Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LA MAR: SOLUCIÓN Y CONFLICTO S I en algo están de acuerdo los sociólogos, los economistas y los políticos es en que la. vida, del hombre sobre la tierra está condicionada, en esencia, por dos factores básicos: la técnica y los recursos. En el año 2000- -de aquí a treinta años- -habrá sobre el planeta seis mil millones de seres humanos. Para entonces muchos de los recursos naturales que actualmente nos brinda el suelo y el subsuelo terrestre estarán en el limite de sus posibilidades o se mostrarán angustiosamente insuficientes. Quizá algunos se hayan agotado. Habrá que buscar, como sea y donde sea, nuevas fuentes de energía, nuevos filones de materias primas, nuevos depósitos de sustancias alimenticias, para que esa ingente masa de hombres pueda subsistir. La otra alternativa seria, sin duda alguna, apocalíptica: guerras, hambres, miserias, enfermedades. Estos son los términos escuetos en que se plantea el problema de los problemas del futuro de la Humanidad. Para este problema, de vida o muerte, la solución, posiblemente la única solución definitiva, esté en el mar, en ese inmenso desconocido. Cuando la tierra se canse de dar petróleo, carbón, gas, uranio, etc. ahí estará el mar con la energía inagotable de sus mareas y de su oleaje. Cuando el suelo terrestre llegue al limite de su capacidad de cultivo agrícola y ganadero, ahí estará el mar virgen, con sus inextinguibles posibilidades de cultivo de vegetales y animales. Cuando los filones de las minas terrestres comiencen a debilitarse, ahí estará el fondo del mar, el inmenso e ignoto fondo del mar, esperando a ser perforado para abrir sus entrañas y entregar las riquezas que sin duda encierra. A lo largo de la Historia el hombre ha venido contemplando el mar como algo inerte, hostil e inexplotable; como algo extraño a su ser: un lugar para vivir de paso el mar- camino, el mar- aventura; en una palabra el mar- superficie. El conocimiento que el hombre de hoy tiene del mar es totalmente superficial. Hoy conocemos y explotamos el mar exactamente Igual a como los hombres del paleolítico conocían y explotaban la tierra. Estamos, para emplear la tajante frase del gran oceanógrafo francés Maurice Aubert, en el paleolítico oceánico: vivimos a la era paleotalásica Durante milenios el hombre se ha afanado en la conquista de las riquezas de la masa sólida y continental del planeta; pero la gran masa liquida, cuatro veces mayor en superficie e infinitamente mayor en volumen, permanece en estado completamente salvaje. El mar está esperando, con infinita paciencia, que el hombre se decida de una vez a aplicar su ingenio y su técnica a los fabulosos recursos que encierra en sus entrañas. En el mar están los campos del mañana, cuando se descubra la técnica del cultivo de los océanos, que contienen millones de millones de toneladas de materias orgánicas. En el mar están los rebaños del mañana, cuando el hombre consiga cerrar la cadena biológica de los pecea Vista de la planta industrial de San Diego, en California, para la conversión de agua salada en potable. salvaje (similar a la caza del hombre prehistórico) a la cría y producción de la fauna marina. Se sembrarán peces en el mar como se siembra trigo en la tierra afirmaba ya en 1914 Louis iRouelle, el gran pionero de la piscif actura. Vivimos en plena paradoja que puede sernos fatal. Hoy se invierten sumas fabulosas en la exploración de ese infinito yermo vacio que es el espacio cósmico, y se desdeñan los tesoros que al hombre puede ofrecer ese otro espacio lleno de vida y de posibilidades que es el mar. Afortunadamente, se están empezando a dar los primeros pasos, tímidos pasos, para saltar del paleolítico al neolítico oceánico. Ya se han hecho las primeras experiencias de pasar del nomadeo al sedimentarismo Cuatro hombres han vivido durante dos meses en el fondo del mar. Se hacen perforaciones en la plataforma continental en busca de petróleo. Se instalan laboratorios submarinos en receptáculos sumergidos: los Seelab americanos... Empieza la gran aventura de la conquista integral, científica y técnica de los océanos, en la cual todas las naciones marítimas, y España lo es por los cuatro costados, han de participar con su esfuerzo, su capacidad y su entusiasmo. Hoy el mar, en tiempo de paz, es de todos. Es res nullius por excelencia, fuera diccionales. Mañana el mar, todos los mares, tendrán un valor, un inmenso valor per se no sólo como camino, sino como recurso vital para la supervivencia humana. El mar será apetecido por todos. Habrá que ordenar su posesión y habrá que defender el mar propio, como se defiende la propia tierra. De las apetencias desordenadas nacen, no lo olvidemos, los conflictos. El mar, cuando se haya convertido en un bien inestimable, será fuente de riquezas; pero también fuente tfe conflictos. Quizá el futuro, un futuro que puede ser próximo, nos traiga la más radical de las revoluciones políticas, estratégicas y militares: la posesión y la defensa de los mares nacionales convertidos en el primer objetivo del poder naval. Alguien, dotado de gran agudeza, ha dicho que lo último que descubriría un habitante del fondo del mar sería, precisamente, el agua. No la descubriría hasta salir de ella. La recíproca es igualmente cierta. Preparémonos a ver en el agua el elemento básico de la vida futura del hombre en sus dos vertientes: el océano como solución para ser explotado y como conflicto para ser defendido. Jesús SALGADO ALBA C! i Capitán, ú