y subsidiaria? Pi afirma con reiteración la autonomía del individuo y rechaza la tesis comunista de que la sociedad quede refundida en el Estado Esta noción es obsesiva en sus artículos. Todavía en uno de 1864 escribe: Condenamos, desde luego, de todo corazón, todo sistema social que empiece por negar la personalidad del hombre y le convierta en siervo del Estado. En el dictamen de 1872 se aventura el esperanzado pronóstico de que en el terreno de la economía los adelantos de los pueblos pueden llegar a hacer inútil la intervención del Estado En este punto fundamental no hay evolución. Pi ve el Estado como órgano de la justicia, no como gestor universal Confía más en el juego natural y espontáneo de las fuerzas sociales que en la acción de los Gobiernos Por eso combate acremente a L. Blanc y, en general, a los comunistas, a auienes acusa de fiarse del Estado, que es y ha sido siempre la incapacidad y la inercia... sacrificando por. completo el individuo, que es y ha ido siempre la inteligencia y el movimiento Con el transcurso de los años, Pi matiza su radical in- dividualismo inicial, el que le llevaba a sostener que el dejar hacer, dejar pasar ha de ser aún el principio de la política (1863) y preconiza una cierta intervención de los poderes públicos, aunque limitada. Tercero. La libre concurrencia. Es con- Francisco Pi y Margall trario a los monopolios, incluso políticos: Lo que no queremos es aniquilar el principio mismo de la concurrencia; lo que principalmente no queremos es combatirlo por medios contrarios a la libertad, con la acción del Estado. Hay, además, razones económicas: El valor de los productos, bajo el principio de la oferta y la demanda, es siempre más o menos arbitrario; lo que le hace acercarse hoy a su valor real es la concurrencia. Cuarto. La lucha de clases. Una de las expresiones de una sociedad concurrencial es la tensión entre patronos y obreros. Pi ACABA DE APARECER: REGRESO AL FUTURO de Francisco Alemán Sainz PREMIO NOGUES 1968 un relato dentro de la novelística más actual Durante la II República española y, paradcjicamsnte, también en nuestros días se ha intentado manipular el nombre de Pi y Margall como el de un patriarca desocialismo. Ahora bien si identificamos e. socialismo con el marxismo, lo que evitará equívocos exegéticos, he de concluir que la pretensión es tan infundada como arbitraria. En los dos grandes libros políticos de Pi y Margall y en ssta antología que nos ocupa no se (cita ni una sola vez a Carlos Marx, cuyo pensamiento Pi debió conocer tardíamente y a través de referencias indirectas, es decir, mal. Las tesis principales de Pi y Margall son radicalmente opuestas a las marxistas. Frente al materialismo histórico se proclama idealista; frente a la estatificación sale por los fueros del individuo y de la espontaneidad; frente a la planificación defiende la concurrencia; frente a la dialéctica de la lucha de clases preconiza su resolución arbitral; frente a la nacionalización de los bienes de producción considera necesaria la existencia del capital privado, y frente al colectivismo pide el ensanchamiento de la propiedad personal. Difícilmente se podrá encontrar un sistema de contraposiciones más elocuente. Pero si descendemos a niveles más subalternos, los contrastes se multiplicarían. ¿Cabe algo más antimarxista (Pasa a la pág. S de Mirador.