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UNA TRADICIÓN JACOB EA LÉRIDA E N la Leyenda Áurea jacobea hay bellísimas y poéticas facetas como viejos romances del Medioevo, al que pertenecen. Una de las más deliciosas es sin duda la de la ciudad de Lérida, que aún hoy, en los 24 de julio de cada año, celebra su procesión infantil de los Fanalets de la que ya nos hablan los cronistas del siglo XVI. En el camino de Santiago tuvo Lérida un papel importante y lógico, y los hospitales y hospederías per acollir pslegrins que anaven a Ssnt Jaume de Galicia fundados a lo largo del Segre, y las capillas que, dedicadas al Santo, se fueron levantando en todos los lugares de la ruta, nos dan buena prueba de ello. Principalmente, a partir del siglo XII los peregrinos de la Provenza, el Languedoc y la Lcmbardía siguieron la ruta de Puigcerdá, Seo de Urgel, Balaguer y Lérida, dejando a su paso, y como agradecimiento a la hospitalidad hallada, el regalo de la devoción jacobea, de tan firme arraigo en esta región y que fue jalonada por un rosario de leyendas religioso- poéticas. La vieja tradición nos habla del paso de Santiago, Hijo del Trueno, por la ciudad de Lérida, al regreso de su evangelización aragonesa. De ella dimana la leyenda encantadora del Peu del Romau (Pie del Romero o Peregrino) que no es sino el propio Apóstol quien, con una espina clavada en el pie, hubo de detenerse, en la calle Mayor, vencido por el dolor. Esta calle Mayor, arteria de la ciudad, como en todas las villas antiguas, era el paso obligado de los que llegaban y de los que salían, hito urbano de los caminos. Este que nos ocupa llevó en el siglo XtlI el nombre de Perxe (pórtico) de Sent Jacme y el trozo correspondiente al lugar que señala la leyenda como el de la dolorida detención del Apóstol, se llamó lo carrej de Sent Jacme del Peu d e l Romeu Se alzaba en ella un arco en cuya clave una imagen de Santiago recibía veneración del vecindario desde tiempos remotos. Y en aquella esquina se edificó más tarde una capilla conmemorativa a cuya fachada se trasladó imagen del Santo al ser aquel derribado. El cronista Pinestres nos describe en el siglo XVm la tradición, que recoge dojn José Lladonosa: Dicen estos moradores, y lo decían otros que les precedieron; que llegó a esta ciudad el Apóstol en traje de peregrino y que, cerca ya de la población, se clavó una espina en la planta del pie, causando su penetración vehemente dolor y tormento a su fatigado cuerpo. Al llegar a un cierto paraje que ahora le llaman el Pie del Peregrino, y en el idioma del país lo Peu del Romeu obligó el dolor al Santo a tomar descanso y aun a dar algunos suspiros y áyes que movieron la curiosidad de algunos vecinos a inquirir la causa de su desconsuelo, e instruidos de la fatalidad del Peregrino acudie- ron con luces a registrar el pie dañadc le quitaron la espina con mucha piedac le acompañaron a un hospicio que aún ¡ñalan a la otra parte de la ciudad H pital den Serra) Añaden que al otro en el mismo hospicio, o fuese Hospit dio el Santo razón de sí, de su peregrin ción y de su doctrina, anunciando al pt blo la vida de Jesucristo, su pasión y muerte. ¿Cuál fue el origen de la tradicior procesión infantil que todos los años, de de remotos siglos, la víspera de San Ji me acude con farolillos a la capilla q conmemora el hecho, y qué relación pu den tener los Panalets con aquél? Tal vez es el recuerdo de los peregi nos que, cansados de los difíciles y larg caminos, hacían su entrada en la eludí que se les ofrecía como un oasis de de canso cantando cánticos que el pueblo se cilio que los acompañaba a su paso p ella, a fuerza de escuchar y repetir, cu miló y que, con las naturales modifie dones impuestas por el tiempo, son 1 mismos que hoy cantan los niños ilerdei ses en la víspera de la fiesta del San Romero, cuando se dirigen a saludarle su capilla: Sant Jaume ve de Galicia Sant Jaume ve d Aragó per a- portar aU filis de Lleyda la fe de Sostre Senyor. Carmen NONELL