Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EDITADO l RKXSA SOCIEDAD POR ANÓNIMA R ESPAÑOLA, M D D FUNDADO EM 1906 f M BC Premio Xobei R. EDAO C Y ION. ADMINISTRACIÓN TALLERES: SERRANO, 61- MADRID OH TORCIMTO LJUCA OE TEMA HEINE O LA POESÍA COMPROMETIDA 4 Y del poeta que intenta que su poesía sea algo más que el blablabla que todos entienden por poesía! Y esto no es de ahora. De mucho antes. Lo constatamos con motivo del centenario de la muerte de Heine, hace tiempo y aún después de esa efeméride. Negado en su Alemania natal a tal punto, que en algunas antologías se coloca al pie de sus versos la mención autor desconocido Desde entonces ya se llamaba poesía comprometida a la que estaba comprometida con el pueblo. Sólo simplificando las cosas podemos entendernos. Heine aspiraba a que en sus poemas encontrara el lector su amor a la causa del hombre, su fe en las ideas democráticas de la revolución. Pero su adhesión a la causa de la revolución no era un simple entusiasmo poético, una fórmula más para ganar notorieda d. Heine sentía con absoluta clarividencia que el mundo estaba a las puertas de un cambio que permitiría al hombre encontrar la felicidad en la tierra. Antes que los políticos e ideólogos, hubo un hombre que vio, un vidente, y éste fue Heine. De no haber tenido este privilegio de adelantarse a su tiempo, en sus cuentos y sus cantos, Marx no habría comentado con el poeta, verso por verso, algunos de sus poemas. Pero estos testimonios son útiles ahora. No pocas veces oímos decir, cuando se comenta a los poetas actuales cuyo estro incursiona en campos políticos, que jamás habíase visto a las musas en los estradas del ciudadano o en la calle vociferando, gritando, clamando justicia. Heine lo hizo, y en qué medida, bien que de su obra se oculte esta parte realista y se muestre al romántico, al soñador, al que se contentaba con cantar a la rosa y al ruiseñor. Por eso la lectura de Heine tiene un significado especial. Va más allá de la simple recordación. Replantea el problema de la poesía pura o la poesía al servicio del hombre. Heine no era el poeta de la rosa y el ruiseñor, sino aquel que decía en 1833, que todos los hombres tienen derecho a comer y que se preocupaba por las personas que morían de frío en las calles de Londres y por las que morían de hambre en Ñapóles. No es, pues, de ahora, este intento interpretativo de la realidad viviente por parte de los poetas. Pero en el terreno, estético, Heine también muestra su espíritu de lucha. Ataca a los imitadores de Goethe, se lanza contra los que tratan de reconstruir la Edad Media y logra formar el cauce por donde ei verso ha de seguir corriendo, sin encierros, ya que la poesía cuando ya no tiene horizontes, usa de sus espejos mágicos para limpiar el mundo, para dar otra extensión a la existencia del hombre. Ciego y paralítico, Heine se pregunta a dónde ha de ir con sus muletas, y él mismo se contesta: a despertar al pueblo, a llamar a las puertas de los hombres, para gritarles: No os he traicio- nado, mi poesía es vuestra, mi verso es sangre que va por las venas de esa multitud paciente que un día se alzará violenta... Y su agonía es la de un n ártir, la de un muerto, diría Verlaine, que habla desde la tumba, desde aquella tumba que en el cementerio de Montmartre visitamos todos reverentes, pensando en la hermosa jaculatoria salida de sus labios, que ahora repetimos: No me importa que en el futuro alaben o condenen ñus poemas, lo que quiero es que sobre mi tumba se coloque una espada, recordando que yo fui soldado en la lucha por la liberación de la Humanidad Miguel Ángel ASTURIAS París, 1969. LO COMPLICADO T ENGO un amigo que se perece por añadir arrequives, circunloquios y pelendengues al hecho o a la noticia de mayor sencillez. Si no inventó el moderno suspense estuvo a dos dedos de hacerlo. Nada me comunica ni me refiere que no esté aderezado con todas las salsas picantes de lo insólito o lo tremebundo. Es de los que creen que la línea recta puede ser la distancia más corta entre dos puntos, pero sólo en geometría, porque la línea recta en punto a referir o comentar cosas es lo más aburrido y soso que se conoce. Mi amigo ha inventado- -y son millones los que le han robado ya el invento- -un barroquismo especial para la conducta o para la información humanas en el que está proscrito, naturalmente, ei atajo y la concisión. En sus palabras y en sus relatos hay siempre una explosión de detalles, un torrente de ideas más o menos relacionadas con el meollo de lo que quiere decir que, a veces, él mismo se pierde en el laberinto de ideas y conceptos s e c u n d a rios con que pretende arropar y adornar al concepto principal, al argumento primario. Está claro que lo que mi amigo pretende a todo trance es echarle complicación e; intriga a todas sus referencias y opiniones. Si la novia parece triste y afligida en el momento de dar el sí solemne y litúrgico- -acaso le aprietan mucho los zapatos nupciales- -se insinúa un folletín de doncella desgraciada a quien han obligado a casarse con un mastuerzo afortunado, cuando sus sueños y sus cariños han estado siempre a favor de un mocito barbero Si, por el contrario, la desposada suelta el sí famoso con alegría y satisfacción es porque considera ya martillado y en I bote al marido ingenuo y tontarrón. No se admite, en trance tan solemne, la exteriorización de sentimiento personal alguno al que no se saque punta a trusts del consumidor y ni aun comportándose con absoluta naturalidad los contrayentes pueden verse libres éstos del folletín de indiferencia que suele acompañar a los matrimonios de conveniencia o interés. Una deformación descriptiva, al mismo tiempo que una sabrosa administración del misterio y de la intriga lleva a muchas personas al regodeo en el relato de sus informes o en la exposición de sus ideas y opiniones, como si todo guardase una bomba o traca final, como sorpresa segura en la tramoya de sus palabras. Todos se s i e n t e n arrastrados por un afán epatante e intrigante, el mismo que se mantiene vivo, hasta el punto de leérselas de un tirón en las novelas policíacas y detectivescas, que hasta la última página no dejan adivinar- ¡qué arráyente situación! -quién es el criminal. La comprobación de estas conductas y situaciones nos lleva a creer que en la vida lo directo y rectilíneo podrá ser lo más eficaz y lo más funcional, pero nun- ca lo más divertido. La lógica es aburrí- J da y la rutina desesperante. Como en las comedias de enredo, delicia de nuestros abuelos, lo bueno es mantener en vilo hasta la última escena a los espectadores, para que éstos no puedan jamás adivinar el desenlace. Complicarse la vida puede ser un deporte peligroso, aunque atrayente. Pero es más atractivo y fascinante el complicar la vida a los demás a través del cauce inagotable de la murmuración, que aumenta y desfigura lo que sabe, y lo que no se conoce lo inventa. España, como se sabe, es el país que ha entronizado en el quehacer nacional las charlas de café, la tertulia del casino y el chau- chau de las asociaciones profesionales. Todo ello responde a un soterrado espíritu barroco que no se conforma con los caminos rectos y se complace con dar vueltas y revueltas al mismo tema, de igual forma que las volutas de los cigarros de los charlistas y comentadores de los clubs y los cafés. El comodín del le sé de buena tinta es maravilloso para componer las más audaces jugadas del poker de la murmuración. Lo demás lo proporciona la pasiva complicidad del auditorio, que encuentra más distraído aplaudir y aprobar una facecia y tragarse un bulo que exigir una verdad. Hay mucha más clientela para lo complicado y subyugante que para lo sencillo, rutinario y vulgar. Antonio DE MIGUEL