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Pequeña playa en donde se apiñan tos barcos... palos o la chimenea y que permanece iner- riano. En Tabarca el mar parees contrime, aguantando el embate de las olas. A buir a la consecución de una extrema hora y tres cuartos- -sesenta y cinco psse- aridez. Isa isla no produce absolutamente tas ida y vuelta- -de navegación desde Ali- nada; sus escasas tierras, la roca abuncante, las golondrinas del puerto realizan dante que las circunda aparecen como frecuentes excursiones- -a las ocho de la cubiertas de un polvo de sal que niega la mañana se parte y a las dos y media de la fecundidad. tarde se llega de nuevo a puerto- -llevanEn cambio, jamás un coche holló sus do una multitud de turistas los días de brevísimas calles. El silencio, la quietud diario y cantidades industriales da excur- lo envuelven todo cuando los excursionissionistas con merienda los festivos. La tas desaparecen. Unas barcazas traen de marcha de la golondrina permite con- tien- a firme carne, verduras, frutas, bebitemplar, paso a paso, la bahía de Alicante, das s incluso agua. La luz, producida por convertida, en la margen que va hacia el un grupo electrógeno, se corta a las doce cabo de Huertas, en un reducido Manhat- de la noche. No se ve una antena de teletan, semidesértica en la otra, hacia el cabo visión. El tiempo no cuenta en los interds Santa Pola. minables diálogos ds la piel con el sol La iglesia, neoclásica, como un bastión y el mar. más de la antigua muralla que mandase Foco más de doscientos son los habitanconstruir Carlos IH como pieza de estra- tes, los robinsones de Tabarca, descentegia marítima, para evitar aue allí se re- dientes de aquellos seiscientos genoveses fugiasen piratas y corsarios, aparece, en la rescatados por los españoles del dominio lejanía, sobre la rasa cubierta de la isla, del moro en la legendaria Tabarka, otro dando una seca bienvenida al que llega. islote a poca distancia de la- costa tuneEl pequeño fondeadero tiene adosada una cina, Ai el siglo XVm. Todos esperan el playa minúscula, preparada para recibir, milagro del turismo, la redención de L Illa abrazándolas desde sus extremos rocosos, plana de su estático vivir, desangrada algunas embarcaciones de recreo y a las día a día en una emigración con cuentabarcas da los pescadores de la Isla. Al otro gotas. Y ya han comenzado sus novenas, lado, atravesando apenas una lengua de aun cuando, por no saben exactamente tierra, hay otra playa, de arenas finísimas qué orden, esté hoy prohibida la consy blancas, con dos aguaduchos, que es la trucción de cualquier casa más en aquellos destinada a los bañistas. terrenos. En uno de los aguaduchos- -boApenas dos calles paralelas que se unen cadillos, cervezas, refrescos y pastillas conen dos placitas, junto a la igíesia. Casas tra el mareo- -con toldo de cañizo para evide una sola planta, excepcionalmante de tar el implacable sol. me informan de que dos, para no atentar contra la plana con- en la isla se alquilan habitaciones con figuración de la isla. Algunas palmeras pensión completa. Son, todo incluido, 175 atormentadas por el sol, en una de las pesetas. Y una treintena de turistas, en plazas; un aljibe donde las mujeres aguar- su mayoría franceses, constituyen este año dan, pacientes, acompañando una larga la avanzada de los posibles veraneantes, fila de garrafas, su turno para el agua; los refuerzos para los robinsones, cercados unos muchachitos que juegan a la petanca por todos los vientos, con un inmenso azul frente a la severa iglesia, aprovechando una por cinturón y mortaja permanente. de las pocas sombras. Las estampas bien podrían pertenecer a un poblado sahaPedro CRESPO