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m MARINAS (Puerto pesquero de Bermeo) E XISTEN, lo sabemos todos, ocho Marinas, si no nos hemos dejado alguna en la data de la máquina, que sustituye, con algunas ventajas, al tintero de nuestros abuelos. Ocho Marinas: la militar o de guerra; la mercante o comercial; la industrial o pesquera; la científica; la deportiva; la de vivienda, barrios y hasta ciudades importantes en el Oriente Extremo, nacidas en el rio, llegadas a la mar y popularizadas por las revistas gráficas y hasta por los documentales y noticiarios; la de viveros y criaderos, industrial también, pero estática o, al menos sin propulsión propia, que fabrica perlas en el Japón, mejillones en Galicia y que guarda amorosa, en Cataluña, langostas, en espera de mejor ocasión de venta en los días de Navidad; y, por último, la turística, lujo a flote casi insultante, que convoca a los poderosos para mostrarles el sol de medianoche, las doradas piedras de Grecia, las pirámides de pesadilla o la estatua de la Libertad alumbrando lo vertical, el rascacielos, que prestigia al ascensor como antecedente más próximo del cohete tripulado. Ocho Marinas: Apurando la clasificación, con tan múltiples ramas, que se convierten, aun sin querer, en frondosos árboles. Ocho árboles que necesitan de tierra para vivir. Por eso las Marinas son binomias: La de guerra, buques y bases que sirven a la estrategia nacional; la mercante, buques y puertos erizados de grúas y tapizados de ferrocarriles y almacenes; la pesquera, buques y puertos pesqueros adornados con redes y con tabernas, frío industrial y camiones frigoríficos; la científica, buques y centros que trabajan la Oceanografía y la Hidrografía, la Ictiología, la Meteorología y tantas cosas más; la deportiva, buques y clubs, donde se baila con música en lugar de con embates; la de vivienda, buques y amarraderos abrigados; la de viveros, buques y aguas tranquilas, abundantes en pastos; la turística, buques y propaganda llena de fantasía, para atraer todos los que pueden ser atraídos. Ocho Marinas, ocho árboles frondosos que no forman bosque enmarañado, sino parque con urbanismos, cuidados y mimos da sus jardineros- -los marinos- que no son ocho, sino uno sólo, el llamado en singular gente de mar. La administración y el gobierno de esta gente singular la llevaba antes un Ministerio, universal, de Marina, que en nuestro caso particular fue también de Indias, porque las Indias eran exclusivamente marineras. Ahora no. Ahora puede llegarse a ellas con cable, con radio, con televisión via satélite, con aviones de hélice o de reacción inf ra o ultrasonoros, con más ligereza. El barco, que antes lo era todo, es ahora uno de tantos, pero siempre el principal por único capacitado para transportar pe- -sos: Las ideas y las noticias no pesan; la carga de los aviones se cuenta casi en kilogramos. En embargo, por ser uno de tantos, toda la Administración se ha llamado a la parte: El Instituto Social de la Marina pertenece a Trabajo; y los Sindicatos del Mar, a la Secretaría General del Partido; de la industria de la pesca se encarga Comercio, y del comercio de las nuevas cons- tracciones. Industria. El Ministerio de Agricultura, que en apariencia nada tiene que ver con lo húmedo, salvo en los regadíos, suministra madera para hacer barcos, manda y gobierna las Marinas menores- -arbolitos- -fluviales y lacustres; interviene en la harina de pescado, fundamental para piensos; investiga en los fertilizantes que sé extraen del mar y no se ocupa de la cosecha de sal porque corresponde a otro Ministerio. Podríamos prodigar los ejemplos, pero todos ellos nos conducen a la misma: moraleja: El mar no es asunto de Marina, sino de toda la Nación; el problema del mar no es de Marina, sino del Gobierno. Nos gusta que el Gobierno, a diario, cuando se levanta, -se- erapise- paarat- ver- d- mary que descubra en él el afán de cada día, no para ver ese mar que cotidianamente nos describe el Ministerio del Aire, con el vehículo del hombre del tiempo: rizada en el golfo de León; marejadüla en el mar de Alborán; marejada gruesa del alisto en el golfo de las Yeguas. No. Nos gusta que vea, orno ve, el mar camino, sin badenes, ni puentes, ni túneles, ni cuadrillas de peones camineros limpiando cunetas y rellenando baches; queremos que vea, como ve, el mar oferente, desde el alga inocente que nos proporciona agar- agar, hasta la ballena majestuosa que nos brinda ámbar gris; queremos que vea, como ve, al mar fuente, cuyos productos sólo pueden obtenerse con barcos de todas clases, desde el pequeñito de goma que fortalece al niño en la playa y que casino tiene categoría de salvavidas, hasta el grandote que transporta trescientas mil toneladas de energía en forma de petróleo. Estas Marinas que pinto no llegan categoría de dibujo. Son simples para que quepan en el espacio que me concede este ilustre ABC. Faltos de color, nada nos dicen: Ilumínelos usted. Así comprenderá y apoyará el Plan dé Desarrollo. Almirante Indalecio NUÑEZ