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portes se complementan, y las infraestructuras y depósitos de combustibles que necesitan las aeronaves de todos los tipos han aumentado considerablemente las demandas hechas de grandes petroleros y otros buques, que son los únicos capaces de sostener los tonelajes precisos a las necesidades civiles de las naciones y a las de los grandes ejércitos modernos a la escala de nuestros días. Siendo estas comunicaciones marítimas, especialmente las atlánticas, la principal fuente de vida de los países que integran el C. T. A. N. y en general de todo el Occidente, es lógico que el enemigo trate por todos los medios de romper este tendón de Aquiles que lo sostiene. En consecuencia, será precisamente en este océano en donde se sitúe el centro de gravedad, de la futura contienda. Por esta rasón el nombre de Alianza Atlántica no es un nombre caprichoso, sino que designa el mar que une a los pueblos y en donde es de esperar se encuentre el objetivo principal de la lucha, cuya pérdida tendría consecuencias incalculables en el mundo occidental. Resultado de esta situación general son los dos grandes objetivos que persigue esta gran coalición. Estos son: la defensa de Europa y la intangibilidad de las comunicaciones marítimas atlánticas, ambos interdependientes. pues el primero de ellos, la defensa de las fronteras europeas, no será posible sin las aportaciones masivas de hombres y material desde la otra orilla del Atlántico. Visto asi el panorama del C. TA. N. nos preguntamos. ¿Cómo es posible que Es- paña, con su privilegiada situación estratégica entre el Atlántico Norte y el Mediterráneo, no forme parte de la gran coalición? Para explicar este fenómeno hay que rsmontarse a las ideas políticas que presidian los años en que fue fundada, y las apetencias de las grandes potencias europeas en aquellos días. El fundamento político de la coalición se basaba en estar formada por pueblos cuyos sistemas de gobierno fueran los de democracias puras, con el fin de garantizar una filosofía política común. España no se encontraba en aquellos momentos exactamente en estas condiciones. Pero la realidad era que esta línea de acción política no representaba más que una nube de humo con la que iban a cubrir los verdaderos intereses de ciertas potencias europeas, yaque han formado parte de ella países como Portugal, Turquía, Grecia, etcétera, cuyos regímenes políticos han sufrido toda clase de evoluciones sin que ello haya sido óbice de su alineamiento o continuación en el Pacto del Atlántico. En los días de su formación, encontramos un recio enemigo en su secretario general, el ministro belga M. Spaak, socialista de tipo centroeuropeo, que confundía esta política, que tan buenos resultados ha dado en general en aquellos países, con el viejo socialismo revolucionario español con el que se sentía sentimentalmente unido, oponiéndose, en consecuencia, con todas sus fuerzas e influencias a que entráramos en la asociación. La situación de Francia en aquellos mo- DEL O. T. A. N. mentos era muy diferente a la de adora. Potencia colonial norteafriéana todavía, nuestra posición en Marruecos y en el Estrecho, asi como nuestra amistad con el mundo árabe, no favorecía la idea de nuestra entrada en el O. T. A. N. Después, una vez retirada de Marruecos y Argelia, así como la toma del poder por el general De Gaulle, sus puntos de vista hacia nosotros cambiaron, habiéndonos apoyado últimamente, en general, en nuestra política europea. La posesión del Peñón de Gibraltar por Inglaterra, y su posibilidad de mantenerlo a largo plazo únicamente con una España débil, hizo que esta potencia se opusiera también a nuestra entrada en la organización Atlántica. En resumen, al constituirse definitivamente el Pacto del Atlántico Norte se trató de puntear nuestra situación estratégica y neutralizarnos por medio de los dos puntos de apoyo formados por Lisboa y Gibraltar. Y así se hizo, no sirviéndose con ello a los verdaderos intereses que defendían, la de la integridad de las comunicaciones marítimas atlánticas, pues la defensa de las áreas de recalada de casi todas las líneas marítimas procedentes de África y América a su llegada a Europa, solamente se pueden realizar con una relativa economía de medios si se cuenta con nosotros y nuestras provincias insulares. Pero los intereses nacionales y la demagogia política fueron más fuertes que las realidades estratégicas, separando a nuestra Patria de la gran alianza atlántica, tratando de ignorarla. Por ello, en la gran cadena de posiciones aeronavales con que pretende la Alianza asegurar sus comunicaciones marítimas falta uno de sus principales eslabones. Esta situación en caso de conflicto pesará muy rudamente en la conducción de las operaciones navales occidentales. Enrique MANERA Capitán de navio Maniobras del O. T. A. N. n el Mediterráneo, en noviembre de 19 S 8.