Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
La Plaza de España en Santa Isabel de Fernando Poo ofrecía este aspecto durante los actos de proclamación de la Independencia de G u i n e a Ecuatorial. La primera dificultad apareció en enecuando el presidente Macías, ennome de la soberanía nacional, corté el lente aéreo de ayuda a Biafra entre mta Isabel de Fernando Poo y los ibos imbreados. Hubo que discutir el ingrato- oblema en Nueva York, con U Thant, en Washington, con el nuevo secretade Estado. Lo humano es continuar e decía Ibongo, pero, sabe usted, hay oblemas de soberanía... No creía en ida de lo que me estaba diciendo, pero pendía de otras autoridades a las cuala cuestión importaba un bledo. EMASIADO NOCENTE, DEMA SIADO JOVEN, DEMASIADO CIVILIZADO Luego se marchó de Nueva York. Fue Madrid y a fines de febrero, según tenentendido, regresó a su país, en busca un acuerdo civilizado entre la demaigia anti- española de su presidente Mais y las obligaciones contraídas en los uerdos independentistas con el Goerno de Madrid y con las Naciones Unis. Nuestras relaciones con España seamistosas había dicho Ibongo aquetarde de noviembre en la O. N. U. y nocía el valor de las palabras, como pias de dos pueblos que han sabido restarse... En Bata no hubo tal respeto. Las bandeespañolas fueron arrancadas y pisoidas. Los azules de Macías se! anon armados a las calles, y allá fue ngo, con su amigo Atanasio Ndongo a poner paz. Era demasiado inocente, asiado joven, dem a s i a d o civilizado a ello. Trató, según mus informes, de trar en el palacio presidencial, junto i su amigo Atanasio, fue detenido por valientes del presidente, llevado a una rcei. La fecha era en los primeros días de irzo. La versión del palacio presidenes que Saturnino Ibongo se suicidó, enenándose. La versión de varios cosponsales solventes es que en su celda le desnudó y se le apaleó hasta la muerpor linchamiento. Tal vez no llegue inca a saberse la verdad. Desconozco las circunstancias de aqueoscura tragedia ensangrentada de la cel de Bata. Un día se aclararán. Lo está claro para siempre es que ese mbre de treinta años, Saturnino Iboncivilizado, internacionalizado, educaen España y en Estados Unidos, con alta idea de las posibilidades de su ueño país en el continente africano n el cuadro mundial, merecía mucho que ese breve episodio de cinco mcde incertidumbre, angustia y muerte manos de unos hermanos que no sa, santo Dios, lo que han hecho con uno ios mejores entre los suyos. ¡n mi casa de Washington, a la vera fuego de los fríos inviernos, habrá mpre la sombra querida de Saturnino ongo, aquel negro de Bata, bien vestiágil de movimientos, con su sonrisa poco triste, que nos contaba sus suey que pereció, tan joven, en manos de hermanos. José María MASSIP