Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EL MAR EN EL ARTE ESPAÑOL esta constante de secano que en los últimos tiempos caracteriza a nuestra pintura. En Francia, en cambio, z arte moderno se puede localizar principalmente en el mar, desde las costas provenzales de Cézanne a las playas normandas de Bernard Buffet, pasando por las arenas rosadas y marquesinas de Gauguin. Después de ViUamil, que- pinta un mar costumbrista, es Muñoz Degrain quien se despide- -en Rodas y en el Bosforo- -d e 1 tema histórico del mar, pues en adelante será interpretado con conceptos realistas y naturalistas: la Playa de Capri de Francisco Pradilla ya está pintada a plein Soroila: A Barcas varadas en la playa H E aquí un tema que desbor sibilidades de cualquier inve ario: el tema del mar, inspirador u ¿muchos de los mejores momentos del arte contemporáneo. La pintura, sobre todo, recibió su luminosa noticia con una alegría y una vitalidad que ya tenía olvidadas, pues había sido, aunque gloriosa muchas veces, larga y tediosa su tarde académica e historicista, reiteradora de solemnes escenarios y de aparatosas anécdotas que languidecieron poco a poco en las exposiciones oficiales. El mar fue, de pronto, la mágica ventana que metió en los estudios frescos informes de aire libre, luz de verdad, abiertos horizontes. Desde el mar gaditano y romántico de Genaro Pérez ViUamil (que todavía no es el gran protagonista del cuadro, como no lo era, dos siglos antes, en el famoso lienzo de Zurbarán) hasta las playas mediterráneas de Pablo Picasso, habitadas nuevamente por las áureas mitológicas grecolatinas, el arte español se ha soleado a la innumerable sonrisa de las aguas azules, y en tan hermosa medida que compensa Vázquez Díaz: Colón ante el mar de la Rábida Aurelio Arteta: Trabajadores de astilleros air y en las costas catalanas de Ramón Martí Alsina diría yo que se sugieren ya crepúsculos expresionistas, y pienso en los paisajes del Marais de Erru Nolcie. Elíseo Meifrén es, tal vez, quien mayores acentos impresionistas pone en sus marinas de Mallorca. Y de pronto, casi bruscamente, el mar luminoso de Soroila, a cuya orilla cegada de sol lleva su brillante cortejo valenciano: bueyes ondulantes como las olas, velas al viento como tersas nubes, ágiles barcas, pescadores que pagan su tributo al mar. y niños desnudos que juegan en el rompeolas celebrando la apoteosis del luminismo. El mar es para Soroila un imprescindible elemento compositivo, el gran aliado de su pupila repentizadora y héliófila. cuyc prestigio de luces en movimiento aprovecha para proyectar n lo que, inteligen-