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Corren tiempos en ne el tremendismo hace furor en las plan Veamos lo ne dice José Bergamín: El peor tone del torero es la valentía; el torero truculento y sensacional de la valentía es un trampas: El alardear de valor es, en el torero, un efectista del peor susto; y, además, mentira: la prueba más evidente del miedo es un exagerado cesto de valor: para asustarlo. El valor y el miedo se excluyen, por definición, por principio, de todo arte o deporte, constantemente peligroso; porque la regla principal del arte, del juego, es prescffitinr del peHgro como si no existiera; su previsión es descontarlo. J! La valentía del torero se supone, como un axioma matemático, sin necesidad de demostrarlo. V Son muchos los ue yerran en esto, contando con el beneplácito de la masa indiscriminada de espectadores. A pesar ide ue la habilidosa demostración del valor suele alejar al torero del peligro, del riesgo ue su profesión entraña. Joselito SENTIDO DE LA RESPONSABILIDAD Muchos serán los que recuerden a Curro Meloía y su programa radiofónico de los lunes. En uno de ellos, el 17 de mayo de 1943, se refirió a Joselito, muerto veintitrés años antes, en la plaza de Talavera de la Reina, corneado por el toro Bafláor Pues bien, Curro Meloja contó en esa ocasián una artécdota que reílaja bien el sentido de la responsabilidad del gran torero. Dice así: Yo, el mejor decía a veces con gesto de altivez. Pero aquel gesto lo llevaba a la plaza, y allí, ante el toro y ante el publico, demostraba que podía ser altivo y que su afirmación, que podía parecer vanidosa, estaba mantenida con sus hechos y era una realidad. Yo, el mejor. Por poder proclamarlo, no dudaba en las mayores empresas, ni vacilaba ante los riesgos y responsabilidades. En eso de Querer arrostrarlo todo, para vencerlo todo, fue igual desde el principio, ponqué él vino al toreo queriendo, desde niño, ser el mejor. Bien lo dice aquel gesto suyo al venir a Madrid para debutar como novillero cuando apenas había dejado de ser becerrista. I ¿o voy a relatar, para ejemplo y estimulo de los muchachos de hoy, que apenas han salido del cascarón exigen ya, y miden y aquilatan el torito a la medida. José llegó a Madrid cinco o seis días antes de la fecha de su debut, y lo primero que hizo fue irse a los corrales de la plaza a ver los novillos que le tenían preparados. Había allí una corrida de toros y su novillada. En cuanto vio ésta, dijo a su acompañante, que era el gran Retana, representante entonces de la Empresa: Es muy chica, Manolo. ¿Por qué no me echa usted esa otra? Porque es una corrida de toros; paro te advierto ciue esos novillos pasan de las veinte arrobas. Pues yo no me presento en Madrid con una novillada tan chica. Y a la mañanita siguiente se fue a Colmenar Viejo, no a Salamanca, y en los prados de don Esteban Hernández, que no criaba precisamente peritas en dulce, eligió seis novillos que pesaron en canal a veinticuatro arrobas. Y con ellos debutó y triunfó en Madrid. Ese era Joselito desde que comenzó Pienso yo que ni siquiera en aquellos tiempos se prodigarían tos gestos serios y responsables como éste de Joselito. Pero sa daban, aún a titulo excepcional. Ahora también, pero de signo contrario. Ahora los toreros no piensan en sustituir una novillada por una corrida de toros, sino en cambiar a ésta por aquélla, si és posible, para prevente riesgos inútiles Bonita y poco conocida lección la de Joselito.