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EDITADO PRENSA SOCIEDAD M A D POR ESPAÑOLA, ANÓNIMA R I D FUNDADO EN 1906 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA N el p r ó x imo mes de julio el hombre se trasladará a la Luna y pisará su superficie. Durante miles de años ha caminado sólo sobre la Tierra, en la cual tiene impresa las huellas de sus pies. Para alcanzar este propósito ha realizado un gran esfuerzo y ha aprovechado sus capacidades intelectivas y ha puesto a prueba sus posibilidades biológicas. La civilización de la que ha partido para realizar esta proeza está en su plenitud y lógicamente ha sacrificado intereses inmediatos y físicos en aras y en servicio de realizar misiones espirituales fabulosas, aunque probablemente resulten inútiles. No es afán de poderío el que medularmente informa el proyecto Apolo XI aunque aparentemente alguien deduzca consecuencias en desacuerdo con e s t a afirmación personal. También España, tras un esfuerzo de siglos por reconquistarse a sí misma ya ocupada Granada, extendió su brazo y desarrolló con gran sacrificio misiones de propósito espiritual. No se dedicó a sestear ni a descansar sobre sus propios triunfos, sino que acudió a Europa a discutir pleitos metafísícos cubiertos a veces por los intereses de la dinastía, y allí se batió palmo a palmo a las orillas del Mosa y del Escalda, igual que marchó a Filipinas y África. La civilización termonuclear en la que estamos insertos inaugura la nueva época con un viaje al Cosmos. Cuando en el próximo mes de julio alguien que pasee por las calles de Roma tenga la oportunidad de observar el bajorrelieve construido en Villa Albani, en el que Icaro aparece con sus alas de pluma de ave pegadas con cera para ir al Sol, reflexionará, no en el obvio error de la Mitología helénica de creer que la proximidad al Sol es más caliente que la de la Tierra, sino que deducirá jue el hombre de hoy frente al de la vieja Hélade no busca en el Cosmos ningún Sol. La gran aventura del viaje al espacio se ha desarrollado contando con su método para perforar con la indemnidad de su cuerpo y su espíritu campos de fuerza que la Física tiene definidos y con los que el hombre jamás se había enfrentado, para dominarlos y colocarlos a su servicio. Ha logrado rebasar los cien kilómetros de altura, que es el borde mecánico de la atmósfera llamada l í n e a Karman Ha conseguido escapar de la Tierra en un proyectil aprovechándose de un principio de la Física que señala que la aceleración está en función inversa de la magnitud y como la aceleración es el enemigo del hombre, y no la velocidad, ha logrado viajar en un proyectil s i n riesgo. Después ha vivido sin la acción pervasiva de la gravedad ambiente, ante ia cual el hombre desconocía todo dato y carecía de toda experiencia. El riesgo de no poder deglutir ni mo- ABC verse y el de la caída de la tensión vascular, la ausencia de estímulos sensitivos y sensoriales, de reflejos propioceptivos y exteroceptivos, construían en la mente de los fisiólogos una fabulosa enfermedad o síndrome de deprivación gravitatoria. La Física se ha aliado con la Biología mediante la tercera ley de Newton y ha resuelto el problema de que el hombre se mueva en la astronave, pueda masticar y deglutir, y que los alimentos desciendan de la boca hacia los segmentos inferiores del aparato digestivo; que la tensión vascular, a partir del tiempo cero de la falta de gravedad, no se deteriore y aparezca un colapso vascular. La salvación estaba en esta ley física que señala que a toda acción corresponde igual y opuesta reacción y que las acciones mutuas de dos cuerpos son siempre iguales y de sentido contrario en la misma línea recta La disposición de nuestros músculos, de nuestras visceras y de la inervación de nuestro sistema vascular y venoso puede promover, sin la gravedad, un movimiento integrador y regulador del cuerpo que permite movimientos, y el sostenimiento de las funciones cardiovasculares y digestivas igual que las metabóiicas. Al atravesar el espacio, que es un ambiente sin ruido y sin luz, sin estímulos que mantienen la conciencia del hombre sobre su suerpo, se planteó el problema del llamado síndrome de la soledad que era ya conocido desde que los fisiólogos americanos y canadienses situaron en la soledad a grupos de universitarios para conocer sus reacciones psicológicas y biológicas. La temida explosión colérica del hombre aislado y las alucinaciones visuales que hacen ver objetos que vuelan, junto a la irritabilidad y a la puerilización de la mente, que se transforma en irracional y pre- lcgica, no ha destruido los programas del viaje al Cosmos mediante la creación del h a b i t a t mediante la creación del habitat psicológico y la constante telecomunicación con la Tierra de los viajeros espacíales. El aislamiento ha dejado de ser un R E D A CCI 0 N. ADMINISTRACI ON Y T AL LE RE S 61 S E R RAN 0 E SIN DEJAR HUELLA Malas digestiones, inapetencia, trastornos digestivos, dolores de cabeza, vértigos, etc. originados por estreñimiento, desaparecen j al regularizar la función intestinal con una o dos tabletas comprimidas de Gb- eAccurv a, ALOICO de acción efectiva, sin molestias. Consulte a su médico. ligro para el vuelo- espacial y, opuestamente a lo q u e se temía, hay que proporcionarle al cosmonauta horas de auténtico recogimiento, horas de sueño y de reposo. El llamado plasma interplanetario que es un ambiente en el que tan sólo existen cinco moléculas por centímetro cúbico de hidrógeno, de oxígeno, de sodio y de nitrógeno, frente a la concentración que hay en nuestra atmósfera, la que se encuentran las moléculas por cuatrillones y quintillones por centímetro cúbico, lo ha cruzado la astronave sin sufrir el efecto de las radiaciones cósmicas, al menos con daño aparente, pues hay todavía que esperar el llamado daño genético con la presentación de un carácter hereditario, insólito e insospechado, producido por las mutaciones probables. La densidad de las turbulencias de electrones y protones del ambiente espacial se encuentra en zonas en las que todavía el hombre no ha penetrado, pero es de suponer que lo resolverá cuando necesite atravesarlo, como la denominada capa de Van Alien, sin peligro real. Algún antropólogo y físico ha llegado a preguntarse que el hombre es una criatura del Cosmos y no exclusivamente de la Tierra. El estudio del fémur, que es el hueso que nos mantiene eji la verticalidad antigravitatoria, ofrece incitantes sugerencias a este respecto. Está formado por laminillas que s e orientan formando un arco con el vértice del pubis y con los lados en forma de líneas curvas a través de los muslos, delimitando una concavidad hacia dentro como un arco ojival. Esta orientación de las laminillas del fémur lógicamente tendrían que estar formando una masa vertical y no una curva en cada lado procedente de las piernas, que se cierran en la parte inferior d e l vientre. Parece como si se hubiesen incurvado las laminillas para defender al hombre contra la gravedad y que primitivamente, en el plan ideal o teórico de la organización del cuerpo, tendrían un desarrollo vertical. Hahnilton B. Wett ha estudiado embriológicamente este problema, y aunque, a nuestro juicio, con carácter especulativo formula importantes conclusiones sobre la relatividad del hombre como ser exclusivamente de la Tierra. La masa cósmica de la Luna en la que vamos a posarnos en el mes próximo se nos ha revelado como indiferente a la vida y a nuestra vida. El hombre no es un ser de la Luna, pero la Luna es una meta provisoria para ir a algún sitio del Cosmos en el que el hombre pueda sentirse de él como de la Tierra. Si el hombre es una criatura del Cosmos es natural que vaya a él y que cruce el espacio sorteando todos los riesgos, aunque lo atraviese como las aves cruzan por el aire, sin dejar huella. Arturo FERNANDEZ- CRUZ