Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC. J U E V E S SI DE JULIO DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 3 L CRÓNICAS D I VERANO EN ESPAÑA GUARDIANES DE LA ARENA Los Arenales del Sol. -Dicen que Guarda mar, varias veces parcialmente sepultado por las arenas de su playa y dunas circundantes, ha sufrido también, en alguna ocasión, el embate de los temblores de tierra; movimientos sísmicos de pequeña intensidad, pero jnovU mientos al fin y a la postre. Nadie recuerda la última vez que las arenas hubieron de vomitar las casas vorazmente ingurgitadas, ni cuando se movió la tierra- -esa tierra donde la paramera libra feroz batalla de dominio con ef sembradío y la huerta- pero la leyenda, cuando menos, está en pie y a ella debe Guardamar parte de su fisonomía y de su personalidad. Pueblo multicolor, Guardamar no presenta, sin embargo, grandes contrastes cromáticos en las fachadas de sus casas, como temeroso d desafiar al sol, rabiosamente radiante cada mañana, con un color en demasía Intenso. Guardamar, que se derrama desde la carretera hasta llegar, como resbalando, a la playa, hace honor a su nombre poco antes de llegar al agua. Allí, apenas a veinte o treinta metros de la lengua húmeda de las olas, se alza una hilera de casas de una planta, todas iguales y con las paredes lindantes, hombro con hombro. Las casas siguen paralelamente la playa casi durante un kilómetro. Son un centenar de viviendas, acaso más, formando sólida barrera. Tina fila de casetas de baño promocionadas, un centenar o más de pies femeninos pisando la cabeza de la serpenteante arena. Guardamar, quizá para cubrirse de los riesgos catastróficos que la amenazan, según ío leyenda, tiene encomendadas sus calles a muU tiud de santos. Son calles sin empedrar o asfaltar, apenas alisadas y cubiertas de grava, pero el azulejo con el nombre del santo resplandece, haciendo juego con el campanario, situado en el centro de la iglesia parroquial, encima de la puerta; un campanario pintado de blanco y con el tejado rojizo- -la teja plana de Alicante- -con un cierto aire entrañable de alarma de bomberos. A una parte de la playa de Guardamar- -otra de las que se miden por kilómetros generosos- -parecen habérsele olvidado las ondulantes comilonas de la arena y los temblores. Tímidamente comienzan a apuntar inmuebles de cuatro y cinco plantas, rodeados de arena y de coches, dispuestos a vencer a la primera con la ayuda de los segundos. Guardamar, además, es ya un feudo de las gentes de Madrid, aunque con alguna incrustación francesa, y su porvenir turístico parece despejado. El Segura se desangra por última vez cerca de estas tierras, formando una gola que es casi el borbotón final de un herido a cuchilladas. Apenas un hilo de agua, sangre amarillenta, se empeña en cumplir el trámite geológico y jorgemanriquiano de ir a dar a la mar, aunque en verano su morir se apague en la arena, sin que su agua, esquilmada en mil huertas, aprovechada al infinito, se refresque S las vecinas olas. Más adelante la carretera se hace casi una línea recta, parece adivinarse que, una cincuentena de kilómetros más allá, la provincia y la costa cambian de nombre. -Pedro CRESPO. DE LOS FORAMONTANOS UN SAFARI FOTOGRÁFICO EN LA RESERVA DE SAJA Decía no hace mucho don Jaime de Foxá que la caza venía a ser algo s i m ilar a la a v e n t ura de conqu i s t a de una mujer, y explicaba a este respecto su desacuerdo con su entrañable amigo el doctor Rodríguez de la Fuente, más partidario de la caza fotográfica que de la caza a escopeta. ¿Qué hombre enamorado se conforma con sólo poseer el retrato de la mujer amada? argüía don Jaime de Foxá, y lo que todavía no sé es si don Félix le respondió que más valía así que tenerla muerta entre los brazos. Viene esto a cuento porque, emplazados los óteos días para intervenir en un safari fotográfico en el itinerario de la ruta de los foramontanos, he aquí cómo hoy nos hemos echado las cámaras de retratar al hombro y, anda que te anda monte arriba, hemos llegado hasta la gran reserva nacional de Saja, que es éste nombre de río y de pueblo en que abunda la trucha y la amistad, precedidos por Pepe el de Fresnada, aquel risueño campeón del mundo en la especialidad de la matanza de lobos, y de quien ya hemos hablado aquí anteriormente. Un safari fotográfico es, vive el cielo, una aventura entré nociva para los pies- -últimamente, sobre todo, tan desposados con los pedales del automóvil- -y entre curativa para los sistemas nervioso y respiratorio de quien interviene en la cacería. Efectivamente, el monte es duro de caminar, y más aún lo es para cuantos, como este inexperto grupo de inauguradores de la ruta de los foramontanos, apenas si sabíamos del monte algo más de lo que se explica en los tratados geográficos del Bachillerato, por lo que incluso llegó a darse la circunstancia de que alguno se personó en la escalada con alpargatas de playa, aparte mil colorines en el atuendo, que hasta a un corzo cegato hubiesen espantado a la irretratable distancia de mil leguas. Nunca te acostarás sin saber una cosa más, hermano. Y puestas así las cosas, y puesto asimismo que el corzo es más listo que el Unce y el jabalí más astuto que el águila, entonces, en efecto, sí es cuando puede sacársele algún partido al safari fotográfico, tumbándote a la bartola entre los heléchos del monte, a relajar los alambres de los nervios y a ensanchar la capacidad pulmonar. No obstante, es preciso decir, aunque sólo tres jabalíes fueron vistos por los alrededores, pese al excelente trabajo de ojeailores y podencos, que en esta reserva nacional de Saja, aparte esos tres jabalíes y la pareja de osos de que hablamos en anterior crónica, abunda el corzo, como queda dicho, hasta contarse por millares, y también el venado, y otros muchos cientos de jabalíes, y el zorro, y el lobo, y el rebeco, y el tejón, y la nutria, y la marta cibelina, y el águila real, y el excepcional urogallo. Ojos mejores para verlo es lo que Saja necesita, por cuanto los nuestros, agotados pronto por la soñadora espera, prefirieron cerrarse cara al sol, que era una obra de arte en aquellas tan altas cimas de Santander. Un safari así no podía quedar sin banquete postumo y, éste, celebrado al modo de las romerías, en pleno campo, a la fresca verita de un arroyo y bajo la placida sombra en movimiento de los altos arboles del bosque, no me quedo sin reseñarlo: tortilla a la española y queso del país, con acompañamiento de filetes de tüdanca y chuletas de cordero a la brasa, como aperitivo de la monumental empanada de chorizo y jamón que habrá, de salpicarse con el tinto bravo de la tierra, constituyeron los manjares del menú. ¡Jesús, y qué buen provecho nos hizo en el autocar, mientras la ruta de los foramontanos nos dirigía hacia Comillas, la villa ele los arzobispos, desde donde partiríamos más tarde hacia Santillana del Mar y hacia Altamirá, zonas más privilegiadamente pregonadas qué las recorridas hasta ahora, y en las que, por tanto, no es preciso ahondar con el comentario. Luego, el Escudo, y más adelante, Burgos, para dar, por último, el salto hasta Madrid, después de haber recorrido mil trescientos kilómetros y engordado un par de kilos en cuatro días, a volver a enfrentarnos con el calor a que la ruta de los foramontanos puso coto en las altitudes de Cantabria y en el perfil del mar. Esta es, pues, la ruta. Voluntarios para recorrerla, estamos seguros, no van a faltar, máxime cuando todos cuantos la realizamos nos hemos afiliado con el alma al próximo viaje. Que Víctor de la Serna, hermano, bien sabía por dónde bien se andaba. -Alfonso MARTÍNEZ GARRIDO. SANTA MARCA Terminada venta pisos Víctor de la Serna, 6, empezamos la venta del número 8 y número 10. Ver piso piloto, tardes, 5 a 8. Teléfono 23153 07 Precisamos para trabajar con trailla fuera de Madrid. Llamar: 25915 81 (9.488) TRACTORISTAS Mecánico confirmado de obra necesita empresa de Obras Públicas para trabajo fuera de Madrid. Uamar teléfonn 254 52 00 o presentarse avenida Genera) Perón, 10, bajo F. (11.740.