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NAR, guien nos hace una suculenta descripción vital de la capacidad del español para la guerrilla, palabra de cuño español y de la táctica de las pequeñas batallas aisladas, nerviosas, eficaces. La serenidad analítica de su mirada se acompaña de una manera de hablar serena y experta. No ha mandado nunca un bxrco, pero se nota que don MANUEL ha ganado muchas batallas. Miren ustedes- -añade- yo estoy seguro que cuando Hitler pretendía llegar a Gibraltar no se atrevió a ocupar España porque sabia que los españoles se habrían echado al monte. -Toda Marina que empieza pirata y corsaria es auténtica, como el contrabandista era siempre un jinete mucho mejor que el carabinero. PEDRO DE LORENZO puntualiza a lo dicho por don JULIO GUILLEN que l u e g o el contrabandista acababa, casi siempre, alcanzado por el carabinero. Pregunto al embajador si se ha perdido afición por las cosas del mar: -Sí, posiblemente, sí. Había tal olvido del mar que en Barcelona, al final de las Ramblas, se había levantado un tinglada que impedía verlo. Han sido años y añas de olvido. La pérdida de Cuba y de Filipinas, quizá tuvieron una influencia pesimista. Pero el mar no puede olvidarse nunca y es por el mar por donde tendría que venir el guerrillerismo naval, elementos muy ligeros, con grandes posibilidades de h a c e r s e urgentemente presente allí donde hicieran falta. Con pragmatismo y. realismo, eso es lo que tendríamos que tener nosotros. -Como una exigencia de nuestra geografía, dice LUOA DE TENA. de nuestra presencia marinera, afirma el almirante. -Como continuación de una historia que pudo tener noches tristes, pero que nos ha colmado de honra, recuerda PEDRO DE LORENZO. -Se dice que España debe ir, militarmente, en el futuro, a una organización de tipo guerrillero. Creo que hay una forma de guerrillerismo naval que es la que tendríamos que procurarnos, naturalmente, con propósito defensivo, c o n c l u y e AZNAR. Los ojos se van a las vitrinas de la sala, donde manuscritos y libros cuentan la grandeza y el decoro de nuestra historia. No sabría decir la hora que marca el reloj de Méndez Núñez, que allí está. El alto barandal, a poco que uno piense, da a un cielo de veleros y, por poca sensibilidad que uno lleve, lo que es miniatura, cerámica, medalla, uniforme, retrato y bandera se llena de corazón amplio y generosa, de Manuel Aznar y Pedro de Lorenzo. Un alto meditativo ante la teoría de los modelos llenos de evocación. Ja Historia.