Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
escalofrió humano, de misión valiente, de empeño científico, de honor y de bravura de espíritu. EL MUSEO DEBE SER PARA EL PUEBLO Me gusta oírle decir al almirante GUILLEN que el Museo debe ser para el pueblo. Uno viene de eso. GUHJLEN. -No me gustan los Museos tipo Prado o Louvre, donde no se aprenda nada. La gente ve el cuadro de Las lanzas y lee, a lo más La rendición de Breda pero se queda ahí; en la mayoría no hay más y se va sin saber lo que significa Breda, sin que nadie se lo explique. Los visitantes sencillos saben, a lo más, que están en las salas de la pintura flamenca, pero siguen adelante sin enterarse demasiado bien de lo que eso quiere dscir, de lo que representa esa pintura, de sus relaciones con lo que en España se hacía y se pintaba, de la presencia española en la cultura de Europa. AZNAR. -A mí me da cierto miedo la museificación del país. Me importa lo vivo, lo de hoy, lo actual, lo que hacemos ahora lo que necesitamos hacer para mañana. PEDRO DE LORENZO. -Una copla de Antonio Machado dice: se canta lo que se pierde AZNAR. -No es sólo lo que se pierde, porque pienso que debemos procurar y tenemos que recobrar, aunque sea por otros caminos y por otros temas, aquello que tuvimos. El almirante piensa en un Museo imaginario, donde todo esté expuesto y bien E almirante Guillen o la erudición hecha amenidad y disfrute. visible para los ojos, convertido en enseñanza, con capacidad para explicar lo que ha sido la presencia y la acción de los españoles en los mares del mundo. EL VOCABULARIO MARINERO A TORCUATO LUCA DE TENA le preocupa, especialmente, la evolución del vocabulario marinero, el sentido de algunos giros y el origen de muchas frases hechas. Se habla de la brisa, ese viento del Nordeste. Se echan las velas de las palabras. Don JULIO GUILLEN sabe del tema. La parla marinera fue, si recuerdo bien, el tema de su discurso de ingreso en la Real Academia Española. Nunca se pone el titulo bajo el nombre. -Mire usted, no me lo pongo, porque me da una enorme vergüenza pensar que no llegó a ser académico Gabriel Miró. Con PEDRO DE LORENZO hacemos un recorrido por la Marina alicantina, ese breve espacio que Miró colmó de belleza y agrandó en dimensiones y sentimientos. -Sorprende un poco pensar que fray Luis de León, en definitiva hombre de Cuenca, de los adentros, se vea tan influido pn su lenguaje por el vocabulario del mar- -observa PEDRO DE LORENZO. AZNAR. -Bueno, yo creo que la explicación es que viene de los clásicos y los clásicos están llenos de ese vocabulario. Virgilio, por ejemplo. Desde siempre ha estado el mar y su lenguaje en la literatura. El gran poema por el que la antigüedad demuestra su amor al mar es la Odisea, que es un gran ensayo de amor por el mar. A TORCUATO LUCA DE TENA le inTERESA mucho conocer la suerte de algunas palabras castellanas en su andadura americana. Don JULIO GUILLEN nos recuerda que en Bogotá y en toda la América hispánica circulan, como lenguaje vivo, nuchas palabras que aquí consideramos americanismos, pero que en verdad son- arcaísmos. De su estancia y averiguación, el almirante se trajo cuatrocientas veinte voces en ese sentido. Hablamos del teleférico, que en la otra orilla del idioma se dice andarivel. Facturación se dice flete, recuerda don MANUEL AZNAR. Y en Buenos Aires, tomar el tren se dice embarcar. Me embarco esta tarde a las seis e? frase corriente del viajero ferroviario -latense. Don JULIO GUILLEN y LUCA DE TENA se pasan un buen rato en torno a la palabra estoperol que significa tachuela para sujetar la estopa y aparece en las descripciones de algunas puertas de artesanía en América. El almirante, resume: -En las voces marineras, más que la filología es la semántica la que cuenta. ¿Es un anglicismo decir nordeste? GUILLEN. -No. Las voces de mando en la Marina tienen que ser precisas e inconfundibles, no pueden dejar sitio a la duda. Se dice, por eso, nordeste en vsz de noreste, no por anglicismo, sino por precisión y rotundidad, para que no haya posibilidad alguna de equívoco. El almirante nos recuerda, abundando en el tema, que el primer vocabulario marinero iM. se imprime, Instrucción náuí a le caribe el doctor don Diego García de Palacio en 1587. Se acompaña de un glosario en el que se recoge una serie de ten Uno marineros. Y eso sucede cuando Inglaterra no tenía impreso, aún, ningún libro de náutica. Levantamos la mesa y continuamos la conversación, el parloteo, paseando por el Museo. TORCUATO LVCA DE TENA se interesa mucho por tirar de ficheros y comprobar anotaciones. ¿Está vivo, sigue siendo un lugar de estudio, de consulta, el Museo? GUILLEN. -Hemos tenido últimamente catorce estudiosos extranjeros, c habituales. Son bastantes los catedráticos de la Universidad de California que hicieron en el Museo Naval sus tesis doctorales y ahora nos envían a sus alumnos. Muchas veces recibo invitaciones para una investidura doctoral de cualquier Universidad extranjera y que corresponde, claro, a algún investigador que trabajó en el Museo- Naval. ¿Está bien dotado? -Nuestra biblioteca técnica es de primer orden y se habla de tú con cualquiera. La dotación de los archivos, de los documentos, es extraordinaria. No así la económica. Se reirían ustedes si conocieran la consignación que tenemos y da vergüenza decirlo. Pero, sobre todo, lo que necesitamos, como algo esencial, indispensable, es un sitio, mayor espacio, un lugar donde de verdad puedan desplegarse todos nuestros tesoros. EN UN LUGAR DE LA MANCHA TORCUATO LUCA DE TENA pregunta por lo que hay en El Viso del Marqués, esa sorpresa, en mitad de la Mancha, donde se pueden encontrar mascarones de proa en medio de un jardín. El almirante satisface la curiosidad de LUCA DE TENA: -Todo nace de que un embajador italiano, recién llegado a Madrid, a poco de presentar sus cartas credenciales, manifestó su deseo de visitar el Museo Naval. Lo encontró pobre y mal instalado y, posiblemente, no tuvo demasiada suerte en la persona que tuvo como guía. Al poco tiempo, con ocasión de una montería, tuvo ocasión de hablar con el Rey y se lo dijo. Alfonso XIII, al conocer cuál era la situación del Museo, dio crden de que se le atendiera y cuidara como era debido. Para ello empezó creando un Patronato del que, personalmente, quiso ser el Presidente. Luego, se vio que el Rey solamente podía ser Presidente a titulo honorífico, pero su deseo por presidirlo revelaba su voluntad de atenderlo. Da ese Patronato fue nombrado Vicepresidente el Marqués de Santa Cruz, y éste, a su muerte, dejó como legado el Palacio de El Viso. Allí se ha levantado el Archivo Museo y allí están los archivos de la marina. Den JULIO GUILLEN nació el mismo día en que el labrador ilicitano descubría la Dama de Elche. Es un ibérico culto, aficionado a la biología, que fuma tabaco negro y propende a la cordialidad. Fue suya la primera maqueta de la Santa María que se presentó o la Exposición Iberoamericana de Sevilla y procede de la aerostación. Dirige la Revista de la Marina Española No tiene el mar secretos para este fiel amante. Ha navegado con los pescadores y de ellos aprendido muchas cosas. -Cuando el navegante supo pintar, nació la Carta. Y en la cuna os la cartografía, está la escuela mallorquína. Yo he querido estudiar el origen de la cartografía y cada día concedo mayor importancia al instinto y la intuición. No sé si en esto me guía mi afición por la vida de los insectos, por ese mundo misterioso, mágico, de una colmena o un hormiguero. Me he pasado horas larguísimas ante un hormiguero. Es un espectáculo interesantísimo, nos dice el almirante. Estemos ante el mapa de Juan de la Cosa, el primer retrato del Nuevo Mundo. TORCUATO LUCA DE TENA, que sabe algo de navegaciones por aguas de América, se interesa amorosamente por pequeños detalles, pide explicaciones, consume el turno de la predilección. Don MANUEL AZNAR está digna y cultamente indignado porque en un programa popular de televisión nadie ha sabido decir el nombre del descubridor del río Mississipi. -Imagínese qué vergüenza. Ninguno de los concursantes sabía que era Hernando de Soto. LUCA DE TENA. -Está por escribir el fin último que, como hombres, tuvieron nuestros descubridores. Es una historia que, tantas veces, es triste, por no decir trágica. Don JULIO GUILLEN alivia el trance hablándonos de los primeros guardia marinas que Pedro I de Rusia envía a la Escuela Naval española. LUCA DE TENA se entusiasma con el tema. En el libro de asientos, que don JULIO GUILLEN saca, figura inscrito el primer guardia marina el 7 de febrero de 1717. España era fuerte. Y contaba. Pedro I se abre a Europa. Y no considera ningún lugar mejor para enviar a sus estudiosos del mar, que a España. Acertaba. Ahí están, con ortofonía que recuerda a políticos actuales, la extraña