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LOS MAYAS, LOS BRUJOS Y LOS SABIOS E L turismo es la moda que caracteriza nuestros días. Cualquier rincón del globo terráqueo que tenga algo raro que ofrecer está de suerte: ahí hay una mina. Y sus paisajes se poblarán de gentes de todos los continentes, llegados allí por el transporte más rápido. Permanecerán unos breves instantes y desaparecerán volaíido. ¿Qué ven, qué piensan del viaje y la visita a ese precioso punto de la tierra? ¿Qué guardan en sí de todo, además de la vertiginosa sensación? De un museo como el del Prado recordarán cuadros y de una región como Yucatán, piedras No puede la curiosidad inquietar al hombre dominado por la prisa. Pero si ese hombre logra liberarse de la contagiosa locura, ¡qué descubrimientos tan estupendos hace! De pronto, cuadros y piedras adquieren vida y en la mente del curioso liberado surgen las preguntas a millares. Y estudia, investiga e imagina. Hay huellas asombrosas de la sabiduría de quienes nos precedieron h a c e siglos. Nuestra inteligencia es tan pobre, que el ijj sonseguir aclarar lo que aquéllos conocían y lograron, designa con el nombre de brujos a quienes tal vez no íueron más que sabios. Y decimos que las leyendas son mitos, narraciones incoherentes, cuentos fantásticos para explicar lo que aseguramos que era para los otros inexplicable... Mitos y cuentos que hoy sirven para indicarnos c o s a s que desconocíamos guiándonos a través de una maraña antigua qus vamos desenredando l e n t a m e n t e prodigiosamente. Los descubrimientos más recientes de los sabios modernos son como una antorcha nueva que ilumina muchas de las sombras de antaño, y es tal su luz, que hasta nuestras miradas parecen transformadas. Ciertos curiosos de hoy, gentes admirables por haberse salvado de la prisa actual y conseguido vivir en calma, se han sentido atraídos por el mundo de los mayas: han contemplado los vestigios dejados en la piedra y han estudiado las huellas dejadas en las páginas del Popol Vuh que todas estas cosas son monumentos magníficos de una antigüedad c a s i desconocida. En El retorno de los brujos de Louis Pauwels y Jacques Bergier, y en Mundos en colisión de Immanuel Velikovsky, se mencionan el mundo de los mayas y su libro Popol Vuh con una insistencia apasionante. Toda la tierra yucateca ss un grandioso museo de Humanidad e Historia y ante sus prodigiosas construcciones nos decimos: fueron realidad gracias a la fuerza humana, los esclavos y el tiempo. Los autores mencionados explican, de un modo sorprendente, todo esto y muchos episodios más llevados a cabo por hombres que desc o c í a n la rueda, las herramientos de iiietal y los animales de tracción. He aquí el curioso dato recogido en uno de los libros mencionados: Según el arqueólogo norteamericano Hyatt Verrill, los grandes trabajos de los hombres antiguos de América no fueron realizados con útiles de tallar piedra, sino con una pasta radiactiva que roía el granito, legada por una civilización todavía más antigua. ¿Cuál? Nosotros no negamos la posibilidad de visitas de los habitantes del espacio exterior. En el idioma mitológico del Popol Vuh aprendemos que hubo varias Humanidades, destruidas una t r a s otra por desagradar a los dioses, mediante castigos que muy bien podrían explicarse con cataclismos, como hace Velikovsky, para quien los mayas adquieren la importancia de los israelitas de Moisés, ya que en la misma época según leyendas de este Nuevo Continente, los hombres de América pasaron por la misma experiencia que estaban soportando judíos y egipcios: la tierra entera conoció el horror del acercamiento de otra estrella. Y dice el Popol Vuh después que, por fin. los dioses hicieron a los hombres de maíz y que les gustó la obra concluida, porque los alabaron y agradecieron, pero les disgustó porque acabaron de conocerlo todo y examinaron los cuatro rincones y los cuatro puntos de la bóveda del cielo y la faz de la tierra Los dioses opinaron que no estaba bien que sus criaturas lo supieran todo: lo grande y lo pequeño, y decidieron refrenar sus deseos y entonces el Corazón del Cielo les echó un vaho sobre los ojos, los cuales se empañaron como cuando se sopla sobre la luna de un espejo. Sus ojos se velaron y sólo pudieron ver lo que estaba cerca... Ese vaho que destruyó la sabiduría de los primeros hombres y todos sus conocimientos bien pudo S 9 r. dejándonos llevar por los constantes temores e insinuaciones de estos investigadores, producto de un cataclismo cósmico o consecuencia de un soberbio experimento atómico. Qus el sol se oscureció durante tiempo y brilló más tarde se cuenta en las leyendas antiquísimas de los aztecas y mayas, en las que late el constante miedo de que nuevamente se apague e! gran astro y nunca vuelva a lucir. Intrigados esos autores por las maravillas que existen de los primeros hombres de América, se preguntan, ¿quiénes fueron sus guías? Y vuelven a indicar que tal vez llegaron gentes de otros planetas; que quizá hubo, hace miles de años, civilizaciones atómicas desaparecidas: que bien p u d o existir anteriormente otra época, cuyos conocimientos y técnicas fueron comparables a las de hoy. Recuerdo haber visto en estos días, en una revista europea, un reportaje sobre los apasionantes platillos voladores y su más remota historia. No sólo mencionaban al profeta Elias como un posible astronauta, sino que, además, se mostraba la fotografía de una figura grabada en las ruinas m a y a s de Palenque. Abstrayéndonos de adornos y dibujos, ahí había un cohete guiado por un astronauta tocado con artístico penacho de plumas. A