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MADRID, V I E B: N E S 25 DE J üLI 0 DE 1969- NUM. 19. 764 TR ES P E S E T A s DIRECTOR; TORCÜ TO LÜCA DE TENA. DEPOSITO LEGALt M- 13 1958- 96 PAGS. LA AVENTURA LUNAR FINALIZO AYER CON ÉXITO ABSOLUTO Washington 24. (De nuestro corresponsal, por teles T r e s ameticanos rubios, cuarenta kilos de materia lunar y el miedo a gérmenes desconocidos han regresado hoy en su cápsula espacial a la Tierra en aguas del Pacífico central, a bordo del portaaviones H o rnet traídos por el h e I i c óptero número 66 de la misión de rescate. Ha sido una operación espléndida de remate a una sensacional aventura humana en esa magna expedición a la Luna emprendida desde Cabo Kennedy, Florida, el 16 de este mes, con el lanzamiento del Saturno V Ocho largos días en la historia de Estados Unidos y de la Humanidad y en la vida de cada uno de nosotros, viejos y jóvenes, que marcará el futuro, largo o breve, de los tres mil quinientos millones de habitantes de nuestro planeta. En el Centro de Control de Vuelos de Bouston, que dirigió minuto a minuto las maniobras de subida, alunizaje, exploración y regreso a la Tierra de los astronautas Armstrong, Aldrin y Collins- -nombres para loa libros de Historia- hubo esta tarde la explosión de angustias contenidas. Banderas americanas, gritos de entusiasmo, lágrimas en los ojos, cigarros puros y la expansión de las tensiones de un trabajo científico bien ejecutado en la más difícil empresa del hombre hasta ahora en los espacios siderales. Hubo en Houston hoy como un estado general de embriaguez entre los hombres que con sus computadoras y sus matemáticas establecieron la ruta de los astronautas hacia la Luna y de regreso a la Tierra en ocho asombrosas jornadas. Cuando Norteamérica ha comprobado hoy. viendo a sus hombres de regreso, que no se trataba de un sueño, ha habido aquí una explosión de frenético y orgulloso nacionalismo, desde Nueva York a San Francisco, desde la frontera canadiense a la mejicana, deconocido desde los días jubilosos de la paz de la II Guerra Mundial, cuando las masas se abrazaban en las calles de las ciudades y los pueblos y los hombres y las mujeres bailaban y se besaban alocadamente en Times Square y en las granjas de la nación. Xa escena del regreso de los astronautas al Hqrnet fue impresionante. No la Igualará la mejor ciencia- ficción. A bordo del gran portaaviones se encontraba el presidente, Richard Nixon, su secretario de ÉStaóo, sus asesoren los mandas navates Excepcionales medidas deaislamiento para evitar la cabina La trihelicóp: impermeables f máscaras de oxígeno. Antes de embarcar en el helicóptero los astronautas h a b í a n gio en las aguas del te neutralizada. La la expansión de gérmenes que hayan podido traer consigo los astronautas NIXON SALUDO A ARMSTRONG, ALDRIN Y COLLINS A TRAVÉS DE UNA PANTALLA DE CRISTAL Explosión de orgullo nacional en Norteamérica, desconocido desde que acabó la ultima guerra la escuadra del Pacífico, en espera de los astronautas, pero había un problema: el de la posible contaminación en la Luna, el riesgo a traer a la Tierra gérmenes y microbios lunares capaces de provocar aquí, en nuestro planeta, tormentosas infecciones de contaminación producto de un sistema biológico desconocido. Esta idea, este miedo, dominó hoy la operación de rescate de los astronautas. Las precauciones de los científicos de la N. A. S. A. alertados por las advertencias de un ejército de hombres de ciencia alarmados, f u e r o n terminantes. A bordo del portaaviones había un vehículo móvil de aluminio que acogería instantáneamente a los astronautas y los encarcelaría para una cuarentena de veintiún días. El vehículo es una obra maestra de las artes de instilación de los cuerpos y los gérmenes. El helicóptero que conducía a los astronautas fue bajado a un hangar inferior del portaaviones. Sus tripulantes, a través de un túnel de plástico, sin contacto con el exterior, han pasado del Apolo fue regada con un poderoso desinfectante por un médico de la N A. S. A. El presidente se encontraba en el baque para dar la bienvenida oficial a los astronautas. Tuvo que hacerlo a través de una pantalla de cristal. Armstrong, Aldrin y Collins, después de un examen médico previo, se acercaron al ventano través del cual les hablaba el presidente. Más que la creación del mundo, lo que contó hoy a bordo del Hornet fue el miedo a alguna contaminación a los gérmenes desconocidos de otro mundo traídos a la Tierra por los tripulantes del Apolo XI Hay que dar mesura a los acontecimientos. Aquí tenemos a científicos de prestigio que afirman que todas estas precauciones son ridiculas y otros que piden que la tripulación del Apolo tiene que someterse a una cuarentena de dieciocho meses. Armstrong, Aldrin y Collins fueron y han vuelto, y todos los superlativos son hoy insuficientes. Esos tres hombres, encerrados durante veintiún días en su cárcel de aluminio, héroes del espacio, mártires de una espléndida odisea, segregados de su sociedad, tendrán que esperar el dictamen de los doctores antes de que puedan volver a su casa, al mundo que los formó y a los arcos de triunfo que los esperan en toda la nación. Hoy son robots dominados por fuerzas implacables e indiferentes a sus emociones humanas. La jornada del regreso ha sido hoy magnífica y todo ha salido como se había planificado. La operación de rescate ha sido larga, pero eficiente y segura, y Estados Unidos se encuentra hoy en cabeza de la carrera espacial, muy por delante de la Unión Soviética. El presidente Nixon estaba en la Jornada de hoy más radiante que en ningún otro momento de los seis meses de su Administración. -José María MAfíSIP. (MAS 1 NFORMAj CION EN PAG. 23)