Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
S Á B A D O 26 DE J U L I O DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 7. una estocada. Lurnülano estuvo tan vaNOVILLADA EN MADRID leroso como embarullado en el quinto, que murió de una mala estocada. Sin oír más que muy débiles palmadas, emprende tozudamente la vuelta al ruedo, en la que oye muchos más pitos que aplausos. El sexto cabeceaba peligrosamente, Bautista Plaza de toros de Madrid. Seis novi- La discusión familiar fue muy agria. La prescindió del teatro. Pretendió un toreo de llos de Cortijoliva para Vicente Linares, madre y la hija clamaban: ¡Malditos to- adorno, valeroso, pero ineficaz. El novillo Juan Carlos Castro Luguillano Chico ros! El padre respondía: ¡Maldito co- le coge con mucho aparato y no me explico y Paco Bautista, de Jaén, nuevo en che! Camino de la plaza iba el hombre de muy cómo, afortunadamente, no le hirió. Se leesta plasa. mal humor. La polémica le descompuso el vanta sin aspavientos y con coraje mata Pocas familias he conocido de vivir tan ánimo. Toma el Metro, llega a Las Ventas. de una estocada que se ovaciona, con vuelapacible y feliz como la formada por un ¡Qué calor! Y se le representa El Paular ta al ruedo. padre, una madre y una hija, los tres ofi- con su ideal temperatura. ¿Tendrían razón? Muy cachifundie retornó a su casa el cinistas, los tres con sus buenos sueldos, ¿No estaría haciendo el canelo corrida tras consecuente aficionado. La paliza del calor merced a los cuales, y pese a la esclavitud corrida para ver siempre lo mismo? Porque había sido de aupa. ¿Qué había visto? Muy de la nfteina, se daban la gran vida. Y lo esto era ló desconcertante. Como es un poco. Unos detalles de un novillero eon buen aficionado, sufre lo indecible con el amaneramiento de la torería actual y con los oles de cinta magnetofónica y los aplausos mecánicos a todo y por todo, y la prodigalidad de las orejas. ABC. LOS TOROS Y EL AUTOMÓVIL Luguillano Chico abanica al quinto toro, que se lo agradece que pasa. No se aprecia lo que se tiene y se quiere más. La madre y la hija aspiraban a tener coche. El padre se negaba, alegando que ya no estaba en edad de conducir. La madre y la hija deliberaron y acordaron conducir ellas. Aprobaron ese examen que es ahora la pesadilla de tanta gente. Ahorraron de sus sueldos todo lo que pudieron y un buen día anunciaron al padre que ya tenían coche. La gran ilusión estaba cumplida. El coche terminó con la apacible y feliz vida de aquella familia. El padre se negó terminantemente a utilizar el coche, no ya por Madrid, sino en las excursiones de los días festivos. Esto exasperó a la madre y a la hija. El padre tiene un vicio, el de los toros. No se pierde corrida. Mientras no tuvieron coche, bien estaba que se fuera a los toros, pero ¡mira tú que preferir el aburrimiento rutinario e insufriblemente monótono de las corridas a los encantos de paisajes de muy diversa amenidad, a visitar las viejas ciudades vecinas a Madrid, como Avila, Toledo, Segovia, y tantos y tantos pueblos todos con su interés, unos pintorescos, otros artísticos! No tenía perdón de Dios. Era un adocenao Y nada, no hay forma de convencerle. Llega el día de fiesta, y la madre y la hija cogen su coche y ¡hala, venga á tragar kilómetros y a disfrutar en estos días caniculares del frescor serrano! y el padre comía solo, y a las cinco y cuarto de la tarde, con todo el sofocante calor encima, ¡hala, a Las Ventas a ver las faenas mecánicas y rutinarias de todas las corridas! En este día de Santiago, que casi siempre es uno de los más ardorosos del verano, madre e hija redoblaron sus argumentos para que les acompañara a El Paular, donde pensaban dirigirse. Le pintaron la maravilla del antiguo cenobio de cartujos, la temperatura ideal, la frondosidad de los pinares. ¡Y tú a una novillada sin el menor interés! ¡Todavía, si fuera un gran cartel! Y él, erre que erre. El buen aficionado no se puede perder corrida, porque en la que menos se piensa salta la liebre de una gran tarde de toros o de una faena memorable. Mientras pensaba todo esto sale el primer novillo. Es manso con el caballo. Con la muleta Vicente Linares tiene que tirar de él para obligarle a embestir. No lo hace mal. Lo lleva toreado en algunos pases. Lo lleva templado, pero rompe continuamente la faena para seguir la rutina. Un pinchazo. Una estocada que mata sin puntilla. Al rodar el novillo, Linares se entusiasma. Y se pone de rodillas ante su víctima como si la muerte fulminante fuera un milagro. Los orejófilos logran la oreja. El segundo es bonancible con la muleta. Luguillano! se beneficia de sus largas embestidas con una faena de parecidas características que la de Linares. Buenos pases, cortados por malas pausas. Lo de siempre, piensa el buen aficionado con la mente en El Paular. Luguillano mata mal de un pinchazo y media y descabella al cuarto intento. Al tercero Paco Bautista lo cambia con una vara. Como manda la rutina, brinda al público. Hay un poco de teatro en su brindis. Lo teatral siempre prende en las multitudes. La gente se esperanza y con ella nuestro buen aficionado. El novillo tardea en embestir. Esto no le importa a Paco Bautista. Con mucha teatralidad lo cita de lejos. Aumenta la esperanza. Empieza a torear. No se da mala maña. Sabe templar y mandar y, lo mejor de todo, es que entonces se olvida de la teatralidad. Torea seriamente y guarda los gestos histriónicos para las pausas y los paseos. Otra cualidad entusiasma con razón al público. Su decisión, su coraje, que contrasta con la actitud mecánica y rutinaria de casi todos los novilleros, que ninguno lo parece, que todos sé asemejan no á toreros noveles, sino los ya desengañados, a los que torean coa frialdad, como si k tuvieran todo hecho. Bautista pone vibración en sa toreo. Calor, tanto calor, como el de la tarde del día de Santiago. La gente le ovaciona también con calurosas palmas, no con las frías y mecánicas. El buen aficionado se sugestiona y da por bien empleada su negativa a la serrana excursión. El animoso muchacho realmente ha estado muy decidido. Mata de una estocada y corta una oreja. Pero aquí se terminó lo que se daba. Loa tres novillos restantes son mansos, los tres. El trio novillero se empeña en perseguir U única faena que conocen ellos y el público. No la logran. Linares en el cuarto, si en logar de dar pases sueltos de los que M iba el novillo, se hubiera metido eon él sin dejarle respiro, le hubiese dominado y obtenido más brillante resultado. Blata de Paco Bautista cogido por el sexto toro buen ánimo. En cambio, su mujer y sa hija le abromaron con el relato del espléndido día que habían disfrutado en la maravilla dé El Paular, pero no dio su brazo torcer. Afirmó que él también k había pasado divinamente. -Antonio DIAZ- CAÑABATE. En otras plazas TOROS DE CUATRO GANADERÍAS Barcelona 23. Corrida te toros en t Monumental, con reses, dos de dona PXar, dos de doña María y dos de don Manual Sánchez Cobaleda. Todos los toros demostraron poder y codicia ante k caballas, pero llegaron agotados y peligrosos ai tiltimo tercio; el cuarto, de doña María, fue retirado por manso y sustituido por uno de Antonio Ponseca Herrero, manso t a m bién. r En primer lugar actuó el rejoneador mejicano Gastón Campos, que rejoneó y m a t o un novillo de Manuel Sánchez CobeJedO. Exponiendo mucho, logro colocar tres jones sencillos, dos pares de bai una mano y un par a dos manos: tierra, después de unos pases de lo mató de una estocada; vuelta. En lidia ordinaria actuaron El PaqatecT. Antonio Lomelín y Pablo Gómez Tearoife El Paquiro ovacionado al torear 0 e capa en los dos toros de su lote. Al prinlero le hizo una faena de muleta a fijase de pases artísticos y salerosos; estocaaft; oreja. A su segundo lo trasteó de cerca, y con valentía; estocada y descabello, oreja. Lomelín se lució en banderillas e n cus dos toros, clavando tres pares al primero y al segundo dos y medio. Con la muleta, a su primero le hizo una faena valiente y artística, eon pases de diferentes mareas sobre ambas manos; mató de un pinchazo y estocada; oreja. A su segundo, faena pie tuvo como basé una tanda de pases con la JlV w semanario El Príncipe Juan CarloSr mano izquierda; estocada casi e n t e r a vuelta. Pablo Gomes Terrón se lució con la capa en sus do toros a los que lanceó mus