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EDITADO POR P R E N S A ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA M D R I D FUNDADO EN 1906 POR DON TORCUATO CUCA DE TENA BC REDACCIÓN Y TALLERES: SERRANO, 61- MAÜRH) S EGÚN la Biblia, al prohibir el faraón a los hebreos que abandonaran la tierra de esclavitud para ir en dirección de la Tierra Prometida, Moisés castigó a Egipto haciéndole soportar las diez plagas siguientes: 1) el agua del Nilo, transformada en sangre, no resultó potable durante varios días; 2) 3) 4) Egipto fue devastado sucesivamente por las ranas, los mosquitos, las moscas; 5) Una epizootia mató a gran número de animales; 6) Un mal misterioso llenó de úlceras a los hombres; 7) Una tormenta espantosa destruyó parte de las cosechas; 3) Una invasión de langostas asoló cuanto el granizo había perdonado; 3) Las tinieblas cubrieron a Egipto; 10) El Señor hizo perecer a todos los primogénitos de los egipcios. Imitando a la Biblia, el gran naturalista austríaco Konrad Lorenz establece el censo de las plagas del mundo moderno. Son estas siete: 1) La explosión de la población. Los progresos de la medicina, de la higiene, de la dietética, han aumentado considerablemente la duración media de la vida, que, de apenas cuarenta años en el siglo XVII, ha pasado hoy, en la mayor parte de los países occidentales, a setenta y cinco años. Actualmente sobrevive la mayoría de los recién nacidos. Antes las criaturas morían cual moscas. Las mujeres embarazadas o las mujeres que acababan de dar a luz morían también con frecuencia. Ahora ocurre esto pocas veces. Consecuencia: el planeta está saturado de población. En breve plazo no se podrá alimentarla. La violencia estalla entre esos racimos humanos acumulados, como explota en un compartimento de tren archirrepletb en el que a los viajeros no les queda más remedio para respirar que romper los cristales de las ventanillas. 2) La competición comercial. Por obra y gracia del infinito desarrollo del maqumismo producimos más de prisa y a mejor precio. Para colocar los artículos producidos, los países se entregan a una guerra económica. Dentro de cada nación, las firmas se disputan los clientes mediante orna publicidad delirante que embrutece al consumidor y erige en ido- LAS SIETE PLAGAS DEL MUNDO MODERNO los de una religión bárbara a la lavadora, al refrigerador, al automóvil... El consumidor se convierte en una máquina que consume lo que otras máquinas han producido. 3) La pérdida de la tradición. La aceleración de los descubrimientos es tan fulgurante que ninguno tiene tiempo de imponerse. Apenas acaba el hombre moderno de adaptarse al precedente cuando ya ha surgido el siguiente. Vése obligado, pues, a reciclarse sin cesar. Permanece suspendido entre los descubrimientos cual pájaro en una rama agitada por el viento. Los jóvenes tienen la impresión de que la experiencia de los adultos no les sirve ya para nada y, naturalmente, merlos aún la tradición, esta experiencia de siglos. Los jóvenes han roto con el pasado. Y un país sin pasado es un árbol sin raíces. Es presa de todos los vendavales. Origínase así un terrible malestar psicológico en los viejos países de Occidente. Entre los adultos que sufren viendo maltratado ese pasado tan valioso para ellos, pero cuya defensa no se atreven a asumir. Entre los jóvenes a quienes su desprecio por el pasado priva de referencias, de puntos de comparación, de cuadros y, también, de misteriosas vitaminas indispensables para el organismo. Privados del pasado, los jóvenes pierden el sentido del equilibrio, cual carneros locos aquejados de tornada. Pierden asimismo el poder creador, que sólo puede hallar sus temas en el pasado porque únicamente cabe hacer algo nuevo partiendo de algo viejo. 4) El debüitarmcnto genético de la Humanidad. La herencia se empaña y se marchita. El divorcio entre los jóvenes y los adultos impide recoger a los primeros la herencia de IOK, segundos, herencia que aquéllos enriquecerían con su aportación. Los jóvenes se comportan como huérfanos rebeldes que buscan su camino a tientas en un universo de ruinas, lejos de los palacios de las civilizaciones hereditarias. 5) El adoctrinamiento. Ciertas ideologías monolíticas causan la asfixia del libre examen, de la crítica, de la tolerancia que, poco a poco, en el transcurso de los siglos, el humanismo había ido aportando a los hombres. Atiborran a los pueblos de una doctrina prefabricada, que han de engullir en bloque, sin poder permitirse la menor reserva, el menor matiz. El hombre que intenta introducir la más pequeña interpretación personal en esos dogmas totalitarios queda aplastado por el Estado. 6) Konrad Lorenz dice sonriendo qu no se acuerda de la sexta plaga. Opino yo que se trata de la guerra entre los jóvenes y los adultos, resultante de las tercera y cuarta plagas. A mi entender, constituye ello la plaga mayor del mundo moderno, el pecado inexpiable que envenena el manantial de las sociedades, prohibiéndoles todo progreso, toda felicidad y preparando su muerte. 7) La guerra atómica. Konrad Lorenz declara, no sin humor, á este respecto: Me parece, con mucho, la plaga menos peligrosa. Para mí, la plaga más atroz es el anatema que los hijos lanzan contra sus padres, y la cobardía de estos mismos padres, los cuales, dejando a sus hijos en estado salvaje, en vez de educarlos, suscitan esa maldición. La salvación depende de la iniciación de la vida, de la energía con que los padres preparan a la e x ü tencia a los frutos de su amor. París, 1969. Exclusiva Paul GUTH para ABC MADRID, 2657802- BARCELONA, 2305836 VALENCIA. 272826 Fábrica. Santiago de Compostela.