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MIRADOR ESCRITORES AL HABLA FRANCISCO GARCÍA PAVÓN F RANCISCO García Pavón vive unos números más abajo de la casa donde nació Enrique Jardiel Poncela. Un portal largo y difuso. Encuadrada por si hueco de la escalera, con un fondo de luz amarilla, de pocos voltios, está una vieja portera. Les rellanos de la escalera son verdaderos descansillos: en cada uno de ellos hay un banco de madera. Gimen levemente los anchurosos peldaños. -He estado veintitantos años sin publicar novela larga, y la primera, que fue finalista del Nadal en el 45, que se llamaba Cerca de Oviedo fue mi primera novela larga; después me he dedicado, especialmente, a libros de narraciones, Cuentos de mamá Cuentos republicanos Los liberales La guerra de los mil años -y libros de ensayo- El teatro social en España además de novelas cortas- Los carros vacíos El carnaval El charco de sangre No he vuelto a publicar novela larga hasta ahora, con El reinado de Witiza que volvió a ser finalista en el Nadal y recientemente ha obtenido el premio de la Crítica. No había pensado nunca en el premio de la Crítica, dado que es un premio en que uno no se presenta, y yo he tenido siempre tan mala suerte con los premios... Siempre he sido finalista. Ya estaba, por tanto, resignado a esta especie de sino que me había cutido encima y dispuesto a morirme de finalista. Luego, de pronto, ha venido esto que me ha agradado, sobre todo porque en este premio no cabe la maniobra. Pero me ha quitado mi personalidad de finalista. Al quedar finalista del Nadal y ver la buena acogida de la novela, me animé y he escrito otra manteniendo los mismos tipos y ambientes y que saldrá en breve con el título de: El rapto de las sabinas Y actualmente escribo otra en la que he trasladado el tipo de policía a Madrid: Fünio en Madrid Escritor tomellosero que escribe desde hace treinta años en Madrid. -De Madrid no se me ha pegado nada durante los casi treinta amos que llevo viviendo aquí. Mis, vivencias más activas son las que adquirí en Tomelloso: tipos, maneras de hablar... que recaliento con frecuencia porque voy allá. Todo esto cuando va saliendo y lo escribo me produce una especie de risa, como si yo me lo estuviese contando. Este humor es un poco rural y en el que abunda mucho la palabrota, de ahí que la use mucho en mi libro. Pero no la utilizo por sentido novedoso, sino porque encaja mucho con el contrapunto y la manera de hablar de ailí. Cuando escribo de otros ambientes no usó eso, pero es que en el ritmo del lenguaje y la forma de apuntalar la frase es así. No es que pretenda hacer una copia exacta del lenguaje de allí, sino a través de mis impresiones, que naturalmente son bastantes fieles, pues de allí es mi familia y de allí soy yo y en Tomelloso he vivido durante veinte años. Demuestra un obstinado deseo de conservar y recrear constantemente las vivencias familiares y lugareñas. Hay colgradas fotografías, con marcos ovalados unas, rectangulares otras, y todas con palidez de tiempo pretérito, de su abuelo- y era algo incrédulo del primer coche de la familia, un Ford modelo T- un tingladillo metálico, altirucho y vacilante de la fábrica familiar- El sol llenaba todo el patio. Desde el taller llegaba el ruido de las máquinas un dibujo de la Posada de los Portales, escenario de las pesquisas de Plinio y el veterinario... Pavón nos muestra en la conversación un gusto especial por la voluntaria imprecisión, una intencionada desgana por la concreción; disfruta empleando los sustitutos léxicos más vagos. Y esta manera de ser la trasporta, inconscientemente, a su literatura, consiguiendo una afortunada coincidencia con su humor radical. Así, al leer sus obras, sin habernos dado cuenta, nos encontramos sonriendo gozosos. El humor que Pavón tiene como materia prigrafía, que está junto a otras de Otffcega y Pérez de Áyála, de un banquete ofrecido a Unamuno, en la que aparecen Valle Inclán, Albornoz, García Morente y Américo Castro. -En España somos muy apasionados y extremistas. Cuando nos ponemos a ser nacionalistas, somos más nacionalistas que nadie, y cuando abrimos la boca ante los fenómenos exteriores, no hay quien nos gane. Son unos países, los sudamericanos, que comiensan a cuajar y tener una gran conciencia de si, que están en el momento de su épica. Los temas que comienzan a retratar hoy los novelistas sudamericanos, aparte- de su talento que no niego, son seductores por el ambiente nuevo y el mundo que reflejan. Por primera vez tos escritores sudamericanos, que siempre vivieron del refrito, como dice Cortazar en Rayuela con mucha razón, comienzan a tener una conciencia de su país y de su vivir. Naturalmente, hay el antecedente importante de Rómulo Gallegos, de Miguel Ángel Asturias, Larpentier... estos son los escalones fundamentales. Y ahora los escritores actuales están volviendo los ojos as sus realidades telúricas, sociales, a sus complicaciones, y esto es un mundo nuevo que, naturalmente, nos seduce. Están ocurriendo cosas muy curiosas. He leído hace poco que un señor decía que desde Galdós a nuestros días no se había producido una novela como Reyuela o Cien años de soledad no me acuerdo cuál de las dos. La literatura sudamericana está en él momento de su épica, nosotros hace muchos siglos que la hemos vivido. Pero el fenómeno hay que comprenderlo porque en España siempre somos así. A propósito, Juan Antonio de Zunzunegui me ha contado una anécdota de Unamuno muy significativa. Zunzuneguj venía de Deusto, a terminar sus estudios en Salamanca, con una carta de presentación a Unamuno de don Enrique de Areilza. Encontró a don Miguel en la plaza Mayor, noria de sus reflexiones, de sus soliloquios, de sus desplantes. Hojeaba ceñoso una revista literaria dedicada casi por entero a ensalzar a un señor. Tales eran las alabanzas que se resbalaba de las manos. La repasó en silencio, y cuando hubo terminado exclamó: ¿Contra quién irán? ¿Contra quién irán? ¡Cierto! Así se da el caso sorprendente que he sabido por indiscreción de algún periódico que ha publicado el fallo secreto del Jurado de que Cien años de soledad -una novela que me ha impresionado muchísimo- -era la novela que una parte del Jurado estaba empeñada en darle el premio de la Critica. No pudo ser por no estar impresa en España y no sé que otras cosas más. Bien, estoy se- guro, absolutamente seguro, que si Cortázar llega a ser español- y se presenta en Colombia a un concurso con su novela, no tiene ni un voto. Porque yo, jue soy editor, sé aue en Hispanoamérica los libros dé autores españoles de creación no tienen absolutamente ningún ¿recibo. Pecan con él extremo contrario: nos quieren ignorar totalmente y nosotros los estamos ensalzando de una manera excesiva. Insisto que tanto Rayuela como Cien años de soledad me parecen unas novelas extraordinarias. Pero cada cosa en su sitio. Antonio R. DE LAS HERAS Francisco García Pavón ma, el humor manchego, tal vez sea un poco basto, pero que el escalpelo de la prosa pavoniana consigue transformar en jubilosos divertimientos. Fo resulto humorista sin quererlo nunca, siempre creí que escribía muy serio, pero ya cuando empezaba a escribir y leía mis cuentos a grupos de amigos se reían mucho. Entonces me he ido convenciendo de que soy un humorista malgré moi Dicen que tengo un estilo muy personal; si lo tengo, es que lo llevo dentro, porque no me esfuerzo absolutamente nada. Escribo de la manera que me es natural y corrijo relativamente muy poco. Mi técnica de hacer novelas y de expresarme es la que sale de mi manera de ser... -Y la que necesita él tema. Hay escritoras que sacrifican el tema por la técnica. -Naturalmente, pues si esta manera de escribir la utilizase en un caso policíaco desarrollado en Nueva York, resultaría algo ridículo e incomprensible. Pero en mi novela todo está encajado. Y tanto es así, que cuando he traído a Plinio a Madrid, en esta novela que estoy acabando, no lo pongo en el Madrid elegante, sino en el Madrid de Delicias, el pueblerino, al que llegan los coches de los pueblos de nuestra provincia. (Estoy fijándome en una curiosa foto-