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y poesía cada día Heredia es, en el vértice entre el romanticismo y el neoclasicismo (1803- 1839) una de las voces más altas de Hispanoamérica. Nacido en Cuba, vivió en Méjico y Estados Unidos. Su poesía, de gran temperatura, no cae en la grandilocuencia. Utiliza un riquísimo vocabulario y el halo misterioso que da a sus poemas les confiere un tono profético de gran lirismo. JOSÉ MARÍA EN EL TEOCALLI DE CHOLULA ¡Cuánto es bella la tierra que habitaban los aztecas valientes! En su seno, en una estrecha zona concentrados, con asombro se ven todos los climas que hay desde el Polo al Ecuador. Sus llanos ubrem a par de las doradas mieses las cañas deliciosas. El naranjo y la pina y el plátano sonante, hijos del suelo equinoccial, se mezclan a la frondosa vid, al pino agreste, y de Minerva al árbol majestuoso Nieve eterna corona las cabezas de Iztaocihual purísimo, Drizaba y Popooatépetl, sin que el invierno toque jamás con destructora mano los campos fértilísimos, do ledo los mira el indio en púrpura ligera y oro teñirse, reflejando el brillo del sol en Occidente, que sereno, en hielo eterno y perennal verdura, a torrentes vertió su luz dorada, y vio a Naturaleza conmovida con su dulce calor, hervir en vida. Hallábame sentado en la famosa cholulteca pirámide. Tendido el llano inmenso que ante mí yacía, los ojos a esparcirse convidaba ¡Qué silencio! ¡Qué paz! ¡Oh! ¿Quién diríaS que en estos bellos campos reina afeada la bárbara opresión, y que esta tierra brota míeses tan ricas, abonada con sangre de hombree, en que fue inundada por la superstición y por la guerra? Bajó la noche en tanto. De la esfera éü leve azul, oscuro y más oscuro se fue tornando: la movible sombra de las nubes serenas, que volaba por el espacio, en alas de la brisa, era visible en el tendido llano. Iztaeoihual purísimo volvía del argentado rayo de la luna 1 plácido fulgor, y en el Oriente bien como puntos de oro centelleaban mil estrellas y mil... ¡Oh! ¡Yo os saludo, fuentes de luz, que de la noche umbría ilumináis el velo y sois del firmamento poesía! Al paso que la luna declinaba, y al ocaso fulgente descendía, con lentitud la sombra se extendía del Popocatépetl, y semejaba fantasma colosal. El arco oscuro á mí llegó, cubrióme, y su grandeza fue mayosr y mayor, hasta que al cabo en sombra universal veló la tierra. Volví los ojos al volcán sublime, que velado en vapores transpa ren ¡tesf sus inmensos contornos dibujaba de Occidente en el cielo. ¡Gigante del Anáhuac! ¿Cómo el vuelo de las edades rápidas no imprime alguna huella en tu nevada frente? Corre el tiempo veloz, arrebatando años y siglos como el Norte fiero precipita ante sí la muchedumbre de las olas del mar. Pueblos y reyes viste hervir a tus pies, que combatíasa cual hora combatimos y llamaban eternas sus ciudades, y creían fatigar a la tierra con su gloria. Fueron: de ellos no resta ni memoria. ¿Y tú eterno serás? Tal vez un día de tus profundas bases desquiciado caerás; abrumará tu gran ruina al yermo Anáhuac; alzaranse en ella nuevas generaciones, y orgullosas que fuiste negarán... Todo perece por ley universal. Aun este mundo tan bello y tan brillante que habitamos, es el cadáver pálido y deforme de otro- mundo que fue...