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ABO. S Á B A D O 19 DE J U L I O DE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 35. CRÓNICAS D I VERANO EN ESPMA COSTA BLANCA LA MONTAÑA LA RUTA DE LOS FORAMONTANOS LA AVENIDA DE NIZA Alteante 18. La Diputación Provincial alicantina ha colocado en diversos puntos de la capital irnos murales alusivos al monumental desarrollo de la ciudad, reflejando, en sucesivas estampas, una serie de aspectos de la misma en los últimos cien años. Poco más de cien años hace, que el ferrocarril llegara a la bella capital de la Costa Blanca. Y apenas diez del inicio del boom turístico. Si Alicante ciudad ha crecido, sus cercanías, los minúsculos pueblos de su costa inmediata la han dejado atrás. Quien conociera, tan sólo hace diez, doce años, los perfiles poco atractivos de La Albuferetá o la tímida hilera, de chalets que seguía paralelamente la playa de San Juan, no reconoce ahora esos lugares, disfrazados de Casia Azul i- -el trozo mejor pavimentado y urbanizado de la playa de San Juan ha sido bautizado, precisamente, como avenida de Nisa- en una sucesión de rascacielos, de edificios de cien, doscientos e incluso más apartamentos; de supermercados, bares, cafeterías o nigthde supermercados, bares, cafeterías o nigthchés situados sin apenas solución de continuidad, a lo largo de más de diez kilómetros, hasta pasar el antiguo pueblecito pescador de Compelió, Las especiales características del invierno alicantino se vén, además, reflejadas en esas construcciones. No basta ya con que las gentes se apiñen ordenadamente, ocupando cada centímetro de arena o roca, en los días de sol veraniego. Además, unos significativos carteles anuncian, en los escasos hoteles y en los superabundantes edificios de apartamentos, que existe servido de calefacción. Y el Consulado de Francia, guisa por razones prácticas de proximidad a su sema de influencia más característica, te encentra instalado no en Alicante, sino en La Albuferetá, ciudad nacida ya adulta, que pasó del arenal semipantanoso al rascacielos gigante sin transición. Allí las rocas han sido voladas para ensanchar la atormentada carretera, para fabricar terrazas donde asentar edificios, para rellenar pendientes- y evitar precipicios. En San Juan, siguiendo la gozosa y abigarrada mescolanza de la margen izquierda de la carretera- -según se va hacia CatnPeüo- letreros en cinco idiomas indican la presencia de toda clase de establecimientos, desde restaurantes- -paella es palabra plenamente internacional- heladerías, tiendas de objetos de recuerdo y cesterías, a peluquerías para clientes caninos. Por la noche la zona resplandece y se atraganta de luz y animación, aunque ésta tenga un sello más burgués y menos agitado- que en otras zonas veraniegas de la costa. Falta que este iroso de la Costa Blanca- -blancoaynarillenia en sus arenales antes desérticos, blanca y rosa en sus salinas y saladeros, blancoverdosa en el agua mansa que lame sus llanas y kilométricas playas, blancoañil en las crestas de las olas, mar adentro- -atempere su prisa por crecer, asiente su ambición de anfitrion- a universal, su generosidad para recibir al que llega. Entonces Nisa habrá de bautizar alguno de sus paseos olvidando melancolías. Surgirá allá una avenida de Alicante, en homenaje a lo que hoy es ya una sabrosa realidad turística. -Pedro CRESPO. DESDE EL CASTILLO DE AMPUDIA A UN ALMUERZO EN V 1 LLALCAZAR s j H H i i n i UBRBBl WBSHfflBP Perdón. Digo perdón, porque cuando ya Víctor de la s Serna ha relatado c o n su añorada palabra la historia de los foramontanos, r e sulta casi insolente la decisión de Iiteraturizar nuevamente estos caminos. Pero he aquí, c o m p a ñ e r o que el Ministerio de Información y Turismo, a través del servicio de Rutas Nacionales, acaba de inaugurar la correspondiente a los to ramontanos, misión en la que nos embarcamos un nutrido grupo de periodistas y representantes de agencias de viajes, con la predisposición común de agrandar los ojos ante el asombro que siempre produce la incorregiblemente hermosa España. ¿Será, acaso, necesario reseñar que foramontano es sinónimo de fuera del monte y que con dicha expresión se denomina a los buenos españolitos que abandonaron las tierras del Norte para repoblar Castilla en los inicios de la Reconquista? Tierras de Patencia, Santander y Burgos, caminadas por Víctor, el entrañable, en cuyo homenaje se nacionaliza esta ruta, enseñan la barriga de sus paisajes entre atroces y encantadores, al autobús inaugurado! Vayamos por partes; Echando a un lado la carretera general de Madrid a Santander por Valladolid, abre al viajero su corazón Ampudia, ya en la provincia de Palencia, donde los campos de tierra típicos de la región acogen el castillo que perteneció, primero, a doña María de Meneses. y al conde de Salvatierra después, y más tarde, sucesivamente, a las Casas de Alba y de la Granja, hasta el día de la fecha, en que un fabricante de galletas- -que alguien fabrique juguetes o galletas cuando se marcha camino de la Luna es un suceso que enternece- el palentino señor Fontaneda, lo ha restaurado con sus medios propios y convertido en un inolvidable museo de tallas policromadas, donde se cuentan cerca de cuatrocientas piezas de infinito valor artístico e histórico. El pueblo es plato aparte, y acaso también plato fuerte para los que gustan saborear la emoción de las anchuras castellanas. Esas calles de Ampudia, cobijadas por arcos y soportales en los que el tiempo y la sombra parecen haberse detenido, suponen una obra maestra de la nostalgia. Allí está la colegiata, en cuya torre ondea la blanca bandera- -hasta que la lleve 1 viento- -significativa de que un sacerdote de la región ha cantado su primera misa, donde reposan los Herrera y los Ayala, y que fue erigida por el duque de Lerma hace la friolera de trescientos sesenta y un años, cuando desapareció la vieja antecesora de Husillos. Tanta historia prevalece en estos campos y en estas piedras, tanto sudor y tanta esperanza se manifiesta ahora en el rostro de estas gentes, que el recuerdo de la visita al castillo, a la colegiata y a Ampudia, en fin. donde, por existir, existe hasta una taberna andaluza, es preciso introducirlo en el archivo mental de. donde se extraen, a veces, las ansias irremmciables de un pronto regreso. Palencia, la capital, entre Ampudia y V i II a 1 c á z a r de Sirga- ¡qué pueblo! tal y como reza su inevitable cartelito para propagandearse desde los parabrisas de los automóviles- vamos, con permiso, y previa aceptación de nuestras disculpas por parte de los palentinos, a atravesarla de largo. Falencia, pese a que. su catedral sea denominada por el apodo de l a bella desconocida cae en medio de muchos caminos, éste de los foramontanos entre ellos, y a todos resulta más fácil dar con ella que con estas otras pequeñas aldeas incluidas en la ruta, y tan faltas, hasta el momento, de pregoneros. Villalcázar de Sirga es pueblo para detenerse a almorzar y para caerse de espaldas ante el descubrimiento de sus monumentos románicos. En lo que se refiere al condumio, en Villalcázar nos recibió el mesonero, llamado Pablo, y después de darnos la cumplida y respetuosa bienvenida nos ofreció de yantar según nuestro gusto y conveniencia en paz y sosiego, considerándose el dicho mesonero muy honrado con nuestra visita y confiando en que, con la ayuda de Nuestro Señor y de la Virgen Blanca de Villasirga, repitiésemos nuestra visita para bien de nuestra salud y prosperidad del dicho viejo mesón. Con relación al románico de Villalcázar, y dada la amplitud del tema, mejor será por ahora dejarlo reposar serenamente mientras realizamos la importante digestión de tan no menos importante almuerzo. Que esta ruta de los foramontanos, como las vetustas novelas por entregas, Dios mediante proseguirá. -Alfonso MARTÍNEZ GARRIDO.