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SALUD Y BELLEZA LA DIFTERIA Por el doctor M. de AGUILAR MERLO Ih la Asociación II ArtiKlns (h Kticr MétUcox X A lucha profiláctica contra la difteria se debe hacer en primavera, cuando ha pasado el otoño e invierno, meses en que es más frecuente la enfermedad, y cuando todavía no han llegado los intensos calores del verano, que dificultan las vacunaciones. La difteria (palabra que significa membranal es una infección que de siempre se ha dado en nuestra patria, y en general en todos los países mediterráneos. Ya nuestros médicos del Siglo de Oro fueron unos de los que mejor conocían el proceso y lo llamaban garrotillo por la semejanza- -en los síntomas de ahogo- -con la pena capital del garrote. Esa difteria de la laringe- -que con la formación de membranas dificulta la respiración- -íes era conocida. Además de la importancia en la Salud la divulgación sobre difteria- -quién lo diría- -recuerda el apartado de la Belleza Una difteria maligna- -u otra no tratada a tiempo- -puede dejar s e c u e l a s como parálisis del velo del paladar y voz gangosa desagradable. O parálisis posdiftéHcas de los nervios de los párpados, etc. Pero también recuerda la importancia que tienen los factores de difusión, descubiertos por el español Duran Reynals (1899- 1958) catedrático en Norteamérica, que estuvo a punto de conseguir el premio Nobel. Los factores de difusión son muy usados hoy en día, por la fluidificación de los tejidos mucoto en obesidad, celulitis, etc. toxina- -diez millones de dosis mortales para ese cobaya. O dicho de otra manera, tan sólo un gramo de toxina podría matar a diez millones de cobayas. Es uno de los venenos más activos que se conocen, y más que por la infección, lo que mata es el veneno. Este tiene mucha afinidad por los tejidos, y todos ellos son afectados por la toxina, pero en especial corazón y sistema nervioso. Por eso el convaleciente LA LUCHA CONTRA LA DIFTERIA H AY que vacunar a todo niño desde los tres meses de edad, cuando ya casi ha perdido las defensas transmitidas por la- madre. La única manera de evitar la difteria es vacunando y revacunando a toda la población, ya que es una enfermedad muy extendida. Una cuestión muy curiosa es que existen en- EL HUMOR DE GORDILLO -donde siempre hay casos aislados de difteria- -pueden suponer el diez por ciento de la población. Y entre las personas que rodean o un enfermo de difteria llegan a sumar, los portadores sanos, un cuarenta por ciento. Por eso la difteria es una infección de declaración obligatoria y de aislamiento obligatorio. Lo que pasa es que la familia se resiste, porque conoce que hoy en día se puede curar bastante bien con las antitoxinas concentradas y purificadas- -y I o s antibióticos- -y, además, existe el problema de que el enfermo sigue eliminando bacilos durante meses después de la curación y el aislamiento se hace casi imposible. Aparte que los bacilos fuera del organismo pueden sobrevivir mucho tiempo, y en un pañuelo desecado permanecer vivos durante semanas y semanas. Esto obliga a una desinfección completa de todos los objetos que toque un enfermo y a vacunar a todas las personas que le rodeen que hayan perdido las defensas. LAS DEFENSAS SE PIERDEN CON EL TIEMPO P EN QUE CONSISTE LA ENFERMEDAD infección producida por el bacilo A t XQUE es una comporta diftérico, se casi como una intoxicación, facilitada por los difusores de Duran Reynals. Y esto porque el bacilo en la garganta, o en la nariz, o laringe, etc. permanece localizado, produciendo unas membranas (por deterioro e hinchazón de la región) pero el efecto grave niele ser a distancia, al penetrar en la sangre los tóxicos- que elimina el bacilo. Esta toxina es tan poderosa, que para hacernos idea diremos que mata a un cobaya cíe un cuarto kilogramo de peso con una cantidad de toxina infinitamente pequeña. Un gramo diüi dido por una unidad seguida de siete ceros. Luego habría Í 71 minúsculo gramo de 54 -Mira: un ovni de la enfermedad debe esperar un mes o levantarse de la cama después de la curación, porque el corazón ha quedado muy débil. Y por eso debe ser siempre el mismo médico el que lleve todo el curso de la enfermedad. Desde que se inicia la angina diftérica hasta dar permiso para levantarse, siendo un único facultativo puede ver mejor cómo evoluciona y si sufre complicaciones. ferinos muy leves, sin síntomas. Y. además, otros que se curaron y siguen con los gérmenes patógenos, expulsándolos al hablar, con las invisibles gotas de saliva que salen por la boca. A todos ellos se les llaman portadores de gérmenes. Portadores que van infectando impunemente, pues ni las personas de alrededor, ni ellos mismos, conocen la situación. Estos portadores de gérmenes no son tan infrecuentes y en ciudades grandes ARA luchar ronira las toxina ar preparó una debilitada jwr procedimicntrts qufviivos. es decir, una lor- na sin toxicidad (anatoxi nn ron la que se vacunaba y e contraía la enfermedad. fav e ¡recuente que a los cinco años se pierdan estas defensas. Por eso son necesarias las revacunaciones. Pero por muy benigna que sea una vacunación no se puede abusar, pues toda vacunación rebaja las defensas para las demás infecciones durante cierto plazo de tiempo. Sólo hay que revacunar al que lo necesite y esto se descubre si al inyectar en el brazo una mínima cantidad de toxina da reacción positiva. Los que son negativos a la reacción no enferman, porque poseen antitoxina que evita dicha reacción. Pero los portadores de bacilos dan reacciones falsas negativas, pues tienen su antitoxina luchando, y no pueden enfermar, porque ya están enfermos. Entonces se les descubre inyectando la toxina sin toxicidad (anatoxina) y dan una reacción alérgica positiva. Sabiendo todas las cuestiones anteriores es fácil cooperar con el médico en la desaparición de esta enfermedad que- ¡o mismo ayer ave lioy- -es un tremendo garrotillo que pesa sobre la cabeza de nuestra sociedad.